Abelardo Ahumada

Vislumbres por Abelardo Ahumada.

En la tarde del día 12 de este último mes del año, los medios más apresurados de Colima comenzaron a difundir la noticia de que durante la mañana de esa misma fecha se realizó una ceremonia oficial para develar un nuevo y gigantesco monumento en honor al ex presidente de la república, Miguel de la Madrid Hurtado, “único colimense que ha alcanzado tan alta magistratura”.

A esa ceremonia asistieron el gobernador Peralta Sánchez; su primo Enrique de la Madrid Cordero (secretario de Turismo e hijo del ex presidente); Gerardo Ruiz Esparza (secretario de Comunicaciones y Transportes y ex jefe de Nacho) y un gran cúmulo de funcionarios estatales y federales más.

Pero que no habían pasado ni dos horas del evento cuando en las redes sociales comenzaron a circular unos memes haciendo burla de la estatua por desproporcionada y cabezona, y por no parecerse ¡nadita!, a don MMH, que “no era feo”, según el decir de unas señoras.

Durante la ceremonia no hubo, sin embargo, nadie que, habiendo visto la estatua se atreviera a comentar sobre su desproporción y mal hechura, y sí, en cambio, todos los ahí presentes se dedicaron a aplaudir “la obra de arte” y los empalagosos y falaces discursos que, obnubilados por su parentesco y cariño, pronunciaron hijo y sobrino, agregando al ex presidente muerto méritos que no tuvo y logros que no alcanzó.

Al meditar un poquito en esto, es fácil deducir que la idea de erigir y develar la estatua que comentamos fue un plan que se había fraguado desde muchos meses atrás, primero porque no se lleva unas horas construir un monumento como ése aunque salga feo; segundo, porque se escogió para develarlo justo el día 12 de diciembre, fecha en que, de vivir, MMH habría cumplido 83 años y, tercero, porque a los secretarios de Estado no se les convoca de un día para otro, así sea uno de ellos el hijo del homenajeado, y así sea el otro, el ex jefe del gobernador.

Hasta ahí la gente toleró el desplante. Pero no las mentiras que se profirieron al discursar, como cuando el ciudadano Peralta, se atrevió a decir que su tío es para él “un ejemplo” como gobernante; que su mandato constituyó una “notable pedagogía institucional”, y que tanto a él (a Nacho) como a otros gobernantes priístas  les “sigue brindando alicientes” para enfrentar “escenarios críticos similares”. O como cuando el vástago de De la Madrid, se animó a declarar a su vez que durante el mandato de su padre “se sentaron las bases de un crecimiento sostenido de largo alcance”. Porque según eso su progenitor, “aprovechó la crisis para introducir gradualmente cambios estructurales” y para “construir fortalezas para que México enfrentara mejores condiciones”. Olvidándose estos dos muchachos que, si bien don Miguel recibió, como dicen, la banda presidencial estando México sumido en una crisis económica, lo dejó peor cuando se la entregó a Charlie Salinas.

Sacar al buey de la barranca.-

Y aunque sé que estos dos inteligentes muchachos nunca habrán de leer estos renglones, me gustaría recordarles (si es que se diera la chiripa de que los leyeran) que a principios del sexenio de MMH, cuando ellos eran unos niños, se puso de moda una canción que hablaba de que una tarde cualquiera, cierto ejidatario se percató de que el buey más grande de su yunta no volvió al corral y, que, preocupado, salió a buscarlo. Encontrándolo vivo, pero hundido en una barranca de la que por sí sólo no podría el buey salir, y de la que tampoco su dueño podría sacarlo sin ayuda. Así que el hombre fue a buscar a sus amigos y, ya montados y con sogas, se fueron optimistas a buscar al buey, mientras cantaban: “Sacaremos a ese buey de la barranca, de la barranca sacaremos a ese buey”.

Y decirles también que cuentan las leyendas de aquel tiempo, perdón, quise decir las noticias, que don Miguel de la Madrid Hurtado, viendo asimismo desbarrancado al país en el desgarriate económico, en uno de sus numerosos discursos (posteriores a los que nos había recomendado “apretarnos el cinturón” para no sentir tanta hambre), pretendiendo igualmente ser muy optimista, anunció, entre bullanguero y solemne: “Sacaremos a ese buey de la barranca”… Pero cuentan la historia y los que padecieron esa época, que en vez de sacar al buey lo hundió más, al grado de que cuando finalmente concluyó su sexenio, el dólar se cotizaba a ¡tres mil doscientos pesos por uno!

El complejo de los faraones. –

Estando en pleno siglo XXI, y justamente también en otra crisis, uno podría llegar a creer que el complejo de los faraones no tendría por qué aquejar a nuestros gobernantes, pero resulta que nos equivocamos de extremo a extremo, porque de cuando en cuando aparecen algunos que quieren perpetuar su memoria mandando hacer monumentos y colocándolos por todas partes, como sucedió con el chaparrito aquel que, hiperactivo y voluntarioso, contrató al escultor Sebastián para que llenara de arte, con sus gigantescas estructuras de acero (“mientras más grandes, mejor”), el antiguo Playón de Manzanillo, la entrada norte de Colima y la entrada principal de Tecomán. O como sucedió también cuando en el sexenio pasado que se tuvieron que mover otro montón de estatuas que nadie veía y apreciaba a un predio situado junto al Paseo de las Parotas, de Comala, donde tampoco casi nadie las ve, pero sirven siquiera para que descansen los pájaros y hagan ejercicio las ardillas.

Y ya de vuelta a este diciembre, resulta que JIPS padece del dicho complejo de los faraones, que consiste en la idea de gastar el sudor y el dinero de los demás en la edificación de obras suntuosas y fastuosas estructuras para perennizar su memoria, como la mencionada escultura de bronce cuyo costó fue de 5 millones 800 mil pesos. Sin tomar en cuenta aún los 2 millones y medio que se gastaron para construir y pavimentar la plazoleta en donde aquélla se exhibe. Un dinero, como dije, que a ellos no les costó, y que salió de nuestro esfuerzo y nuestro sudor.

El colmo.-

Pero está tan fea y desproporcionada la estatua que hasta los de El Equipo del periódico familiar, que tanto le aplauden a JIPS, se aventaron la puntada de indicarle a Nacho que no sólo tendría que ser retirada de su pedestal, sino que su bronce tendría que ser derretido de nuevo para que la vuelvan a hacer, con más parecido al verdadero porte de MMH. Siendo esto, como quien dice, el colmo de este ya aberrante asunto.

“Hazme el cabrón favor”. –

Con esta frase folclórica se refirió Horacio Mancilla, alcalde de Minatitlán, a la ausencia total e inexplicable del señor secretario de Salud del gobierno estatal en el municipio minero.

Estaba Horacio en su Segundo Informe de gobierno agradeciendo los apoyos que a cuenta gotas (o queriendo y no) le ha brindado la administración nachista, pero le dijo enseguida a todo el público, y al representante del gober, que no todo estaba tan bien en dicha administración estatal porque a él le consta que hay en ella varios “secretarios güevones”. Como “el secretario de Salud que, ¡hazme el cabrón favor!, ya tiene más de un año en el cargo ¡y no ha venido una sola vez a Minatitlán. No lo conoce, ni al municipio ni a su gente”.

Festival del sabor. –

No cabe ninguna duda que cada uno de nosotros es producto de la sociedad en que se desenvuelve y que, por lo mismo, a veces es reacio para ir a otros lugares, escuchar otra música, probar otras bebidas, degustar otros manjares. Como lo acabamos de comprobar una vez más ahora que el Ayuntamiento de Colima volvió a realizar el Sabora Fest, en el jardín Libertad y sus calles adyacentes.

Y digo que no me cabe ninguna duda porque, acostumbrados a cenar sopitos, pozole, tostadas, enchiladas y cosas por el estilo, se nos hace un tanto difícil ir a probar esos otros sabores que nuevos restaurantes están poniendo al alcance de nuestros paladares; así como muchas otras bebidas, entre ellas los vinos, a los que el grueso de los colimotes no estamos ni mínimamente acostumbrados. Detalle, sin embargo, que no pareció inhibir a un buen número de paisanos que desde finales el día 14 (y hasta la noche del 19) se dieron tiempo para disfrutar del bonito ambiente que prevaleció en dicho festival. Del que lo único que no me gusta es el nombre, porque si ya el otro se titula Festival Internacional del Volcán, éste otro se podría llamarse, sencillamente, Festival  Colimense del Sabor, en español.

Por lo demás, y no sin pena por reconocer que “me falta mundo”, debo admitir que estos dos festivales no sólo han servido para promocionar Colima, sino para abrirnos a los colimenses los ojos a otras oportunidades culturales y culinarias. Algo que al menos tendría yo que agradecer.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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