“A río revuelto, ganancia de pescadores”

Desde su mismo origen como nación en 1821, luego de la conclusión de la guerra que la vio nacer cuando en el papel se independizó de España, la nuestra, la mexicana, siempre ha sido víctima de la intromisión de poderes fácticos enderezados desde el interior y en otras en complicidad con fuerzas de fuera y a veces contra el gobierno legítimamente constituido pero invariablemente ha sido contra el pueblo, que al final, víctima de su silencio cómplice, ignorancia ancestral o fanatismo religioso es quien acaba pagando los platos rotos.

Lo vimos contra Iturbide cuando al año de haberlo coronado como primer emperador de México, le dieron la espalda no solo dejándolo a su suerte, sino fusilándolo sin juicio previo como “traidor a la patria” en 1824 y de ahí para acá México se ha debatido entre levantamientos y asonadas, intervenciones, invasiones y golpes de estado, baste recordar a los norteamericanos en 1846-48 cuando invadieron México y de paso le robaron territorio y luego la guerra de reforma, aquella entre liberales y conservadores, que también pagaron los gringos; después a los ingleses, españoles y franceses que en 1862-67acosaron a la naciente republica hasta que los últimos establecieron aquí el segundo Imperio a la cabeza de Maximiliano; luego más guerrillas y el golpe de estado con el que se estableció el Porfiriato por más de tres décadas y en las que en connivencia con los poderes fácticos de entonces como el clero y los capitales extranjeros Díaz pudo perpetuarse hasta su vejez.

Todo bien hasta que la ambición movió a otros grupos para dar inicio con la llamada revolución mexicana que de eso solo tuvo a los muertos durante casi dos décadas, de 1910 a 1930, en que las traiciones, el hurto del tesoro nacional y las violaciones metieron en caos y sometieron a la nación mexicana, en cuyo inter los norteamericanos, verdaderos perpetradores del levantamiento faccioso padecido en el siglo pasado, sin dejar de apoyar a los diferentes bandos y cabecillas volvieron a invadir el país, otra vez con el beneplácito de los grupos monárquicos, conservadores, reaccionarios y proclericales que tuvieron su más agria presencia con la cristiada, guerra fratricida que de 1927 a 1929 auspiciada desde los pulpitos fue levantada contra la constitución y en la que el bajío quedó azolado y dividido  igual que el centro y hasta el occidente de nuestro sangrado México.

Con estos antecedentes que claramente evidencian cómo los grupos fácticos de poder juegan su propio juego y de paso exponen y vulneran al resto de quienes creemos que permaneciendo al margen estamos salvados, resultaría ingenuo suponer que todo se mueve solo, por sí, que de manera espontánea y sin cabezas visibles ni liderazgos se concretan estrategias y llevan acciones que como se ve, buscan desestabilizar más que a un gobierno a una sociedad que solo atina a ver cómo cada quien lleva, discute, pelea y violenta por lo que asumen su razón en un diálogo de sordos y de mudos en el que nadie tiene una razón fundada o que busque el beneficio general.

Ninguna lucha social en México ha sido enderezada por el pueblo, por la gente, por la masa, por la sociedad como nos lo han hecho creer, cuando mucho ha sido carne de cañón pero nunca por sí. Los alzamientos contra el estado y la sociedad mexicana siempre han tenido padrinos, hoy no tendríamos porqué aceptar que son solo los maestros de la CNTE los que se mueven por sí, o que fueron los estudiantes rechazados (por cierto de pronto desaparecidos), o los otros de Guerrero que tomaron carreteras y camiones, los que se organizaron, autofinanciaron y realizaron sus marchas y plantones sin que hubiera atrás alguien. No es casual que los manifestantes provengan de zonas con más altos índices de analfabetismo y las más marginadas del país, es decir: de regiones cuya población es más manipulable, más vulnerable.

¿Quién mueve la cuna ahora? ¿Los mismos de antes o los de antes y los nuevos de ahora? ¿El clero, los narcos, los sindicatos corruptos, los caciques regionales, las televisoras del duopolio, los banqueros, los monopólicos empresarios vividores del sistema, los imperialistas dueños de las trasnacionales, los mafiosos de la política insertos en las estructuras gubernamentales o en verdad seremos otra vez nosotros, los apáticos que lo hemos permitido? ¿Quiénes? ¿Quién?

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