La fortuna política, y económica, le había sonreído a Nabor Ochoa López desde el año 2003 cuando ganó por primera vez la presidencia municipal de Manzanillo, para brincar en 2006 a la Cámara de Diputados y repetir  en 2009 como alcalde. Fueron 9 años de victorias y bonanza de quien fue calificado por sus porristas de cierto sector de la prensa local como el campeador invicto de contiendas electorales, dueño único y absoluto de la voluntad política de los porteños, de la plaza costera donde partía y recompartía quedándose siempre con la tajada del León. Todo era color de rosa para el hijo de Doña Nico hasta que Dios permitió que se ensoberbeciera y extraviara el camino en las elecciones de 2012 cuando condujo al PRI que en él confió, a la derrota casi total el domingo 1de julio de ese año que lo obligó a esconderse como la muñeca fea y a fingirse enfermo, deprimido, casi a punto del retiro, tanto que hasta le decretó cristiana sepultura a su Manzanillo 2000 a cuyos miembros declaró manumisos.

Con las primeras dietas como diputado federal, la acogida que le dieron sus nuevos aliados verde ecologistas y el perdón y olvido que graciosamente le obsequió su aventajado ex alumno Virgilio Mendosa Amezcua, y sobre todo con el respaldo de Mario Anguiano Moreno, gobernador el estado, el guerrerense no sólo recuperó el sosiego, la calma  y la confianza que había perdido, sino que, con renovados bríos, se lanzó como gato al bofe tras las delegaciones federales para colocar en ellos a sus principales aliados que gracias a sus exitosas gestiones volvieron a comer con manteca.

Engallado con sus logros como gestor de chambas federales, estatales y municipales para su gente, entre ellas la joya de la corona que en el Pacífico Mexicano es la Administración Portuaria Integral de Manzanillo donde colocó a su aliado político de ocasión Jesús “el doctor” Orozco Alfaro y a su socio Alejandro Meillón Sánchez, más a docenas de sus ex funcionarios en el H. Ayuntamiento de Manzanillo, so pretexto de su primer informe de labores legislativas rendido en mancuerna con su compañero de Cámara el otro priista Francisco Zepeda González, Nabor lanzó hacia la ciudad y el mundo, valiéndole madres las formas, los modos y los tiempos políticos, su gran alianza concertada con Pico y apadrinada por Chucho, para apoderarse en 2015 de la presidencia municipal de Manzanillo y de la gubernatura del estado de Colima.

Cuando a  naboristas y a piquistas parecía que no había cerro que se les empinara ni cuaco que se les atorara, se cumplió la profecía aquí hecha hace cuatro meses en el sentido de que después de la intervención militar en el puerto de Lázaro Cárdenas seguía el de Manzanillo. Por decisión presidencial perdieron la Dirección General de la APIMAN aunque todavía haya muchos de ellos enquistados en la nómina de esta empresa. La caída de su aliado Jesús Orozco Alfaro los deja sin la protección y el abrigo presupuestal de venían disfrutando de cara al 2015. Para remontar necesitarán otras fuentes de financiamiento, incluidas sus dietas y guardaditos.

Si de por sí la alianza Nabor – Pico no había prendido, sin la APIMAN su futuro es negro. El próximo episodio será el divorcio entre ambos personajes de la picaresca política porteña, y la dispersión de sus respectivas clientelas. Si no, al tiempo.

EL ACABO

Que el gobierno de Mario Anguiano Moreno no parará hasta alcanzar la normalización en materia de seguridad, aunque el problema de la delincuencia, del crimen, “no se resuelve de una vez y para siempre, pues realizas una estrategia, se detienen a algunos delincuentes que ocasionan daños y surgen otros adicionales”. O lo que es lo mismo, es cuento de nunca acabar.

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