Vislumbres

Hace muchísimos años, Jorge Negrete puso de moda una filosófica canción que decía: “Por tu culpa, mujer, por tu culpa/ este amor que te ofrezco divaga/, lo rompites por ser disoluta/ y por eso la pena me embriaga/. Prometites que nada ni nadie/ este amor de los dos rompería/ fuiste puerta sin chapa ni llave/ a pesar que me diste la vida./ Amor con amor se paga,/ y algún día te cobraré/ si hoy tu traición me amarga/ como hombre me aguantaré./ Pero anda con mucho tiento/ y mira por dónde vas,/ que las heridas que siento/ con otro las pagarás”.

Canción que nos cae muy al pelo ahora que el presidente Enrique Peña Nieto, Videgaray & Company, nos están regalando un aumento más en los combustibles y la electricidad. Tarifas que según ya viejas promesas de aquéllos no iban a subir más. “Como hombre me aguantaré – decía El Charro Cantor-, pero advertía muy bien: “Con otro las pagarás”. Y ya vienen, no tardan, las elecciones del 2018.

“La cosa es calmada”

Se supone que este miércoles 31 de agosto haya estado de visita en Colima el presidente nacional del PRI, con la idea de tomar la protesta de los diez nuevos líderes municipales de su partido.

Este muchacho, nacido en Morelia en 1972, y cuyo nombre completo es Enrique Ochoa Reza, no es un individuo cualquiera, porque entre otros detalles de su extenso currículum dice que ha sido “Profesor de Derecho Constitucional en la UNAM”; que “estudió la licenciatura de Economía en el ITAM, y la derecho en la misma UNAM”. Aparte de que “tiene una Maestría en Filosofía Política y un Doctorado en Ciencia Política, en la Universidad de Columbia, Nueva York”. Pero, lamentablemente, se convirtió en lo que es en un mal momento para el PRI, luego de que, en vista de los desastrosos resultados de las últimas elecciones estatales, tuvo que renunciar a dicha presidencia tricolor el muy tortuoso ex gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones.

Vimos y escuchamos a Ochoa Reza cuando, a través de la televisión, pronunció su primer discurso como presidente del PRI, y desde ese momento, nos preguntamos si este sujeto sabría a ciencia cierta, y no nada más “de la lengua para afuera”, a quién se estaba dirigiendo, porque lo menos que dijo es que los priístas deberían ser autocríticos. Cualidad o característica que, una de dos, o nunca han tenido sus correligionarios, o sólo la ejercían en privado, y no en público.

Ese día pontificó: “En esta compleja hora de México están a prueba nuestras instituciones y está a prueba nuestra capacidad de concebir y proponer soluciones democráticas. Soluciones democráticas para dignificar la política y para conectar de nuevo con los ciudadanos.”

Luego agregó que él y sus compañeros de partido buscarán “construir juntos un país honesto, transparente y justo. Para lograrlo, tenemos que retomar la confianza en nosotros mismos.”

Y más adelante se atrevió a decir que: “El PRI tiene que ser garante de la honestidad de sus gobiernos. Tenemos que ser un partido que señale la corrupción de los gobiernos emanados de nuestras filas, que exija su fiscalización, incluso su destitución. Hay que tener un PRI que denuncie actos de corrupción, pero también que sepa defender la buena reputación de los militantes y de su partido en todos los casos ante la corrupción, lo peor es el silencio y la omisión.”

Yo, la verdad, aunque tengo muy buenos amigos (personas honestas) que militan en el PRI, en cuanto oí todo eso me quedé anonadado, pero igual, o más sorprendidos estaban los miembros de la cúpula tricolor que en dicho momento estaban también oyendo a su nuevo dirigente nacional, porque “¿cuándo en toda la larga trayectoria del PRI se habían pronunciado discursos con semejante temática?” ¿Cómo, pues, cambiar así, tan de repente?

En lo que no me fijé, pero en lo que otros sí notaron de inmediato, fue en el enorme parecido que Enrique Ochoa Reza tiene con un antiguo cómico mexicano que se llamaba Antonio Espino, “Clavillazo”. Y para pronto le respondieron como aquél solía decir: “¡Un momento, Enrique, la cosa es calmada!” Y es que si, en efecto,  si “el PRI tiene que ser garante de la honestidad de sus gobiernos” y debe exigir “su fiscalización, incluso su destitución”. Se quedarían sin un solo municipio bajo su gobierno. ¿O no?

A propósito del Informe Presidencial

El día en que Ochoa Reza pronunció el discurso que comentamos, forjó una joya de la adulación, digna de los más obsequiosos cortesanos del siglo XVII, pues agradecido con Enrique Peña Nieto, por el dedazo dirigido a su favor, dijo: “Con énfasis y profundo convencimiento [afirmo que], el mayor activo del Partido Revolucionario Institucional es su presidente Enrique Peña Nieto.” ¿Qué no estaría enterado Ochoa Reza de la baja popularidad que en estos momentos tiene entre los mexicanos el cónyuge de La Gaviota?

Este primero de septiembre ese otro Enrique cumplirá con la formalidad de entregar por escrito su Cuarto Informe de Gobierno al Congreso de la Unión, y dicen que, cambiando el esquema tradicionalmente utilizado, luego se reunirá con jóvenes “para revisar las diversas acciones que ha emprendido el gobierno para transformar al país y que han implicado reformas que se habían postergado por décadas”.

En este sentido habrá que pensar en qué tipo de jóvenes asistirán a esa reunión, porque si son ajenos al PRI así le va a ir al hombre, aunque, bueno, también los jóvenes de otros partidos saben cuándo ser prudentes, y de algún modo entienden que, si los invitan a un ahorcamiento, no deben incurrir en el error de “mencionar la soga en la casa del ahorcado”.

Una coincidencia.

Uno de los lemas que se han estado manejando en la publicidad oficial con miras al Cuarto Informe presidencial, es que “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”. Un lema en el que desde cualquier otra perspectiva (periodística, por ejemplo) podríamos muy fácilmente coincidir con Enrique Peña Nieto, porque sabemos que en el periodismo mexicano actual casi nunca se publican las buenas noticias, porque son las malas (sobre todo las de la nota roja y las de la farándula) las que más venden. Pero si el Cuarto Informe Presidencial se va a basar en “Historias [que son] ejemplo para México”, en todo caso se habrá de referir a lo mucho que han logrado hacer algunos mexicanos empeñosos y trabajadores por su propia cuenta, y no porque el propio gobierno peñanietista lo haya apoyado en su esfuerzo, y menos porque el mismo gobierno tenga algo de ejemplar. ¿O sí?

No al Instituto de [Planeación de] Zonas Metropolitanas

Dice una nota publicada la semana pasada en un periódico local que, “debido a las diversas observaciones formuladas por el gobernador José Ignacio Peralta Sánchez al decreto número 46 aprobado por la actual Legislatura a fines de año, mediante el cual se creaba la Ley del Instituto de Zonas y Regiones Metropolitanas del Estado de Colima”, los diputados tuvieron que dar  marcha atrás al proyecto y “dejaron sin efecto dicha Ley”.

Resolución que me parece muy mala, porque si los municipios colindantes, como Colima, Villa de Álvarez, Comala, Coquimatlán y Cuauhtémoc no trabajan bajo una planeación conjunta y cada Ayuntamiento hace, en materia de vialidad y de manejo de la basura, por ejemplo, lo que se le antoje, podrá resultar que, como dicen las buenas cocineras, “salga más caro el caldo que las albóndigas”. Todo ello porque si algo se necesita para que algunas obras relevantes salgan bien, es planear, pero no con una mirada chata y localista, sino con una mirada más amplia que la que suelen tener los alcaldes que exclusivamente se concentran en lo que deben, o creen que deben hacer en el ámbito reducido de sus municipios, sin tomar en cuenta a los de la vecindad.

Ignoro cuáles hayan sido, ni qué fundamento (y validez) tengan las “diversas observaciones formuladas por el gobernador”, como para que los diputados se hayan decidido darle sepultura a dicha ley. Pero si fueron tan fuertes y valederas, lo menos que pueden hacer nuestros, por lo visto no tan flamantes legisladores, es ponerse a estudiar una nueva ley, porque a como van creciendo las zonas conurbadas de Colima no se puede carecer de un Instituto de Planificación Metropolitana. A no ser que ellos y el gobernador estén hablando de una cosa muy distinta a la que originalmente se había planteado desde que Mario era gobernador y Nacho presidente municipal de Colima.

Debacle panista.

Qué tristes y bocabajeados quedaron hoy los panistas que apenas hace poquito más de un año habían obtenido los más grandes y sonados triunfos electorales en la entidad.

Por primera ocasión ganaron la mayoría en la Cámara de Diputados local, y por primera vez se veían acotando de tal modo al gobernador, que al menos durante el trienio en curso se habría de hacer en Colima lo que aprobarían ellos y no lo que propusiera el primer mandatario.

Pero su falta de visión y de malicia (o su sobra de soberbia y engreimiento) muy pronto se evidenció, y se empezaron a pelear entre ellos mismos, confrontándose entre al menos dos grandes grupos, para acabar divididos, sin esa mayoría diputadil, y ya sin la fuerza para contrarrestar los dictámenes del que hasta hace unos pocos meses parecía que habría de ser el gobernador más débil de los últimos 80 años. Pero no fue así.

La primera derrota de la ex mayoría blanquiazul la tuvieron desde el mismísimo día en que se les fueron tres diputados para convertirse en “independientes”. Y la segunda es el reculón que acaban de hacer respecto a la Ley del Instituto de Zonas y Regiones Metropolitanas del Estado de Colima, que comentamos en el subtítulo anterior. “Más las que se acumulen”.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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