Comunicado del obispo:

La situación de nuestras comunidades, por la contingencia del Covid-19, se ha visto limitada en todos sus niveles.  Desde el inicio de la pandemia hemos actuado con responsabilidad para favorecer los protocolos que en todo el país se han presentado, y evitar posibles contagios. Por orientaciones de la Secretaría de Salud nos hemos sometido a medidas drásticas como el cierre de nuestros templos y la cancelación de toda acción pastoral, acciones que han afectado varios niveles de nuestra vida eclesial: acompañamiento espiritual, asistencia social y la situación económica.
Retomar con prudencia y mucha responsabilidad nuestras tareas y servicios pastorales es una acción que no se puede posponer.
La insistencia y la necesidad de nuestros fieles demandan de nosotros un acompañamiento en estos momentos de dificultad, y aunque hemos estado atentos desde nuestras posibilidades, la vida eclesial no podría suspenderse.
Vemos oportuno y necesario poder continuar las actividades pastorales con prudencia y con diligencia, así como otras organizaciones gubernamentales lo han estado haciendo. Sabemos que somos parte importante en la sociedad y la Iglesia no puede quedar relegada y señalada como institución no indispensable para el bien de la sociedad.
Por la fe sabemos que es mucho lo que podemos hacer por las comunidades que sufren y experimentan la necesidad.
Estamos seguros que, al sentir la presencia de Dios más cerca de ellos y el acceso a los sacramentos, con los debidos cuidados, ellos y cada uno de nosotros experimentaremos la fuerza de Dios que no abandona a su pueblo en medio de los peligros.
Por tanto, exhorto a los sacerdotes de nuestra Diócesis a que personalmente puedan ir retomando las actividades propias de la vida parroquial con mayor intensidad y cuidado:
– La celebración de la Santa Misa, con una pequeña participación de fieles que puedan guardar la sana distancia (50% de la capacidad conforme los criterios de sana distancia; la brevedad de los ritos), y participen siguiendo los protocolos de sanidad: medidor de temperatura, uso del cubre bocas y gel antibacterial.
– El acompañamiento espiritual y la asistencia en las confesiones.
– El servicio de la catequesis según las posibilidades de cada comunidad, (catequesis en línea).
– La celebración de los sacramentos y demás celebraciones y ejercicios de piedad.
– Servicios de oficina.

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Se prevea con responsabilidad el reinicio de actividades, según las posibilidades de cada comunidad, evitando la aglomeración de personas. Así también, el servicio que muchos fieles comprometidos ofrecen a la Iglesia, pueda dirigirse en estas circunstancias al cuidado, higienización, acompañamiento y organización de las celebraciones, para cuidar el buen desempeño y el cuidado de cada uno.
Porque el interés de la Iglesia es el bien y la salvación de todos, no su abandono y destrucción. Si deseamos retomar nuestros servicios es porque estamos seguros que es para hacer un bien y no un mal.
Las presentes disposiciones irán acompañando el proceso y evolución de la contingencia, y nosotros como pastores, somos responsables de promover la concientización y el cuidado de la salud física y espiritual de nuestros fieles, puesto que cada uno conoce la realidad concreta de cada comunidad y podremos con sabiduría y prudencia aplicar las medidas necesarias.
Esto no significa que estamos atrasados en tomar ciertas decisiones, pues es de reconocer el empeño que hasta ahora muchos de ustedes han puesto, manifestando responsabilidad desde sus comunidades, y manifestando su cercanía a los fieles que esperan una palabra de aliento para continuar. Que pongamos todo el empeño y cuidado para que con la mayor prudencia y responsabilidad podamos ofrecer la ayuda que los fieles con insistencia nos demandan.
El Señor, que no nos abandona en las tribulaciones y que nos asiste en nuestras dificultades, acompañe esta continuación de actividades pastorales. Incentivemos a nuestros fieles a la esperanza, a la responsabilidad y a la confianza en Dios, para que podamos superar juntos esta prueba. No podemos abandonar a los fieles cuando más nos necesitan, al contrario, confiados en la protección y providencia de Dios, insistiremos para que su gracia nos libre finalmente de esta pandemia.
Que la asistencia de nuestra Madre de Guadalupe nos conceda una protección especial en estos momentos, así como también, la de nuestros santos Patronos a quienes invocamos en nuestras necesidades. Confío la decisión personal de cada sacerdote y su sabiduría y prudencia para retomar el servicio a nuestras comunidades, a la fiel y materna intercesión de nuestra Madre.
Les encomiendo en mi oración constante y juntos como Iglesia de Colima, que confía en la fuerza de Dios que nos acompaña y protege, acerquémonos más a nuestros hermanos que sufren y necesitan una puerta abierta, una mano extendida y un corazón sensible.

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