Abelardo Ahumada

VISLUMBRES por Abelardo Ahumada.

Este martes 23 cumplí, gracias a Dios, 64 años en condiciones bastante saludables, pero debo decir que nunca en mi ya larga vida había visto tanto saltamontes de la política brincando al mismo tiempo de un partido a otro, como está ocurriendo en este primer mes de 2018. Un año en el que, por lo que alcanzamos a percibir, lo menos importante serán los ideales y el bien público, y en el que, por el contrario, lo más relevante serán los intereses partidistas e individuales.

El jueves 18 de los corrientes fui, como tantos otros redactores, invitado a presenciar el primer acto político que el precandidato de la coalición “Por México al frente” habría de realizar en Colima. Una coalición que, como bien se sabe, se conformó a nivel nacional con la participación de las dirigencias del PAN, PRD y MC, pero que a nivel estatal permanece metida en un laberinto, del que no se sabe si hallará la salida o no.

Me tocó estar muy cerquita de la tarima desde donde el llamado “Joven Maravilla” habría de emitir sus saludos y pronunciar su discurso, y me dispuse a escuchar y observar todo cuando a mi alrededor ocurriera, notando de inmediato que el evento fue más panista que otra cosa, y que los pocos militantes del MC y del PRD que se dieron cita allí, o pasaron casi totalmente desapercibidos, o fueron apabullados por la presencia masiva de militantes y simpatizantes albiazules. Con lo que se puede suponer que, aun cuando le duela al partido tricolor, la zona urbana de Colima seguirá siendo “una plaza del PAN”.

Desde antes de que el pre-candidato (con porte y cara de muchachito) hiciera acto de presencia en aquel amplio salón de usos múltiples, se notaba (igual que se nota en los actos de AMLO y un poco menos en los del “ciudadano Meade”) que aquél no era un simple y sencillo acto de “pre-campaña” como el INE nos ha querido hacer creer, sino un acto de descarada campaña ya, que nos encarecerá a todos los contribuyentes el gasto electoral de 2018.

Y cuando llegó el jovencito fue de lo más notorio también, que los integrantes de las cúpulas de los tres partidos que lo postulan se apretujaban a su alrededor, con las indubitables y lógicas ganas de ser captados junto con él por todo tipo de cámaras

Más allá de esos pequeños pero sugerentes detalles, debo decir también que aun cuando no fue repudiado por nadie, Locho Morán no se veía demasiado a gusto entre sus antiguos correligionarios, y Marthita Zepeda, la dirigente perredista, parecía encontrarse allí como si le estuvieran apretando los zapatos, en tanto que los líderes albiazules daban (o trataban de dar) la impresión de que todos sus antiguos agravios, recelos y desavenencias habían sido echados al cajón del olvido en aras de un futuro mejor, y con el afán de volver a ver a uno de los suyos sentado en la Silla Presidencial, aunque fue muy notoria la ausencia de Pedro Peralta junior, el famoso jefe de grupo del “otro PAN”, que nominalmente representa la diputada con licencia Julia Jiménez, a la que “los del PAN de a de veras” le han hecho hasta hoy la vida de cuadritos. En fin, nada que no se sepa.

La tarima en donde se encaramó el precandidato vestido de azul y calzado con botines aptos para subir trepadas, era un cuadrado como de cuatro metros por lado, que al parecer fue exigido por él, y para no estar nadie más que él. Único orador de la mencionada tarde.

Luego de saludar a toda la concurrencia en lo general, y de mencionar a algunos de los líderes locales, en lo particular, y “antes de pronunciar” su “discurso tradicional” (así lo dijo, no estoy inventando), Anaya inició su arenga con una especie de revire circunstancial a uno de los famosos “twittees” que Donald Trump había publicado esa mañana, afirmando que cuando él (Anaya) sea presidente, le va a responder al rubio mandatario estadounidense como quien dice de tú a tú, y “en su propio idioma”, para que le quede muy claro que a México lo debe respetar.  Ganándose con ello los primeros aplausos de la jornada.

Pero desde al iniciar su “discurso tradicional” se notó que el güerito iba apoyándose con una especie de presentación computarizada, probablemente hecha en power point, cuyas diapositivas él mismo iba moviendo con un aparatito de control remoto que llevaba semi-escondido en su mano izquierda, con lo que al menos a mí me dio a entender dos cosas: que no se siente muy capaz de improvisar, o que prefiere no hacerlo y mejor repite y repite el mismo discurso “para no jerrarle”, como decían los cazadores de antes.

Hubo muchas estadísticas, tablas comparativas e ilustraciones para apoyar sus “díceres”, pero le faltó frescura al discurso y algo que me pareció muy descortés: que nunca, en ningún momento convocó a sus correligionarios para convencerlos de que él había sido el mejor panista para merecer la candidatura presidencial, y menos se le ocurrió invitar a los perredistas y a los emecistas allí presentes, a sumarse con entusiasmo a la coalición que lo postuló, como si estuviera dando por hecho que ya estaba todo resuelto y que a él no le toca el trabajo de convencer a nadie.

Más allá, también, de esta omisión que señalo, y de que se apoye, como algunos académicos en un aparatito para cambiar sus diapositivas, Anaya no maneja mal su discurso, pero por sus actitudes y su falta de sensibilidad para convocar a la raza a la acción, el joven precandidato me pareció todavía muy verde, y creo que se apresuró demasiado para obtener una candidatura para la que no ha madurado lo suficiente.

“VERDE QUE TE QUIERO VERDE”

Y ya que hablamos de verdes y maduritos, ignoro si nuestro buen amigo, Virgilio Mendoza Amezcua, haya leído alguna vez El Romancero Gitano, del poeta español Federico García Lorca, y no sé si de pura chiripa, o con pleno conocimiento de causa, resulta que esa misma tarde del jueves 18, y casi en el mismo momento en que el precandidato Anaya estaba pronunciando en Colima el discurso que acabo de comentar, en Manzanillo estaba Virgilio (notable ex panista) celebrando su cumpleaños número X? con un pachangón gigante, en el que algunos testigos, tal vez exagerando dicen que estaban como cuatro mil invitados. Y que en alguno de esos felices minutos, el cumpleañero se levantó de su mesa, agarró uno de los micrófonos de los músicos que amenizaban la fiesta y… ¡convirtió su festejo en un mitin político! Declamándole a la presidenta municipal de dicha ciudad porteña, su amiga del alma también, uno de los versos que aparece en El Romancero Gitano que comenté renglones arriba, diciéndole, como Lorca a su propia musa: “Verde que te quiero verde”.

Invitación que la referida alcaldesa seguramente ya presentía que le haría el ex alcalde, porque llegó a la fiesta ataviada precisamente con una bonita blusa de esmeráldicas tonalidades.

Cuentan los mencionados testigos que, cuando la aludida escuchó el llamado de su amigo, se levantó emocionada y, sin hablar, sólo con su “expresión corporal” le dijo “sí”. Aceptación que, viéndola desde una perspectiva ajena, debió de cimbrar de coraje a los ya en ese momento ex correligionarios de la alcaldesa, quienes en otro salón situado a 100 kilómetros de allí, estaban tratando de mostrar una unidad que no tenían. Todo ello mientras que el gran ausente era – insisto- Pedro Peralta Rivas, a quien humorísticamente se le describe como “el más priísta de los panistas”.

OTRAS NOVEDADES QUE DAN MUCHO QUE DECIR

Hasta el fin de semana pasado sólo había hecho su registro estatal la coalición “Juntos Haremos Historia”. Y todo parecía indicar que las otras dos lo harían a continuación. Pero resultó que en diferentes momentos del domingo tronaron las dos, y ninguna se registró ni siquiera el lunes.  Día en que más claro se supo que ambas coaliciones habían tenido sus respectivos líos para amarrar sus respectivos acuerdos, y que por eso deberían esperar hasta los últimos minutos del martes 23 para acomodarse lo mejor que pudieran, antes de acudir al registro.

Y hoy ya se sabe que, dentro de dicho contexto electorero, en la franja estatal de la coalición “Todos por México” no participarán todos los que se había creído que participarían, porque de último momento los dirigentes del Panal dijeron que no y, consecuentemente, “la alianza total” sólo será entre el Verde y del PRI, y se tendría que llamar “Unos cuantos por México”. Coalición o “alianza total” que, pese a lo dicho todavía está por verse, porque la rebatiña por los acomodos y las designaciones amenaza con sacarla del cauce, y porque tanto los militantes como los dirigentes del PRI no están dispuestos, según lo advirtió categóricamente Rogelio Rueda, líder estatal de ese partido, a que los quieran forzar a poner un candidato del Verde donde haya candidatos “más rentables” del tricolor.

No sabemos con exactitud cuál fue la causa por la que los líderes del Panal se negaron a ir en esta elección acompañando a sus viejos y muy queridos amigos del PRI, siendo que la mayoría de los panalistas se formaron políticamente en aquel partido. Pero ciertos informes nos dicen que cuando los turquesas se sentaron con los verdes y tricolores para ver de a cómo le iba a tocar a cada uno, muy pronto se dieron cuenta que los otros no les pensaban dar sino las migajas de un pastel, y que, por lo mismo decidieron arriesgarse, e ir por su cuenta. A ver si logran conservar siquiera el registro.

En cuanto a la parte estatal de la coalición “Juntos haremos historia”, todo parecía indicar, hasta el domingo, que nuestro también buen amigo, Sergio Jiménez Bojado, habría podido convencer a los dirigentes del PES y del PT que juntos les iría mejor que separados. Pero es de temer que cuando se comience a tocar el tema de las primeras posiciones plurinominales para las diputaciones y las regidurías, sea cuando comiencen a saltar las chispas y se rompa la amistad entre ellos.  Todo esto porque cuando llega ese momento, según se ha podido observar en las elecciones previas, los dueños de la franquicia estatal del PT “se van con todo” para exigir las primerísimas.  Y no creo que esta vez sea la excepción. A no ser que ya se haya amarrado todo entre sus respectivas dirigencias centrales.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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