Vislumbres

Burla máxima, salario mínimo.-

Como si enero fuera una continuación del Día de los Inocentes, resulta que el primer día del año apareció un boletín oficial en el que, como si fuera el logro más grande de la administración pañanietista, se anunció el ¡mayor aumento del salario mínimo durante las últimas cuatro décadas! Hágame usted el favor, ya ni la burla perdonan.

Pero por si usted, amigo lector, no ha tenido acceso a dicho monumento a la estulticia, permítame transcribir su parte más esencial para que se entere y vea hasta dónde han llegado los amigos de EPN y sus contertulios de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos:

“Hoy – dice el boletín- entró en vigor el nuevo salario mínimo en México, de 80.04 pesos diarios, que representa el incremento en pesos más alto de los últimos 17 años y permitirá recuperar el poder adquisitivo de la población, sin afectar la estabilidad de precios o el empleo formal.

Así, por primera vez en cuatro décadas, el salario mínimo recupera 15 por ciento su poder adquisitivo, luego de que el pasado 1 de diciembre el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) decidió elevarlo de 73.04 a 80.04 pesos diarios.

De acuerdo con el Gobierno federal, tal incremento, sin precedentes, representa 9.5 por ciento más que el salario mínimo vigente de 2016.

Así, con base en cifras del INEGI y el Coneval, el ingreso de los trabajadores que ganan esta percepción ha tenido una recuperación de 578 pesos mensuales en lo que va de la presente administración federal”.

Si revisamos el texto con atención, tendríamos que reconocer que, visto desde la relación peso-a-peso, dicho incremento al salario es, como lo afirman sus redactores, “sin precedentes” pero… Pero si, por otra parte, lo revisamos en comparación con los aumentos que antes de concluir el año se anunciaron para la gasolina y demás combustibles, resulta que éstos ¡no tienen madre! Porque son dos veces más altos, y porque como consecuencia de “la cascada de precios” que el incremento de los combustibles está generando, el “aumentazo” de los salarios no sólo se anuló antes de aplicarse, sino que fue superado por el “gasolinazo”. Por lo que quedamos muchísimo peor que antes.

Existe, además, la posibilidad de comparar el salario no sólo en relación peso a peso, sino en relación peso a dólar. Así las cosas, recuerdo muy bien que cuando en febrero de 1975 comencé a trabajar como obrero de una maquiladora en Ciudad Juárez, ganaba $103 pesos diarios. Lo que equivalía a decir que ganaba 8 dólares con 23 centavos al día, porque la relación peso-dólar era de $12.50. Así que los obreros de hace 41 años ganábamos más del doble de lo que ganan los obreros de hoy, porque con esos $80.04 que percibirán, no ganarán siquiera el equivalente a cuatro dólares por jornada.

Ahora bien, cuando estos señores afirman que el incremento al salario es el mayor de los últimos cuarenta años, están en lo cierto, porque fue el 1° de septiembre de 1976 cuando, terminando el Sexto Informe de Gobierno de Luis Echeverría Álvarez, el peso se puso “en flotación”, dizque

porque había estado sobrevaluado en relación al dólar, y al día siguiente cada billete verde costaba $29 pesos, y al tercero $36, iniciándose así una era de inflación y devaluaciones que continuó hasta 1995 cuando, Ernesto Zedillo Ponce de León, avergonzado quizá por las tarugadas macroeconómicas que habían cometido sus antecesores en la Presidencia, decidió meter el freno y generar un tiempo de estabilidad. Acierto que le tuvimos que reconocer hasta quienes habíamos votado en su contra.

Hoy, cuarenta años después de las torpezas que cometió el gabinete de Luis Echeverría, estamos volviendo a escuchar los mismos discursos justificatorios pero con una novedad muy grande: la de que, como país, ya casi no tenemos petróleo y Pemex está privatizándose.

Otra burla más.-

Inserta en el mismo mensaje que comentamos, aparece la idea de que el aumento al minisalario “representa el incremento en pesos más alto de los últimos 17 años y permitirá recuperar el poder adquisitivo de la población, sin afectar la estabilidad de precios o el empleo formal”. Siendo que, para comenzar, todos los patrones realizarán una erogación mayor para pagar el incremento a sus trabajadores, y que el único modo de compensar la diferencia entre ambas sumas, es el de aumentar los precios de los productos o servicios que oferten porque perder ¡eso nunca!

Colateralmente, como si los mexicanos fuéramos cada vez más brutos de lo que tal vez somos, el multicitado boletín oficial insiste en decir medias verdades, al proclamar a los cuatro vientos que, “con base en cifras del INEGI y el Coneval, el ingreso de los trabajadores que ganan esta percepción (se refiere al salario mínimo) ha tenido una recuperación de 578 pesos mensuales en lo que va de la presente administración federal”. Pero para nada mencionan que cuando EPN asumió la Presidencia de nuestro país uno podía comprar más con lo que ganaba entonces que con lo que percibe hoy. Todo ello por defecto de las devaluaciones del peso, cuya cotización del 3 de enero de 2013 fue de $12.77 y hoy alcanzó los $20.97. Con lo que padecemos una devaluación superior al 55% en sólo cuatro años. Siendo ésta la verdadera dimensión de la pobreza a la que nuestros patrióticos gobernantes nos han reducido.

La burla que está detrás.-

Uno de los primeros argumentos que se manejaron para fundamentar la necesidad de realizar “una Reforma Energética a fondo”, fue el de que los mantos petroleros de la franja terrestre que abarca desde Tamaulipas hasta Campeche se estaban agotando, y que lo mismo estaba sucediendo con los mantos ubicados en “aguas someras”, aunque se tenía comprobado que bajo las “aguas profundas” del Golfo de México, existía como quien dice otro mar de petróleo y gas. Mar de petróleo, sin embargo, al que con la pura tecnología de que disponía Pemex, era imposible acceder.

Para reforzar esa idea se nos dijo, también, que al estar México sometido al Tratado Internacional de Aguas Continentales, tiene derecho a perforar bajo las aguas (someras o profundas, no importa) que cubren las 200 millas orilleras que reconoce el dicho tratado. Pero que, tomando como base ese mismo documento, ¡todas las empresas petroleras del mundo tienen también derecho a perforar la tierra bajo esas mismas aguas!, siempre y cuando hagan sus agujeritos de la milla 200 en adelante. ¡Perforaciones que ya estaban haciendo desde hace varios años al menos la Shell, la Exxon, la Mobil Oil y la Texaco!, por mencionar algunas, arrebatándole a Pemex, como quien dice, el petróleo delante de sus narices, porque esta grandiosa empresa “nuestra” no sólo estaba mortalmente obesa con una nómina improductiva y gigantesca, sino porque jamás había actualizado su tecnología.

La conclusión de todo esto fue: necesitamos asociarnos con otras empresas que sí tengan esa tecnología y que, en su caso, compartan todos los riesgos de perforación en aguas profundas, los que, para que nos demos una idea muy sencilla de lo que significan, equivaldrían a meter una hilera de popotes pegados con plastilina en una alberca acapulqueña cualquier día de calor en vacaciones.

Hace dos años, sin embargo, leí en un artículo especializado de CNNExpansión, que aun cuando “las reservas estimadas [por Pemex] en aguas profundas, superan en 28% a las reservas Probadas, Probables y Posibles” que la misma empresa tenía “contabilizadas en 43,000 millones de barriles” en la franja terrestre y en las aguas someras, se requerirían “cerca de 299,000 millones de dólares anuales [sólo] para poder extraerlos”. Mientras que el presupuesto con que Pemex contaba para ese mismo 2014 rondaba apenas los “28,000 millones de dólares para producción y exploración”. O ¿sea? Que saldría más caro el caldo que las albóndigas y que, en consecuencia, sería preferible importar combustibles de otros países que extraerlos, transportarlos, refinarlos y re-distribuirlos a todo lo ancho y lo largo del territorio nacional. Dato que, obvio, se abstuvieron ellos de explicar al público consumidor, pero que ahora les viene al pelo porque la presunta la “flexibilización de los precios de la gasolina” no es otra cosa que el mejor negocio que Pemex haya hecho en toda su historia, pero ya no como productor, sino como importador neto y descarado, comprando fuera de México la gasolina a $11 el litro para vendérnosla a nosotros a 16 pesos y más. Precios que todavía variarán por zonas, porque es obvio que cada litro costará más mientras más lejos esté cada pueblo de la frontera o del puerto por donde ingrese al país la gasolina comprada. ¡Qué chingones son! ¡No cabe duda!

Las protestas inútiles.-

Aunque sean muy dignas de aplaudir y hasta de admirar las personas que en casi todo el país están protestando por el “gasolinazo”, tendrían que admitir que de nada, o de muy poco sirve que durante algunas horas o días tomen, por ejemplo, algunas gasolineras, edificios del SAT o hasta presidencias municipales, como ocurrió aquí con la de Villa de Álvarez, puesto que lo legal, aunque no sea justo, es lo legal. Y porque las leyes de ingresos y egresos para este año ya fueron aprobadas por el Congreso desde, al menos, noviembre pasado.

Frente a dicha situación, y con ganas de verdaderamente parar los abusos que implica tan impopular medida, ya dije, desde mi colaboración anterior, que la única posibilidad radica en conminar (u obligar sería mejor) a nuestros diputados y senadores a que velen por nuestros intereses y se comporten realmente como nuestros representantes populares.

“Pero ¿a ellos cómo los apretamos?” – me preguntó alguien. -Vamos pensando el modo – le respondí. Y alguien ha sugerido, aparte, darles una visitadita masiva en sus casas.

¿Cómo si no?

A propósito de visitas masivas a las casas de los legisladores, hoy se ha sabido también que ya son varios los gobernadores que apoyan el gasolinazo, y hay al menos un articulista local que afirma que Nacho Peralta aprueba el hecho de que EPN asuma los costos políticos ante tal medida.

Hablando sobre la verdad, ni a los gobernadores ni a los legisladores priístas les queda otra opción, o ¿se ha visto alguna vez que un gobernador tricolor se oponga a un dictamen del presidente de la república? Los costos políticos, sin embargo, no sólo los asumirá ENP, sino toda su camada de administradores públicos, incluidos, por supuesto los mandamases locales en turno.

Mientras son peras o son manzanas…

Un día ya lejano de 1985, mientras conversaba con mi padre acerca de los efectos de la crisis que comenzábamos a sentir en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, él (mi padre), nacido en 1912, me preguntó: “¿Crisis? ¿Cuál crisis?” – Pues ésta que estamos viviendo – le respondí con un ademán, y él se sonrió con una leve mueca y me dijo: “Ustedes [los de su generación] no saben lo que es una crisis”. Y me empezó a describir los efectos que tuvo la Rebelión Cristera que durante tres años y meses se mantuvo en Colima: “En 1928 ya casi nadie quería sembrar porque cuando no eran los cristeros que bajaban del cerro o del volcán a cortar los elotes, eran los guachos los que se los robaban y cortaban hasta las milpas para darles de comer a sus caballos y mulas. Las vacas casi se acabaron también, los puercos igual, y se iba la gente desde los ranchos hacia las ciudades y los pueblos grandes pero tampoco allí había nada para comer. Así que ¿de cuál crisis me hablas?”

Por otro lado, totalmente ajena al concepto de los gazolinazos, mi muy querida maestra Cuca Chapula Perales, me platicó alguna vez: “En aquellos años andábamos siempre a pie. Casi nadie tenía coche y no había, tampoco, sino unos cuantos camiones de pasaje, y ésos no iban para todas partes”.

“Hoy – me comentó luego, mi suegro en Comala-, las señoras no quieren ir por las tortillas si no van en coche, y lo mismo pasa con los chiquillos para ir a sus escuelas”. Datos que (sin soslayar el tema tratado) menciono para que no nos extrañe cuando no tengamos para pagar la gasolina que hoy gastamos en exceso.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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