La economía mexicana nomás no crece, ni crecerá lo que requiere en el corto ni el mediano plazo para elevar los niveles de prosperidad de los mexicanos. Ese es en resumen y conclusión los recientes anuncios que diversos organismos gubernamentales, firmas internacionales y expertos en la materia han manifestado con relación a las expectativas de crecimiento para el presente año de nuestra economía nacional. Todo lo anterior pese al renovado y cínico optimismo que muestran los titulares de la hacienda pública nacional, en específico del Doctor Luis Videgaray , quien desestima le reducción de la expectativa de crecimiento por parte de su Secretaría, anunciada hace un par de días, pero ya pronosticada desde hace algunas semanas por diversas voces calificadas.

Para Luis Videgaray y sus colaboradores la situación económica del país no debe generar alarma entre los ciudadanos, todo está bien pues, según él y los suyos. Además, defiende la situación económica actual y su baja posibilidad de crecimiento con 3 argumentos: “el primero fue el invierno de Estados Unidos, el segundo por los nuevos impuestos a la emisión de carbón y el tercero por los impuestos para inhibir el consumo de alimentos con alto contenido calórico, los efectos se concentraron en enero y febrero, pero tienen un efecto transitorio” dijo para excusarse del negro panorama quien en medida fue el promotor, impulsor y orquestador de la reforma hacendaria que hoy aduce como pretexto para justificar el pésimo desempeño económico de nuestro país en el presente y en el futuro.

Frío y calculador, desde su gabinete Luis Videgaray se muestra sereno emitiendo declaraciones en un tono en el que no parece preocuparle  en lo más mínimo el que la tan esperada prosperidad no esté, ni por error, cercana en nuestro destino; tampoco le preocupa las críticas, ni atiende las propuestas que para mejorar la economía le han hecho los hombres de negocios que encabezan las diferentes cámaras empresariales del país, quienes le piden agilizar y liberar el gasto público para detonar la inversión, ya que la obra pública está paralizada, o por lo menos no se ha desarrollado en la medida que se requiere; mucho menos le interesa a Videgaray, el tecnócrata por antonomasia del equipo Peñista, el que la clase media sea devorada por la falta de circulación de dinero, las engorrosas modalidades nuevas de facturación y el asfixiante incremento de los mismos, y del incremento de la pobreza, ya mejor ni hablamos.

Desde su nube, no hay de qué preocuparse. Habría que pedirle al Secretario de Hacienda que se dé un baño de pueblo y de realidad. Que salga a palpar la percepción de la mayoría, lo difícil de la situación económica, que viva lo que los ciudadanos de a pie vivimos. Y una vez que haga eso, que nos diga que nos calmemos, que no pasa absolutamente nada. Que México va “bien”.

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