Dr. Ricardo Ramírez Ramírez

Abril  del 2021.

Cuando alguien sabe de tu creencia en la reencarnación, lo primero que piensa, cuando dices que cambiarás al cuerpo, es en tu partida o sustitución y entonces tendrás que explicarle que se puede hacer sin irse. El acabar con el vehículo de la mente y la casa del espíritu y el alma equivale sólo a desprenderse de ese bulto de huesos, órganos, líquidos y otros componentes forrados de piel y liberar espíritu y alma para que viajen a otras dimensiones buscando la inteligencia superior, el cielo, la divinidad, el campo unificado o  campo cuántico, en el cual existen todas las posibilidades. Ahí estará el alma,  esperando la asignación de otro santuario que, igual que el anterior, tendrá características especiales y fecha de caducidad: sólo un reducido número de almas ratificarán su permanencia etérea sin más pruebas o sacrificios terrenales. En cualquiera de los casos, será resultado de las acciones, experiencias y comportamientos vividos en el cuerpo o cuerpos anteriores. Creo igual que muchos neurocientíficos, e investigadores cuánticos, que somos seres electromagnéticos como lo es el universo. Vivimos al ritmo de energía, frecuencia y vibración; así lo dijo el genio olvidado” Nikola Tesla. La mente, catalogada como el cerebro, en funciones cuyo lenguaje son los pensamientos y el cuerpo, que habla con sentimientos y experiencias, también trabaja así. En consecuencia, si deseamos cambiar al cuerpo busquemos coherencia entre la energía eléctrica vibratoria representada por lo que pensamos y el magnetismo del corazón corporal: sincronizar las frecuencias de uno con el otro es necesario para estar bien. No es mentira que componentes inmateriales como los que pensamos puedan materializarse en hormonas, del estrés como adrenalina y cortisol, o  de la felicidad,  como la serotonina, oxitocina,  endorfinas y dopamina, que nos dan tristeza o enfermedad, y alegría o salud, según sea el caso, ambos grupos hormonales son producidos por la misma mente generadora de esta energía ligera, mente que, al trabajar armónica y reiteradamente en frecuencia  y vibración, genera cambios materiales prolongados e incluso definitivos en el cuerpo, transformándose en lo que llamamos energía densa o pesada. Entonces, si queremos evolucionar  o expandir la consciencia, hagamos que la voluntad o mente consciente controle la expresión o comportamiento del subconsciente (al cual algunos llaman superconsciente).

La frase es más fácil cambiar algo desde adentro que desde afuera” aplica  en el tema que nos ocupa. El estado consciente (la voluntad–razonamiento) trabaja cuando estamos despiertos, en frecuencia beta, sea moderada o alta (14 a 21 ciclos por segundo) dependiendo si estamos en calma o en modo supervivencia: es atemporal, analítico, descansa cuando dormimos y se rige por el sistema nervioso central con predominio de la corteza cerebral izquierda. El subconsciente regido por el sistema nervioso autónomo, pero subordinado del primero, trabaja en frecuencias bajas: alfa, theta, delta y gama: no descansa ninguna de las 24 horas del día—utiliza códigos o paradigmas para el buen o mal funcionamiento de todo el organismo, conoce y graba los mecanismos de la salud y la enfermedad y gracias a él, todos los órganos trabajan. Meter nuestra mente analítica a su territorio, empatando las frecuencias mediante mecanismos diurnos, que en conjunto se llaman estados alterados de conciencia, nos permitirá resolver infinidad de problemas o acceder a paquetes de información que no están al alcance de la mayoría de los humanos. El Dr. De Harvard Daniel Goleman, en su obra Rasgos Alterados, nos dice que mediante la meditación, las respiraciones voluntarias o conscientes, el neuroentrenamiento, también llamado  retroalimentación biológica y algunos fármacos o drogas (la psilocibina  contenida en los hongos oaxaqueños de  María Sabina y la ayahuasca con su dimetiltriptamina  extraída de una  liada de la selva amazónica, por ejemplo), podemos conseguir cambiar la mente y el cuerpo.

Infinidad de personajes que han escalado la cumbre se han valido de cualquiera de estos mecanismos para entrar a realidades alternas, fortalecer su sexto sentido o intuición o simplemente condicionar sueños lúcidos  mediante los cuales inmortales como Robbie  Williams (“Mejor hombre”),  Paul Mc Cartney (“Yesterday”) compusieron canciones o encontraron solución a problemas añejos. Otros ejemplos son Michael Faraday y Elías Howe, el primero descubrió “El anillo de benceno” al soñar una serpiente mordiéndose la cola y el segundo “Perfeccionando la máquina de coser” al visualizar dormido un ataque apache con lanzas perforadas en la punta. Otros lo han hecho muy probablemente mediante sustancias psicoactivas de Oaxaca, se mencionan a: Jhón Lennon, Walt Disney, Albert Hofmann  (conocido como el padre del LSD) y   Aldous  Huxley (autor de Un mundo feliz).

Nosotros lo debemos conseguir con la meditación y las respiraciones conscientes o voluntarias que son tan baratas como efectivas; cualquiera las puede practicar y mediante ellas podemos apaciguar al subconsciente y guiar ese brioso y dinámico corcel por el camino que nos convenga. La meditación  no tiene que ser como la monástica de antaño que exigió años de práctica a los maestros espirituales para lograr una fortaleza de espíritu tan grande que lo resolvía todo. El Maestro Jesucristo con su Kriya Yoga, disciplina que contempla meditación, ejercicios y mantras o sonidos de cierta vibración y frecuencia, sorprendió a la humanidad con sus poderes sobrenaturales. La  meditación de hoy, a la que podemos llamar activa o moderna, puede lograr en el corto plazo el trabajo simultáneo de los dos hemisferios cerebrales, engrosando el cuerpo calloso que los une, para combinar el razonamiento del izquierdo con la creatividad del derecho, echando a andar la intuición o inteligencia del subconsciente; del mismo modo, puede activar la glándula pineal, o asiento del alma” como le llamó Descartes, para producir  melatonina mejorada, hormona que nos hace soñar, benzodiacepinas tranquilizadores y suficientes cantidades de dimetil triptamina (DMT) o molécula espiritual”, bautizada así  por el Dr.  Rick Strássman en su obra que lleva ese nombre, sin tener que recurrir a moléculas externas de la ayahuasca, u otras sustancias vegetales utilizadas por artistas famosos con el fin de  experimentar dimensiones donde existe información privilegiada para curar lo” incurable”, cambiar al cuerpo, conseguir el éxito, la felicidad y otros beneficios personales y colectivos.

Los expertos aseguran que para obtener buenos resultados ocupamos practicar reiteradamente la meditación, utilizando la visualización creativa en pantalla mental. José Silva, por ejemplo, dice: cuando hayas aprendido a entrar a nivel (alfa) sigue colocándote sentado en posición erguida, descansa la espalda en una silla o pared, cierra los ojos, dirígelos 20 grados sobre la línea del horizonte, a dos metros de tus ojos, visualiza una pantalla tan grande como la del cine, en ella un objeto muy conocido( manzana, tu hijo etc), dale color, nitidez, luego cámbialo por otro hasta hacerte experto en visualizar, enseguida mira tres escenas en la pantalla, la derecha es el presente y en ella está el problema a resolver( una enfermedad por ejemplo) a la izquierda el futuro inmediato significa lo que estás haciendo para curarla (ejercicio, dieta, atención médica etc.), y finalmente más a la izquierda el problema resuelto, visualizándote feliz, emocionado por conseguirlo y comprobando que, además de ti, otras personas también salieron beneficiadas.

Para concluir confieso que apenas estoy penetrando en las entrañas de la mente, que soy aficionado en éstas disciplinas: me enseñan José Silva, Paramahansa Yogananda, Shakti Gawain, Bruce H Lipton, Joe Dispenza, Walker Atkinson y Deepak Chopra en sus respectivas obras:  Método Silva de Control Mental, Autobiografia de un Yogui, Visualización Creativa, Biología de la Creencia, Sobrenatural, Vibración del Pensamiento y Supercerebro. Estoy aprendiendo y los invito a evolucionar.

Dr. Ricardo Ramírez Ramírez

Médico Pediatra (UNAM); Presidente de la Asociación Colimense de Consumidores ; activista social.

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