TAREA POLÍTICA por José Luís Santana Ochoa.

A punto de concluir en unos cuantos días más el primer año de las diez administraciones municipales, tiempo suficiente para que los alcaldes se hayan dado cuenta ya de qué funcionarios dan el ancho y quiénes quedan a deber, les ha llegado la hora de cambiar a los que no funcionan por otros que les garanticen mejores desempeños en el segundo año de sus gestiones que debe ser de consolidación para cerrar fuerte en el tercero y último. La soberbia, la cerrazón y la terquedad son malas consejeras, pues los alcaldes deben ver y mirar a su alrededor lo que pasa, oir y escuchar todas las voces, de manera especial a las discordantes.

Atrás deben dejar los alcaldes los supuestos o reales compromisos de campaña adquiridos con gente incompetente y de muy cierta mala reputación, mañosa, truculenta, que solamente busca enriquecerse a costa de los ciudadanos a través del acceso a información privilegiada, influencia indebida en las asignaciones de obra pública , contratos mercantiles y negocios turbios, que siempre terminan perjudicando a la población en su conjunto. Si les deben no tiene porque pagar el pueblo sus deudas, y menos si son por gastos de campaña.

Desde luego que no se trata nada más de cambiar por el placer de hacerlo, mucho menos para darle gusto a las cónyuges, amigos y demás yerbas, sino hacer los ajustes necesarios para que los equipos de trabajo mejoren su capacidad de respuesta a las sentidas demandas de la gente que es razón de ser y de hacer de los gobiernos muncipales. Si no actúan cuando todavía pueden hacerlo, luego que no se llamen a sorprendidos cuando la gente exija que sean ellos lo que se larguen al rancho que AMLO tiene en el estado de Chiapas.

Las derrotas que el domingo 01/07/2018 sufrieron los ex alcaldes que contendieron por la reelección y curules en el Congreso del Estado, se explican en buena parte a que se negaron en su oportunidad a reconocer las fallas y omisiones de sus colaboradores, y a cambiarlos para mejorar. Por soberbios no lo hicieron y en las urnas pagaron las consecuencias. Si los actuales no corrigen y se atreven a presentárseles a los electores de nuevo como canidatos en 2021, les irá igual o peor de lo que a aquellos les fue. Al tiempo.

Los alcaldes en funciones deben tener en sus manos a estas alturas evaluaciones objetivas, confiables, del desempeño de sus funcionarios y empleados de confianza observado en estos primeros casi doce meses de sus gestiones trianuales. Ojalá que al decidir quiénes continúan y quiénes deberán ahuecar sus alas no les tiemblen la corvas. Casos hay en los que todo mundo menos ellos ve el daño que les causan influyentes y poderosos pero nefastos funcionarios, a sus imágenes, servicios, resultados y al dinero de los contribuyentes, pero explicablemente voltean para otro lado.

Historias documentadas de negocios en grande hechos al amparo de los cargos públicos que graciosamente les designaron a sus funcionarios favoritos algunos alcaldes, las hay para enjaularlos y quitarles el dinero mal habido. También actos de corrupción como los relacionados con un proyecto fallido para la operación de una procesadora de carne allá por los rumbos de Nogueras, el incumplimiento de un contrato de obra pública al municipio de Minatitlán y el fraude a un constructor que realizó trabajos para la administración municipal anterior de Villa de Álvarez, por ejemplo. En el primer caso ya hay demanda penal en curso presentada por dos socios tapatíos; en el segundo y tercero, iguanas ranas. En los tres está involucrado el mismo farolero sujeto que se ostenta como hacedor de políticos y financista de campañas electorales.

EL ACABO

En la Administración Municipal de Armería la violencia provocó varios cambios de funcionarios, unos porque fallecieron y otros porque, asustados, pusieron pies en polvorosa. En la de Colima los cambios han sido por presiones indebidas de la presidente del DIF y del caciquillo sindical. En Manzanillo siguen los mismos que iniciaron. En Tecomán los varios cambios realizados no se han reflejado en una mejora significativa.

En Villa de Álvarez se espera una buena redada porque al alcalde ya le llenó de piedritas sus calcetines el “Súper Asesor” Miguel Ángel López Toscano, esposo de la Oficial Mayor y dueño de la voluntad de varios funcionarios municipales como la del Contralor. Entre otras gracias, el poderoso e influyente sujeto se ostenta como gran empresario de la construcción sin ser propietario ni de una pala o pico.

 

 

José Luís Santana Ochoa

Analista político

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