Abelardo Ahumada

VISLUMBRES: Preludios de la Conquista por Abelardo Ahumada

Capítulo 9

UNA ACLARACIÓN NECESARIA. –

En el capítulo 7 cité algunos párrafos del libro “Colima de la Nueva España en el siglo XVI”, escrito por el Dr. Carl Sauer (jefe del Departamento de Geografía de la Universidad de Berkeley) durante la cuarta década del siglo pasado. Libro en el que se nos brinda un gran contenido histórico-geográfico, que para esa época no había logrado reunir ningún historiador colimense.

Viendo esa obra en retrospectiva, no sólo la valoro por las pistas que nos brinda, sino que hasta vergüenza me da por el hecho de que haya tenido que ser un científico extranjero el que, siguiendo con un equipo de profesionales algunas pistas arqueológicas e históricas que les interesaban, vino a mostrarle a nuestros padres y abuelos el valor histórico de muchos de los vestigios que, estando incluso a la vista, les resultaban casi totalmente indiferentes.

Y de él señalé un párrafo muy especial donde, a manera de conclusión, dice lo siguiente: “Lo que nosotros sabemos del viejo Colima es muy magro y no sabremos [por los documentos] mucho más que esto, hasta que LA RICA ARQUEOLOGÍA DE COLIMA SEA DEBIDAMENTE ESTUDIADA… [Puesto que] la explotación colonial barrió con las formas [de vida y las instituciones] nativas”.

Con base en esta expresión, hoy puedo entender y valorar que, influidos por él, algunos de los arqueólogos norteamericanos, que fueron sus alumnos en la materia de Geografía Humana, decidieran venir a varias regiones de nuestro país para seguir indagando sobre las pistas que sus maestros buscaban. Como fue, en el caso de Colima, la doctora Isabel Kelly y “la Sra. Mariam Cummings”, que inicialmente vino acompañándola.

Y, respecto a la doctora Kelly, basado en unos datos que brindó un autor local, me fui con la finta y les dije que, apoyada económicamente por la fundación Guggenheim Fellowships, “estuvo dos temporadas de trabajo en Colima (la de 1940-1941, y la de 1941-1942)”, siendo que, como ya lo mencioné en el capítulo 8, ella misma nos sacó de ese error, por cuanto que en dos cartas que cité, y que dirigió desde Tlaquepaque, Jal., a la señorita María Corona Navarro, su amiga de Zapotitlán, Jal., dichas temporadas las pasó trabajando en “la zona Tuxcacuesco-Zapotitlán”. Como también lo dice en el informe de trabajo que al respecto le publicó la imprenta de la Universidad de Berkeley en 1949.

Colateralmente, y como derivación de esa nota equívoca, dije también que, si la doctora Kelly “pasó por Colima” de 1941 a 1943, “no fue para quedarse allí, sino para irse desde “allí hasta Zapotitlán, Tolimán y otros pueblos vecinos”, dado que, por aquella época “no había en la época carreteras para ir desde Guadalajara hasta el Sur de Jalisco, y era más fácil viajar por tren desde Guadalajara a Colima”. Y desde allí, por brecha o veredas, hasta donde ya se dijo.

Referencia, sin embargo, que de ningún modo es falsa respecto a los medios de transportación que menciono, pues no por menos, en una larguísima entrevista que en junio de 2005 tuve con el padre Roberto Urzúa Orozco (famoso cura e historiador colimote que mencioné en los primeros capítulos de este trabajo), él me platicó:

“En 1953 me llamó el señor obispo, Ignacio de Alba, y me dijo: ‘Oyes, ya tienes bastante tiempo en la ciudad y es necesario que salgas a una parroquia rural. Te voy a mandar a Zapotitlán’. Pero yo no sabía ni dónde quedaba eso”.

“[Así que tuve que preguntar] me acuerdo que me fui a caballo, por Comala, por San José del Carmen, que es el primer pueblo que por ese lado pertenece al estado de Jalisco, a donde sí vinieron algunos a encontrarme y a traerme dos bestias mulares: una para mis maletas y otra para mí, y así llegué, por cierto, al curato, el primero de noviembre, en donde estaban algunas gentes apuntando misas para sus difuntos el día siguiente. Y esa fue mi primera parroquia, donde estuve tres años”.

“ERA UNA PARROQUIA RURAL MUY GRANDE Y SIN COMUNICACIONES. ZAPOTITLÁN ES UN PUEBLO INDÍGENA CON UNA GRAN RIQUEZA ÉTNICA MUY INTERESANTE. Está en las faldas del Nevado, cargadito para el lado norte. De modo que el Nevado le queda a uno cerquitas”.

LOS PRIMEROS ESTUDIOS DE KELLY EN EL CHANAL Y LAS CONCLUSIONES A LAS QUE LLEGÓ. –

Con este testimonio por delante ya nos podemos dar muy clara idea de cuáles fueron las dificultades que la doctora Kelly tuvo que enfrentar para llegar allá doce años antes que el padre Urzúa, y cómo era el área que estudió desde mediados de 1940 hasta mediados de 1942. Pero ¿cuándo fue, entonces, que la científica empezó a estudiar “la rica arqueología de Colima” a la que se refería su maestro Sauer?

Para responder a esa pregunta cabe mencionar que, en la página de reconocimientos de su libro “Secuencia cerámica de Colima: Capacha, una fase temprana”, es ella misma la que precisa el dato, pues dice: “Mis esfuerzos en el estado mexicano de Colima han sido esparcidos de modo esporádico, durante tres décadas. El trabajo inicial de campo, en 1939 y 1940, fue apoyado por la Universidad de Berkeley. [Pero] el estudio del material resultante indicó que esa información no fue suficiente para establecer una cronología convincente […] Entonces vinieron años con varios compromisos en diversas partes [Tuxcacuesco-Zapotitlán, entre otras], pero con el tiempo regresé a Colima. [Y] las temporadas de campo de 1966 y 1967 fueron financiadas por una subvención de la Rockefeller Foundation”. Y luego menciona que consecutivamente continuó viniendo “de 1968 a 1971”, dejó de hacerlo en 1972, y volvió en 1973, siendo subvencionada en todas estas últimas temporadas “por donativos de la National Geographic Society y la Wenner-Gren Foundation for Antropological Research.

Siendo para mí totalmente asombroso que esas importantes fundaciones y sociedades extranjeras contribuyeran para estudiar la arqueología colimota, mientras que los gobiernos estatal y federal no aportaban un solo peso para tal efecto. Pero como quiera que todo esto haya sido, es de creer que, si por aquel entonces El Chanal estaba, como quien dice “de moda”. Hacia esa ranchería haya dirigido la doctora Kelly sus primeros pasos en la entidad, encontrándose, sin embargo, con una especie de decepción, a la que me referiré un poquito después.

Pero para no hacernos bolas, conviene recordar que cuando la Universidad de Tucson le publicó a la doctora el libro que estamos comentando era el año 1980, y habían pasado cuatro décadas de la primera exploración que hizo en Colima. Por lo que muy bien podemos afirmar que no sólo tenía una mayor experiencia en estos menesteres, sino una mirada más amplia y panorámica de los sitios que le había tocado estudiar.

Colateral o complementariamente, ella misma, en páginas posteriores a la Introducción de su texto, nos da a entender que, aun cuando durante las décadas de los 40as y los 50as no vino a Colima, continuó realizando algunos estudios del material extraído ahí, y de la zona Tuxcacuesco-Zapotitlán. De manera que cuando volvió al estado en 1966, ya tenía otra visión de las cosas, y otra más cuando finalmente terminó su libro.

Libro en el que alcanzo a distinguir una interesante conclusión inicial, y un importantísimo descubrimiento que me parece oportuno señalar.

Su primera conclusión es que: “Colima es un área pequeña DE MARCADA ESPECIALIZACIÓN REGIONAL en alfarería, figurillas y otros artefactos”.

Y su enorme descubrimiento (que ella no menciona en su texto, pero que yo advierto en sus expresiones), fue el hecho de haber podido observar que TODOS LOS ESPACIOS QUE LE TOCÓ ESTUDIAR, tanto en Colima, como en Tuxcacuesco, Tolimán y Zapotitlán, están (o estuvieron) directa o indirectamente vinculados con la cuenca del Río Armería, de la que yo he venido hablando en los capítulos precedentes.

Y lo que ella dice al respecto, en esencia es lo siguiente:

“El gran sistema [arqueológico y por ende poblacional] de la cuenca del Río Armería se inicia en Jalisco y sus dilataciones media y superior están dentro de ese estado”, conformadas, por “algunos afluentes” que ella no menciona, pero de los que los principales son los ríos Tuxcacuesco y Ayuquila. Para continuar ella diciendo que: “El Armería entra a Colima por el norte, y sigue su curso norte-sur al mar”, atravesando, “poco más o menos por el centro” del territorio estatal, “COINCIDIENDO CON EL CORAZÓN ARQUEOLÓGICO DEL COLIMA CENTRAL”. Cuyas piezas difieren en algunos rasgos y temporalidad, del “Colima oriental”. Sin que ella haya podido saber nada del “Colima Occidental”, que abarcaría todo el territorio situado al poniente del Río Armería, en donde ya no le tocó explorar.

En la mente, pues, de la doctora Kelly, se organizó un esquema en el que vio a todas esas poblaciones unidas por lo que “por carecer de un término mejor, aquí se nombrará el Eje Armería”.

Y que para mí coincide precisamente con todos los pueblos del antiguo camino prehispánico que ya mencioné, y que, mínimo, empezó a ser transitado por los toltecas, en el siglo VII después de Cristo, cuando no antes, por otras desconocidas tribus.

LAS FASES Y/O COMPLEJOS CULTURALES DE COLIMA. –

En uno de los párrafos del capítulo 8 señalé que al estudiar “el área Tuxcacuesco- Zapotitlán”, Kelly percibió, o distinguió tres sitios con diferentes temporalidades y características, a los que denominó: El “Complejo Tuxcacuesco”, el “Complejo Coralillo” y el “Complejo Tolimán”.

Actuando de la misma manera en Colima, Kelly dividió a nuestra entidad en parcialidades que le tocó estudiar o no, a las que señaló como “Colima Oriental, Colima Central y Colima Occidental”. Parcialidades que, de conformidad con lo que posteriormente menciona, delimitó a partir de Río Grande y del Río Salado. Siendo la parte oriental desde El Salado hacia el Naranjo-Coahuayana; la occidental desde el Armería hacia el Chacala-Marabasco, abarcando la región más montañosa del estado, y la central, la región situada entre el Armería y El Salado, que en buena medida abarca desde las faldas del Volcán, hasta el Valle de Colima, y las planicies de los actuales municipios de Colima y Coquimatlán.

Pero fue muy honesta cuando expresó que los resultados finales de sus estudios se refieren, básicamente, “al Colima central”, área sobre la que pudo diseñar una “secuencia cronológica” que dividió en “fases”, y que, en el terreno corresponden a las zonas de La Capacha, El Chanal y El Moralete-La Estancia; extendiéndose hacia el sur hasta Periquillos, y hacia sureste hasta Los Ortices, Ixtlahuacán y las riberas del Coahuayana, que fueron algunos de los sitios que de esa parte estudió.

La secuencia cronológica va desde “la fase más temprana (o antigua) a la más tardía (o reciente)”.

Y ya sobre este punto en particular, Kelly nos dice que los objetos más antiguos que le tocó fechar, provinieron de “la fase Capacha”. A la que le puso ese nombre porque los pozos que excavó, o que “los moneros” le mostraron, estaban ubicados en las inmediaciones de lo que todavía era entonces la bonita hacienda de La Capacha.

A continuación, me voy a saltar todos los detalles que me sea posible saltar en las descripciones posteriores. Pero sí quiero expresar el asombro que sentí al enterarme de que los primeros entierros ubicados en tal sitio datan, según el análisis de la arqueóloga estadounidense, de entre los 1870 y los 1720 años antes de Cristo. Mientras que los diseñadores del guion del Museo de las Culturas de Occidente, señalan para los últimos el año 1000 a. C.

El segundo sitio que demostró mayor antigüedad no correspondió “al Eje Armería”, sino al Colima Oriental, vinculado en este caso con los ríos Salado y   Coahuayana, hasta llegar hasta el mar. Sitio al que, por ponerle un nombre, la doctora bautizó como “complejo Ortices, en honor al ejido en cuya vecindad se diagnosticó el primer conjunto de objetos”. Pero que, como ella explica, también abarca algunas exploraciones que hizo en Ixtlahuacán, Chanchopa, Alcuzahue y Coahuayana.

Las fechas más antiguas que los objetos de esta fase mostraron, son del 410 antes de Cristo, y las más tardías, del 280 después de Cristo. Habiendo sido ésta la fase en que se comenzaron a utilizar las famosas tumbas de tiro, que ya hemos mencionado antes.

Después vino (o surgió) la fase Comala. Fase que para la doctora Kelly resultó ser “la era por excelencia de las tumbas de tiro”. Y cuya preciosa cerámica, que en el tiempo en que ella vino a Colima estaba siendo terriblemente saqueada, se caracterizó porque su “modelado es su decoración principal”, en la medida de que “en general [fue] ejecutado CON DESTREZA CONSUMADA”.

Destreza que cualquiera de los lectores podrá comprobar si se da tiempo para ir a visitar el Museo Nogueras, integrado con la colección de piezas que afortunadamente logró reunir el genial pintor comalteco, Alejandro Rangel Hidalgo.

Las fechas extremas para esta fase se ubican en un periodo relativamente corto que iría desde los 300 a los 600, o 650 años después de Cristo. Tal vez como una continuación (esto lo digo yo) de quienes originalmente vivieron en la fase Ortices.

Y sobre estas joyas arqueológicas en particular, Kelly afirma que demuestran una “especialización regional considerable”. Pero que, habiendo sido sus tumbas tan terriblemente saqueadas, el desarrollo de este pueblo “nunca será conocido” del todo. Notando, sin embargo, que muchas de las piezas producidas en esta fase “no tienen semejanzas” con las producidas por otros pueblos de “los altiplanos centrales”. Por lo que se puede deducir que los expertos ceramistas comaltecos, fueron únicos, excepcionales.

Después de la fase Comala vendría la fase Colima, en la que, curiosa y coincidentemente, dice Kelly, aparecen las primeras muestras de arquitectura, y da inicio en Colima el uso de los molcajetes y de las tapaderas para las ollas y otros utensilios. Siendo, pues, los alfareros de esta época, más pragmáticos que los comaltecos, quienes ya se dedicaban a hacer obras de arte.

La fecha más antigua que Kelly anota para esta fase es la del año 550 después de Cristo. Y los diseñadores del guion del Museo de las Culturas de Occidente, señalan que fue desde aproximadamente del 600 al 1100 d. C.

Y, por falta de espacio, las dos últimas fases se mencionarán y describirán en el siguiente capítulo.

PIES DE FOTO. –

1.- Es mucho lo que los colimenses debemos a este par de geniales investigadores estadounidenses: el Dr. en Geografía, Carl Sauer, y la Dra. en Arqueología, Isabel Kelly.

2.- La doctora Kelly terminó coincidiendo con que la cuenca del Río Armería fue determinante para el desarrollo de los pueblos de la región.

3.- Aun cuando las excavaciones de la doctora Kelly no abarcaron la arquitectura de El Chanal, sí logró entreverlas como “un centro religioso extensivo y probablemente mayor” a lo que se creía que era.

4.- La doctora Kelly quedó profundamente admirada por la calidad excepcional de las piezas correspondientes a “la fase Comala”. Como se ve en estas piezas expuestas en el Museo de Nogueras.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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