Al ritmo del acordeón de Celso Piña arranaron las actividades de Colima como Capital Americana de la Cultura 2014. El pasado 20 de enero, en un evento gratuito realizado en el Jardín Libertad, el músico regio inició de gran manera los festejos del reciente nombramiento.

“Suena, suena y emociona”. Y así fue. La acordeona de Celso Piña hizo bailar a los miles de asistentes que se dieron cita desde antes de las 8:30, hora en que inició el evento. Desde muy temprano la música y el baile llenaron las calles del centro de la ciudad: un acordeón bastó para animar el break dance afuera de catedral, minutos antes del concierto.

Pero bastaron los primeros acordes del Rebelde del Acordeón para que el alboroto general se trasladara hacia el escenario montado afuera de Palacio de Gobierno. Y así arrancó la noche llena de cumbia, sonidero y vallenato.

Entre aplausos, gritos y fotografías por parte del público colimense, Celso se sintió cómodo y sonriente para interpretar las piezas que todos esperaban. En esta ocasión no hizo falta El Gran Silencio para corear “Luna, llena mi alma de cumbia, saca de mi la locura, llévame a la luz y a la paz” ni tampoco Control Machete o Café Tacuba con su ritmo lento. A placer, los músicos se tomaron el tiempo necesario para complacer una a una las peticiones del público, dándose el lujo de repetir “Aunque no sea conmigo”.

El cantautor se mostró alegre y accesible con su público: regaló de sus discos lanzándolos a diestra y siniestra e inclusive organizó un pequeño concurso de baile en la tarima. Pero sin duda, uno de los momentos que evidenciaron la humildad del músico regiomontano fue cuando permitió que uno de los asistentes subiera al escenario con su acordeón. El joven músico trepó y respondió de buena manera a la confianza brindada e interpretó de excelente manera una de las clásicas de Celso, arrancando los aplausos del músico. Posteriormente, otro artista local tuvo oportunidad de mostrar los ritmos de su melódica. Celso incitó a los aplausos y reconocimiento del público hacia el muchacho, señalando que, aunque él mismo lleva más de 30 años en la música, también le tocó vivir y aguantar esas situaciones.

Momentos después, Celso se despidió. Pero al final de la noche Colima se hizo sentir aún más y, mediante aplausos, insistió con más música. Celso y los músicos que le acompañan accedieron, para cerrar con las ya clásicas estrofas: “puedes jurar que al que te tiene lo bendigo, quiero que seas feliz… aunque no sea conmigo”.

 Por Alejandro Ponce de León

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