Vislumbres

Práctica perniciosa.-

De nueva cuenta el “Congreso del Estado aprobó condonar el 100 por ciento de los recargos generados y las multas impuestas por la falta de pago oportuno en el año 2016 y anteriores, por concepto del impuesto predial en los 10 municipios del Estado”. Y borró de un plumazo, a quienes se decidan a pagar “durante octubre y noviembre” de este año, “la totalidad de recargos y multas a quienes adeuden los servicios de agua potable, saneamiento y alcantarillado de los 10 municipios del la entidad de este año o anteriores”.

En apariencia todo esto es muy bueno, pero ¿qué tanto es así?

La historia que sobre este tipo de asuntos se puede narrar es muy larga y tortuosa. Pero para no irnos demasiado atrás, digamos que se recrudeció durante el largo tiempo en que el gobierno de nuestro país (y por supuesto en nuestra entidad) estuvo bajo el dominio de un solo partido, y los perdones y los castigos igual los podía aprobar o dictaminar un juez, que deshacerlos o sobreseerlos un presidente municipal, sobre todo en materia de multas y recargos porque “fulano es mi amigo, porque zutano es mi compadre y porque mengano tiene una hermana con la que ando queriendo”, o porque el susodicho alcalde pretendía hacer carrera política y lo que menos quería, en consecuencia, es tener enemigos al frente y, sí, en cambio, paisanos agradecidos que más tarde podrían, en recuerdo de los favores recibidos, votar por él para otra candidatura.

La consecuencia más inmediata y conocida de perdonar multas y recargos a los ciudadanos morosos o desentendidos, sigue dando como resultado (porque éste es un  comportamiento social que aún continúa) que muchos de éstos se hagan cada día más morosos y desentendidos de SUS OBLIGACIONES SOCIALES, al cabo que ya saben que nada les pasará si no pagan sus impuestos a tiempo, porque siempre habrá en los gobiernos algunos políticos que muy equivocadamente se preocupen por “la pobre gente” y busquen el modo de condonarles todos sus rezagos, así sean éstos de diez años o más.

Otra consecuencia negativa que impacta fuertemente a los ciudadanos que sí se esfuerzan por ser puntuales en cuanto a sus pagos de impuestos, es que, éstos, al ver que nadie los premia por ser cumplidos, y nadie castiga a los que no lo son, poco a poco pueden ir cayendo en la tentación de no cumplir tampoco. Y así, de lo que parecía ser un acto bondadoso, deriva un círculo vicioso, porque las entidades públicas que deberían recaudar con suficiencia y a tiempo, no lo pueden hacer, y se imposibilitan después para afrontar los compromisos que como gobierno asumen; obligándose ante la urgencia (pero sin necesidad) a recurrir a préstamos cada vez más difíciles de pagar, y que suelen heredar, como vil lastre, a las administraciones siguientes.

En relación a esto último, todo parece indicar que nuestros actuales diputados (perdonadores de deudas y recargos) no tienen la más mínima idea de lo que están provocando, y de lo erróneo que sigue siendo para los municipios, el estado y el país, que a los ciudadanos se les condonen las obligaciones que por ser parte de una sociedad, necesariamente deberían cumplir.

Agua, refresco y cerveza.-

Ya en otras veces me han criticado algunos lectores porque al escribir como lo hago hoy les parece que me estoy poniendo del lado del gobierno y en contra de la sociedad, pero será tal vez porque no se ponen a meditar que si nosotros, como ciudadanos, queremos, pedimos, clamamos por buenos gobiernos, debemos, en consecuencia, esforzarnos por ser buenos ciudadanos también. Y los buenos ciudadanos son, como se nos explicaba en las clases de Civismo, aquellos que cumplen o realizan una serie de pequeños y sencillos actos que redundan en bien de toda la comunidad, comenzando, por ejemplo, por barrer todos los días el frente de sus casas; por mantener limpias y pintadas (aunque sea con cal) las fachadas de las mismas; por  no echar basura a la calle ni a los baldíos, o a los ríos y arroyos, como lamentablemente hacen muchos y, sí, también, por pagar nuestros impuestos con suficiencia y a tiempo.

En mis ya muchos años de trajinar, he escuchado repetidas ocasiones a funcionarios estatales y municipales que se quejan de la insuficiencia de las recaudaciones públicas que deberían entrar a sus arcas, pero, por otro lado, tanto los Ayuntamientos (alcaldes, síndicos y regidores), como los diputados locales, de repente se ponen a perdonar deudas, maleducando así a los que deberían ser ciudadanos cumplidos, e impidiendo, de paso, que esa recaudación se dé en la cantidad y en la suficiencia que debería de darse, porque tampoco se nos debe olvidar que muchas veces, en otros aspectos, esos mismos gobernantes abusan y se pasan de listos, quedándose con lo poco que se recauda.

El agua potable, por ejemplo (“Dios la da pero no la entuba” – decía un viejo eslogan recaudatorio-), cuesta traerla desde los manantiales donde se produce, o extraerla de los pozos profundos. Y en relación a eso algunos funcionarios de mirada corta dicen: “Mira, pobre gente, no tiene ni siquiera para pagar el agua potable”. Y van, como esta vez nuestros diputados, y no les cobran, o les reducen o les condonan sus adeudos de manera generalizada.

Pero si uno se pone a pensar, el asunto de la pobreza no es algo que alcance (o justifique) a todos los deudores morosos, y, por ende, ni los perdones, ni las reducciones, ni las condonaciones deberían ser generalizados, porque es ciertísimo que muchos propietarios de lotes baldíos y bienes inmuebles, ricos por lo demás, se valen de esas estratagemas para no pagar lo que deberían, siendo como son verdaderos terratenientes urbanos.

Y en cuanto a que “la pobre gente” no puede pagar el agua potable que consume en sus casas, habría que hacer algunos distingos también, porque el agua que llega a las colonias populares no pasa de costar tres pesos al día, mientras que a todos nos consta que la inmensa mayoría de nuestros paisanos (aún los presuntamente muy pobres), que no pagan el agua, sí tienen para consumir, aunque sea de fiado, sus cocacolas desde el desayuno, y hasta sus chelas (preferentemente caguamas) en la hora de la comida. Bebidas que evidentemente cuestan muchísimo más que los metros cúbicos de agua que consumen sus casas. Así que lo que falta en la mayor parte de ellos (porque siempre habrá algunos con carencias casi totales) es la responsabilidad, la organización y las ganas de “hacer un cochinito” (ahorrar, pues) para tener con qué pagar al menos el agua que usan para satisfacer sus necesidades cotidianas de higiene y alimentación. No se vale que todos los que beben cervezas y cocacolas digan que no tienen para pagar el agua potable, porque ésta nos cuesta (o nos debe costar) a todos. Y no se vale, tampoco, que nuestros supuestos “representantes populares” condonen o perdonen en general a los ciudadanos incumplidos.

Palabra molesta.-

Entiendo perfectamente que a nadie le gusta que se le imponga una obligación; que la palabra “impuesto” es una palabra molesta que nos causa irritación o nausea y que lo ideal sería que todas las sociedades funcionaran por cooperación. Pero como desde hace miles de años se ha visto que las sociedades no funcionan por cooperación, ni por la buena voluntad de la gente, todos los gobiernos del mundo que nuestros antepasados inventaron descubrieron la necesidad de conceder derechos e imponer obligaciones a sus miembros. Y, así, sólo así, un país va, o puede ir bien.

Muestras de ello hay, afortunadamente, muchas: ahí están Japón, Finlandia, Suecia, Noruega, Canadá, Corea del Sur y hasta Singapur. ¿Por qué si ellos pueden progresar no lo podemos hacer nosotros? ¡Ah, porque entre otras cosas, en las escuelas de todos esos países se les enseña a los alumnos a ser buenos ciudadanos, y porque sólo siendo buenos ciudadanos, pagadores cumplidos de impuestos, podremos tener derecho a exigir excelentes gobiernos. De lo contrario nunca saldremos de la mediocridad en que nos encontramos.

Tienen miedo.-

Ya para concluir quiero referirme a la sospechosa actitud que los diputados tricolores y sus corifeos del Panal, Verde y anexas están manteniendo delante (o en contra) del Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental, criticándolo cada que pueden, primero porque tuvieron trabajando en sus filas a un connotado panista, y ahora porque según ellos dicho Osafig les está entregando informes de cuentas pasadas con muchas “inconsistencias”.

En respuesta a lo anterior, los diputados panistas acaban de boletinar una respuesta aclaratoria: “Con mentiras y falsedades es como el PRI busca lavarse las manos, culpando al Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización, para eximir de cualquier culpa al ex gobernador [y a…] los ex funcionarios de su partido, señalados como responsables del quebranto financiero del estado […] “Es obvio – dijo en este caso el diputado Luis Ladino Ochoa- que el PRI está temeroso”, puesto que, de comprobarse el cuantioso “desvío de recursos” que el Osafig descubrió en las cuentas de 2015, “seguramente no sólo caerá MAM sino además muchos funcionarios del actual gobierno”. Aseveración que, conociendo las mañas de todas esas gentes, no es nada difícil de creer.

Y en ese mismo sentido, Sergio Jiménez Bojado, líder estatal de Morena, hizo a un reportero de Diario Avanzada una interesante observación: “El PRI busca controlar nuevamente al Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental (Osafig) con la finalidad de garantizar la impunidad para el ex gobernador Mario Anguiano Moreno y los ex diputados locales que se otorgaron un pago ilegal […] El dirigente estatal del PRI, Rogelio Rueda Sánchez, y el coordinador de los diputados, Federico Rangel Lozano, son ex funcionarios de la administración pasada que buscan proteger a los ex funcionarios y servidores públicos de su partido que están señalados por cometer irregularidades financieras”. Es muy difícil que alguien refute con éxito una declaración como ésa.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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