Diurnarius por Miguel Ángel Sánchez Romero.

 

Eran los 11:50 de la mañana del pasado 20 de octubre, cuando la Procuraduría General de Justicia del Estado, en un escueto comunicado confirmaba la noticia, que en algunos medios de comunicación y redes sociales ya corría como pólvora encendida, el presidente municipal de Ixtlahuacán, Crispín Gutiérrez Moreno, había sido ejecutado por un comando armado, sobre la autopista Manzanillo-Guadalajara, cuando se dirigía a la Capital colimense; unos cuantos kilómetros antes de llegar ciudad, el cuerpo del alcalde había quedado inerte sobre el asiento del copiloto del vehículo en el que viajaba, una bala certera le había destrozado el cráneo, arrebatándole instantáneamente la vida, mientras que su acompañante y chofer milagrosamente logró sobrevivir al ataque con rifles de asalto Ak-47 de los conocidos como “cuerno de chivo”.

El asesinato de Crispín Gutiérrez no solamente consterno a la población colimense, sino que se suma a la lista de políticos y funcionarios que han sido asesinados por la delincuencia organizada, en menos de dos años de gobierno de José Ignacio Peralta, el cual, hasta ahora no ha reaccionado a ninguno de los ataques cometidos en contra de servidores y funcionarios públicos, ni mucho  menos de los cometidos contra ciudadanos, como si estuviera de acuerdo con los sicarios o como si no lo importara la inseguridad que se vive en la entidad; lo cierto es que la población esta indignada con la tibia reacción del gobernador y la férrea defensa que hace de su gabinete de seguridad y de su “estrategia fallida”, que  no ha dado ningún resultado, solo números rojos y el desprestigio nacional e internacional, por lo que mientras el señor Ignacio sigan empeñado en defender lo indefendible, “Colima seguirá siendo un estado sin ley ni gobierno”.

Sin duda, la inseguridad en Colima a rebasado todos los limites, el homicidio del presidente municipal de Ixtlahuacán, no puede quedar impune ni mucho menos como otro misterio sin resolver, la autoridad deberá esclarecer el móvil del crimen y decir quién o quienes fueron los autores intelectuales, ya que de acuerdo a lo declarado por el gobernador se tiene dos personas detenidas vinculadas con el asesinato, por lo que no será difícil esclarecerlo y saber si fue por cuestiones políticas, por sus actividades agrícolas-empresariales, o por tener nexos con grupos criminales; lo cierto es que cualquiera que haya sido el motivo o razón por la que lo privaron de la vida, debe darse a conocer caiga quien caiga, la sociedad está cansada de escuchar mentir al que dice ser su gobernador, que prefiere ocultar la realidad que vive la entidad, que enfrentar los problemas y dar la cara.

Sin embargo, ante el asesinato de alcalde de Ixtlahucán, Crispín Gutiérrez Moreno resulta indígnate la reacción de José Ignacio Peralta, quien en un intento por  repartir culpas y deslindarse de responsabilidad, en un breve comunicado que resultó ser más una justificación que una condena a los hecho, se atrevió a señalar que “Este terrible hecho confirma la dimensión de los retos que tenemos los 3 órdenes de gobierno en materia de seguridad pública”, como si no fuera él, el responsable directo de garantizar la seguridad en la entidad; pero parece que Nacho nos quiere seguir mintiendo ya que no conforme con repartir culpas también, “aseguró que hoy, más que nunca, reitera a todas y todos los colimenses que no claudicará en la lucha por regresar la tranquilidad y la seguridad a la población, la pregunta es ¿de qué lucha habla, de cuál tranquilidad, cuál seguridad, a qué población se refiere?, porque desde que es gobernador, Colima es un estado sin ley ni gobierno.

Miguel Ángel Sánchez Romero

Analista Político

miguelinosan@yahoo.com.mx

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