COMENTARISTAS

0

VISLUMBRES

Abelardo Ahumada

Laura Sánchez Menchero es una inteligente mujer nacida en la Ciudad de México, pero que ya tiene algunas décadas de estar radicando en Colima, y Víctor Gil Castañeda es un manzanillense brillante que, impulsado por su vocación, tuvo que abandonar el puerto (donde le encantaba pescar) para venirse a inscribir en la Facultad de Letras y Comunicación de la U. de C.

Laura estudió la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana, donde también fue profesora-investigadora y coordinó el Área de Televisión del Departamento de Comunicación; mientras que Víctor se graduó a su vez como Licenciado en Letras y Comunicación y ha cursado cuando menos dos maestrías afines a las letras y a la docencia, tanto en la U. de C., como en la UNAM.

Laura se especializó en el manejo de la televisión como medio informativo y de entretenimiento, y trabajó por eso en el Área Modular de Televisión y Lenguajes, en el Departamento de Educación y Comunicación en la UAM, Xochimilco, y se convirtió después en productora y guionista de diversos programas incluso para Televisa, y le tocó fundar y dirigir en nuestra entidad el Canal 12 del gobierno del estado, así como dirigir obras de teatro y coordinar algunos trabajos más, de carácter cultural. En tanto que el maestro Castañeda se convirtió en catedrático de su misma facultad, es autor de nueve libros personales, relacionados con el género del ensayo, el periodismo cultural y literario y es uno de los más reconocidos difusores y analistas de la literatura colimota.

Menciono todo lo anterior porque ambos personajes fueron los que me hicieron el grandísimo favor de leer primero, y comentar después, Las últimas rebeliones, la más reciente de mis novelas. Exponiendo, cada cual a su modo y desde su perspectiva, un análisis de la misma y las impresiones que tuvieron al estarla leyendo.

Sé que no es usual que un columnista utilice su espacio para difundir o comentar sus propias obras, pero ruego a los lectores que me perdonen en esta ocasión por dedicar este espacio para publicar algunos de los comentarios que la licenciada Laura y el maestro Gil redactaron sobre la mencionada obra. Y quiero solicitar también el perdón de ellos por entresacar (de todo lo que escribieron y expusieron) sólo unos cuantos párrafos que nos pudieran servir como muestra de todo lo demás:

LA VISIÓN DE LA GUIONISTA. –

“Me di a la tarea de leer exhaustivamente este volumen lleno de la pasión y obsesión de su autor. [Tiene toda una …] constelación de personajes a quiénes les dio vida, me hizo escucharlos, conocer sus sentires, sus sueños, sus miedos y ambiciones, a quienes vi sufrir y también amar o llenarse de odio y otras veces de regocijo o embelesarse ante lo ignoto…

“[El autor] no pasa por los parajes.  Él está con todo su ser en todos esos rincones.  Escudriña, escucha, contempla, siente, huele, toca y descubre de qué está hecho cada espacio con todos y cada uno de los pequeños seres que lo habitan… El silencio es su mejor compañero.  Observa y aprende.   Y con todo este inmenso archivo acumulado por sus tantos años como andariego de la vida, es como nutre e insufla vida a los 47 indígenas y 54 españoles que crea en este libro que hoy presentamos…

“Manejar 101 actores no es cosa fácil. Ni lograr que cada uno tenga su escaño y su trayectoria bien definida, dando sentido a sus acciones… Escribir sin otra pretensión que la de hacernos conocer los hechos históricos aquí vividos, a través de las vicisitudes de sus personajes que creativamente imagina Abelardo, tiene como resultado una muy buena novela histórica.  Y esta es la mejor manera de aprender historia…

“Dentro de los géneros literarios, la enmarco en la tragedia porque los personajes que intervienen en el relato se enfrentan a un desenlace funesto.  A una fatalidad irremediable.  En la tragedia, existe la necesidad humana en sus personajes de saber cuál es su lugar en la existencia porque siempre se toca un punto profundo que es nuestra mortalidad; los protagonistas no son buenos, ni malos; no son víctimas, ni victimarios, ya que sólo actúan bajo los designios de los dioses y acaban en la muerte, en el exilio o en la destrucción física, moral y económica después de que los actores cometen un error fatal intentando hacer lo correcto.

“Esta obra tiene, además, un estilo épico que narra con gran precisión visual los encuentros belicosos entre los guerreros de ambos bandos. Los valientes y osados indígenas, tal vez más numerosos, pero avasallados por los hierros y las trompetas de fuego de los españoles que en número eran menos…

“La lectura de este libro nos concede ver como humanos tanto a los indígenas como a los españoles. Humanos actuando lo que les tocó vivir en su momento histórico y desde sus emociones humanas, sometidos a designios de reyes, tlatoanis y dioses… La lectura de esta novela histórica me atrapó. Avanzaba rápido por entre los 67 episodios divididos en dos partes. Y el avance era sin cansancio, más que el que trae consigo las horas de la noche cuando el cuerpo pide cama y buen reposo…

“[A quienes se decidan a incursionar en sus páginas] esta lectura les aportará un conocimiento con querencia, como cuando los abuelos se sentaban a relatar en las largas noches de antes, sobre las historias y leyendas de personajes y lugares. Algo así me sucedió con este libro. Ahora que paso por los lugares relatados, trato de imaginarlos tal como los describió Abelardo y trato de ver a estos personajes escondidos tras los árboles o piedras, o imagino los humos que las hogueras que anunciaban un caserío próximo…

“Esta es una novela histórica bien relatada, basada en los datos que los archivos documentales arrojaron, mismos que Abelardo detalla con especificidad al final del libro… No se queden con las ganas y adquieran este libro que mucho les va a gustar, porque no tiene más pretensión que la de contar y contarlo bien.   Y, como corolario, traigo a Octavio Paz que dijo: “La verdadera literatura es aquella que a través de ficciones y mentiras dice la verdad escondida”.

LA VISIÓN DEL CATEDRÁTICO. –

“A principios del mes de diciembre de 2018 el profesor, cronista e historiador, Abelardo Ahumada González, me hizo llegar su más reciente obra titulada: Las últimas rebeliones. Se trata de una novela histórica, ubicada en las tres primeras décadas del siglo XVI. Es decir, entre 1510 y 1530. Es una obra extensa, con un total de 525 páginas. Está dividida en dos partes. La primera se compone de 42 subcapítulos y la segunda de 25 subcapítulos. Para favorecer la lectura y orientar a los interesados en el documento, el autor nos entrega, como buen pedagogo y maestro, 7 anexos complementarios que son: el Mapa de Colima y sus alrededores hacia 1530; el sustrato histórico de la novela; los personajes protagonistas y antagonistas, más una breve descripción de ellos; un prólogo muy ilustrativo hecho por el Dr. Cuauhtémoc Vidal Acotzin; una nota previa; las dedicatorias y los agradecimientos.

“No podemos dejar de mencionar la calidad de impresión lograda por la empresa colimense Puerta Abierta Editores […] La obra contiene un dibujo de portada elaborado por José Guadalupe Lepe Alcaraz. El diseño es de Ana Martínez Alcaraz.

“Localicé 69 temas particulares en la novela que me sería imposible explicarlos todos en esta presentación. Citaré algunos de éstos tópicos o asuntos que el narrador nos va ofreciendo a lo largo de las escenas: los motivos para escribir el libro; la visión parcial de la conquista por parte de los historiadores; los dioses y divinidades prehispánicas de esta región; los daños ocasionados por la conquista española; las condiciones socio-culturales de los colimecas conquistados […] la ambición exagerada del oro y otras piedras preciosas por parte de los españoles; la esclavitud y la explotación laboral de los grupos indígenas de la antigua región de Colimán […] las armas de los grupos autóctonos; la precisa descripción del poderío de las armas españolas; las frecuentes erupciones volcánicas de la región; las bellezas de la naturaleza colimeca […] la magia, hechicería y sus brujos […] los antiguos nombres de los pueblos colimecas; las terribles enfermedades transmitidas por los españoles, etc.

“La novela Las últimas rebeliones inicia su narración el 20 de marzo de 1529, cuando los guerreros indígenas suben al Volcán de Fuego de Colima. Van acompañados por Ocpactli, esposa del jefe de la tribu y le hacen una ceremonia religiosa al Dios del Fuego. También los acompaña su sabio sacerdote, Tecolcóatl, quien fue hijo del Tlatoani o antiguo Rey Colimótzin. Lo que vemos posteriormente es la forma dramática en que cada una de las comunidades habitadas por los indios, son hechas esclavas, sometidas al yugo español, forzadas a trabajar en las minas, la siembra y la cosecha en beneficio de los colonos conquistadores.

“Por si fuera poco, los conquistadores abusan sexualmente de las mujeres indígenas más hermosas, convirtiéndolas en concubinas, amantes y raras veces, muy raras, casándose legalmente con ellas. La novela también hace fuertes denuncias contra los españoles, por la poca piedad que tenían hacia los indígenas, como seres humanos, ya que daba la impresión de que para ellos solamente eran bestias de carga, peones que podrían morirse en cualquier momento sin importarle a nadie, o sujetos de los que debían aprovecharse con toda crueldad. […] Otra escena que me impactó fue cuando los colonos españoles empezaron a herrar o marcar con fierros candentes, en la cara y en la espalda, a los esclavos colimecas, así como a otros indígenas que habían sido traídos de las regiones cercanas de lo que hoy se conoce como Jalisco y Michoacán.

“Agreguemos a esto que los templos y adoratorios de los antiguos colimecas fueron destruidos, sus chozas quemadas, los pueblos destruidos y el medio ambiente alterado en forma negativa debido a la extracción minera. ¿Qué podría esperarse de todo este panorama desolador e inhumano?  Claro: la sublevación y la protesta unificada. Por eso hubo muchos líderes colimecas que convencieron a sus pueblos para que atacaran a los invasores, pues era mejor morir como valientes guerreros, que dejarse aprehender para ser esclavos. Y este movimiento armado es el que da título a la novela…

“En este panorama bélico, los indígenas ganan unas cuantas batallas, pero la guerra final es obtenida por las huestes de los militares españoles. Así lo deja ver el autor en la última escena titulada “La cruz del sur” donde se describe [la mortandad que estos últimos padecieron al pie del volcán …] Ésta última batalla es desigual. Pierden los indígenas. Sus cuerpos quedan apilados en sanguinolentos montones, para alimento de los rapaces zopilotes. La lucha ha sucedido en las cercanías de Ocotítlan, donde se quedan a descansar y pernoctar los conquistadores. El otro líder indígena, Tecocóatl, está muy triste, pues ve, como un mal presagio para ellos, la negrura de la arboleda que cubre la montaña, mientras una cruz se forma, misteriosamente, en la primera constelación o grupo de estrellas que aparecen en el frío horizonte del anochecer. Esta última visión es demoledora, pues encuadra perfectamente con los presagios y premoniciones que cuentan los Cronistas de Indias en sus textos. Vaticinios funestos que asustaron a los sabios y hechiceros de la corte de Moctezuma, antes de la llegada de los españoles…

“Por su riqueza documental, bibliohemerográfica, calidad imaginativa y didáctica, esta novela debe ser recomendada en todos los niveles de primaria y secundaria, así como en otros grados superiores donde se imparta la materia de Historia Patria, Historia Antigua, Historia Prehispánica, Historia Mesoamericana, o como ahora se les llame a estas asignaturas. Su autor nos ha venido a comprobar que el soporte de una obra literaria no solamente es la experiencia acumulada o los hechos vividos por el escritor. También cuentan sus conocimientos, la información recuperada en archivos, la búsqueda inalcanzable de la famosa Verdad Completa que tanto ha preocupado a los intelectuales del mundo y todas las épocas.

“Abelardo Ahumada González sigue una trayectoria precisa en este libro, que viene a ser una especie de continuación a sus obras anteriores con temáticas similares. Hablamos de los textos: En busca de la identidad perdida. Una aproximación a la vida, costumbres y sistema educativo de los antiguos colimecas (investigación del 2003); Mitos y realidades de la conquista y fundación de Colima (investigación del 2006); Colimótzin (novela histórica del 2007) y El camino de Miraflores (novela histórica del 2017)”.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.