Por: Eduardo Bravo

Columna: Ajedrez Político

Transcurría el mes de enero del 2020. Los mexicanos nos encontrábamos dormidos en nuestros laureles. A través de la radio y la televisión circulaban noticias, de que en China había brotado un virus mortal y de rápida propagación. El apocalipsis pregonaban los creyentes. 

Diferentes fuentes localizaban el brote de la nueva amenaza bacteriológica, en los mercados de la ciudad China de Wuhan. La prensa internacional se encargó de difundir que una nueva amenaza acabaría con la humanidad, y no era una guerra atómica. Cientos, tal vez miles de videos de los mercados chinos se hicieron virales en la red, en las imágenes se mostraban las condiciones antihigiénicas con las que se vendía carne de animales recién sacrificados. 

Las redes sociales se inundaron con teorías conspirativas, que hasta el momento no se han podido verificar. Una parte de la fina rumorología opinaba, que el coronavirus fue introducido por los Estados Unidos en China para desestabilizar la economía del gigante asiático, la otra parte aseguraba que el nuevo virus fue una mutación causada por comer animales exóticos como murciélagos, y los últimos decían que era un castigo divino para salvarnos del pecado.

Aclaro, en ese momento todo el mundo sintió gran repudio hacia lo asiático, y de lo que ocurría en los puestos de venta de pieles, carne y verduras del epicentro bacteriológico, como lo fue la ciudad de Wuhan. Lo más risorio es que las condiciones insalubres no solo se dan los países asiáticos, también lo podemos encontrar en gran parte de los mercados de diferentes países. Con esto quiero decir que la higiene no es solo cultural, también es personal y responsabilidad de cada comercio. 

Después de detectar las primeras 800 personas contagiadas, el gobierno Chino puso en cuarentena la ciudad de Wuhan, la cual tiene una población de 11 millones de habitantes, siendo una de las 7 ciudades más grandes del país asiático. A través de las noticias podíamos apreciar que todas las personas de la ciudad en cuarentena, fueron obligadas a usar cubrebocas o en su defecto algún trapo que les tapará nariz y boca, medida dictada por las autoridades chinas, para disminuir la propagación del virus.

A la distancia. Del otro lado del mar. Detrás de los muros construidos por nuestros gobiernos.  Sin pensarlo siquiera. El virus viajó miles de kilómetros, cruzando divisiones territoriales,  como un inmigrante qué busca un mejor sitio en donde vivir. El viajero fugitivo se escabulló como un polizonte en las maletas de los turistas que viajaban en aviones, barcos y camiones. El coronavirus cruzó el epicentro de la pandemia, para dirigirse a todas las direcciones del globo terráqueo. Ningún país se salvó. En pocos días los gobiernos reportaban los primeros casos en sus territorios nacionales.

En México el primer caso del nuevo virus, se detectó el 27 de febrero de 2020, se trataba de una persona que llegó al país en un vuelo procedente de Europa, lamentablemente dicha persona falleció. Así como llegó, también se propagó de manera muy rápida. Solo dos meses después del primer caso, el número de pacientes aumentó a casi 20 mil infectados, de los cuales 2 mil perdieron la vida, según información oficial. 

Continuará…

*Autor de la columna “Ajedrez Político”, Licenciado en Administración Pública y Ciencia Política, por la Universidad de Colima, analista independiente en temas sociopolíticos y colaborador en diferentes medios digitales.

Eduardo Bravo

*Autor de la columna “Ajedrez Político”, Licenciado en Administración Pública y Ciencia Política, por la Universidad de Colima, analista independiente en temas sociopolíticos y colaborador en diferentes medios digitales.

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