Seguramente tú también extrañas lo que éramos antes. Tan solo mira a tu alrededor, vivimos en un mundo lleno de apariencias  donde  hemos reemplazado la felicidad por cosas superficiales. Ya no sentimos, no amamos, y ni siquiera somos.

A través del tiempo perdemos la conexión con la naturaleza.  Olvidamos lo bonito que se siente dar un abrazo, sonreír a una persona desconocida o simplemente estar con alguien; es una sensación que  ya casi no se siente. La magia en el mundo se está perdiendo. Incluso, necesitamos un manual sobre como querer a alguien, porque naturalmente, ya no lo sabemos.

Hay una ausencia de sentimientos en nuestro interior. Somos polvo de estrellas pero no brillamos. Preferimos llenar nuestros vacíos con objetos materiales, porque estamos siendo educados con la mente y no con el corazón. Tenemos miedo a ser diferentes y por eso aparentamos lo que no somos.

Lo que ahora nos preocupa es disfrutar cada día como si fuera el último, pero la locura no es sinónimo de  descontrol y la mayoría aún no sabe distinguirlo. Queremos ser felices, pero terminamos eligiendo el camino equivocado; el más fácil, el que no duele. Estamos atrapados en las telarañas que nosotros mismos vamos tejiendo para proteger nuestra fragilidad de humanos.

Es una maravilla coincidir en este universo, aunque no lo sabemos apreciar. No nos atrevemos a ver más allá del mundo físico y nos dejamos guiar por lo que vemos a simple vista. Nos volvemos locos por un rostro o un cuerpo perfecto y lo admiramos como si realmente fuera un mérito o una virtud, pero; y ¿lo de adentro? ¿lo profundo? . “No se ama a una persona porque es bella, es bella porque se le ama”.

Cambiemos de aires. Cambiemos la forma de ver la vida, de  vivirla. No caigamos en la tentación de la superficialidad, regresemos a lo que éramos antes. Adoremos las imperfecciones. Seamos curiosos. Seamos más humanos. Maravillémonos de las cosas sencillas. Enamorémonos de los momentos más que de los objetos, pero sobre todo descubramos ese grandioso humano que se esconde tras las apariencias.

Porque al final de día,  quien no lucha, quien no cree, quien no ama, quien no siente y quien  no escucha a su corazón, no es feliz.

Andrea Montserrat Arreola Ramírez

Estudiante de la carrera de Comunicación

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