Jesús CP

por Jesús Cuevas.

Por décadas, los gobernantes nos han vendido la falsa idea de que el concreto y el asfalto son símbolos de progreso, siendo que estos no lo son más que para las constructoras y sus intermediarios. Bajo la actual tendencia mundial hacia el naturalismo, y el desarrollo de la conciencia ecológica, es preciso frenar la plaga que invade nuestros suelos: el asfalto.

Colima tiene la bondad de contar (todavía) con la mayoría de sus calles empedradas. Así deberían permanecer. Desafortunadamente, ya es común ver en todo el estado, cómo los ayuntamientos olvidan el más básico mantenimiento a las calles que se encuentran empedradas desde hace décadas. Peor aún, desde hace unos años, es común ver cómo rellenan con asfalto los baches de los empedrados, aplicando una solución rápida, en lugar de una acorde, arruinando así las calles municipales.

Son múltiples las ventajas que ofrece el empedrado como forma de pavimentación, siendo la principal, lo amigable que éste es con el medio ambiente. Por algo se ha utilizado durante más de 2500 años.

El empedrado, colocado con base de tierra o arena, permite la filtración del agua y por lo tanto, un mejor reabastecimiento de los mantos freáticos. La filtración a su vez, en comunión con la tierra y la arena, promueven el desarrollo de microorganismos y minúsculos pastizales que permiten una mejor oxigenación del suelo, que a su vez se traduce en microespecies que forman parte de la cadena alimenticia, y por lo tanto, catalizan el desarrollo de la flora y la fauna en las regiones. Una mejor filtración, además, lógicamente evita el escurrimiento y encharcamiento ante lluvias moderadas.

En lugares como nuestra bonita ciudad, que durante el verano llegamos hasta los 35°, el empedrado ofrece una menor absorción térmica y un enfriamiento más rápido comparado con materiales como el asfalto o el concreto hidráulico.

Por otro lado, sólo son dos las principales ventajas del asfalto sobre otros materiales: la maleabilidad en el proceso de pavimentación, pero sobre todo, el bajo costo en su aplicación y mantenimiento (principalmente en vías de muchos kilómetros). Ventajas principalmente económicas.

Es verdad, el empedrado tiene la desventaja de ser poco amigable con la suspensión de nuestros vehículos (aunque muchas veces es precisamente por el nulo mantenimiento que se le proporciona), pero pregunto: ¿construimos las ciudades para nosotros sus habitantes o para los automóviles? Yo prefiero ciudades amigables para mí, para mi gente y para la naturaleza, que para mi coche.

Por eso propongo:

  • Dejemos el asfalto para las carreteras y desterrémoslo de las ciudades.
  • Volvamos al empedrado en las calles de baja velocidad y circulación en la ciudad.
  • Para calles de mediana circulación y velocidad, utilicemos empedrado con huellas de rodamiento adoquinadas.
  • Y sólo para avenidas y calles de alta velocidad, utilicemos, ahí sí, el concreto hidráulico.
Jesús CP.

"Hombre de costumbres."

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