¿Cómo verán en el comité ejecutivo nacional del PAN la elección del dirigente estatal en Colima: como una lucha para quitarle al senador Preciado el control del partido o como la oportunidad de preservar la autonomía e independencia de una fuerza de oposición en uno de los pocos estados de la república donde aún no habido alternancia?

Los operadores políticos de la campaña de la diputada local con licencia Julia Jiménez creen que el movimiento se puede vender fácilmente ante la opinión pública, como una legítima batalla en contra del caudillismo de Jorge Luis Preciado, quien se sabe está detrás de la postulación de Enrique Michel.

Sin embargo, los militantes panistas en activo, con más de un año de membresía, que son quienes van a votar, y Ricardo Anaya, presidente nacional del blanquiazul, no se engañan, deducen lo que implica el proyecto a cargo de Pedro Peralta Rivas: poner al único partido opositor capaz de ser un contrapeso al régimen priista, al servicio del gobernador Ignacio Peralta Sánchez.

Desde una concepción torcida de la gobernabilidad, este sería un escenario ideal para el mandatario colimense, tan necesitado por lo demás de alicientes pues a menos de un año de haber asumido el poder se enfrenta a niveles de aceptación popular bajísimos, como si estuviera a punto de entregar el mando y no se tratara de un ejecutivo que debería estar viviendo todavía su luna de miel con la ciudadanía.

Lo bueno de las elecciones internas del PAN es que los votos cuentan y se cuentan. Lo malo de la política mexicana es que los votos se venden, y a mayor demanda se cotizan más. Las ofertas del grupo de Peralta para robarle la clientela a Preciado terminaron por bursatilizar la contienda. Ambos bandos prometen futuras candidaturas, pero los panistas tendrán que decidir quién está en condiciones de cumplir esos compromisos.

El problema de Julia Jiménez es que sus apoyos vienen de fuera del PAN, Peralta Rivas está apunto de ser expulsado. Y en un partido cuyas siglas pesan tanto que han salido electos candidatos que con otros colores no habrían resultado en absoluto competitivos, no volver a ser postulado por Acción Nacional tendría enormes costos políticos. Leoncio Morán (con Movimiento Ciudadano) y Esmeralda Cárdenas (con el Partido Verde) son pruebas vivientes de que cuando se va por la libre se requiere de un enorme capital político para ganar.

Pese a su carácter, Enrique Michel Ruiz es un cuadro de larga trayectoria. Fue dos veces candidato a la gubernatura, alcalde de la capital y diputado local. Director del Centro SCT en algún otro estado, en Manzanillo fue director de la Administradora Portuaria Integral.
Fungió como secretario general del comité directivo estatal pero cedió su puesto para que Jorge Luis Preciado encontrara el cargo con el cual ejercer formalmente el liderazgo moral que se le había concedido como ex candidato a gobernador sobre la dirigencia de Jesús Fuentes y la bancada panista en el Congreso, que en ese entonces todavía era mayoritaria.

Fue recompensado con un discreto nombramiento como auditor de Obra Pública en el Osafig, donde seguro amenazaba los intereses de los auditados al grado que desde la administración estatal, vía el PRI, se lanzó una ofensiva para removerlo basada en el absurdo de que la ley no menciona la carrera de ingeniero civil entre las profesiones que puede tener ese auditor. Verdadero disparate, interpretación maliciosa de un artículo que evidentemente menciona profesiones como contador público o arquitecto como alternativas a la que obviamente es idónea: la ingeniería civil.
La defección de tres diputados que fueron electos como panistas invirtió la mayoría legislativa a favor del oficialismo, y el auditor mayor aceptó cesar a Michel Ruiz ante el riesgo de ser removido el propio Carlos Armando Zamora. Tanto era el encono del gabinete de Nacho Peralta en contra de Enrique Michel.

La elección de dirigente estatal se vuelve un asunto prioritario para las corrientes del panismo en el estado, pues la que controle el CDE decidirá en buena medida el apoyo que los panistas de Colima le den a los aspirantes a la candidatura presidencial, y administrarán la asignación de candidaturas locales y federales en 2018, una elección en la que no sólo se renovará el Senado, la Cámara de Diputados y el Congreso local, sino que por primera vez en la historia podríamos ver en Colima la reelección de alcaldes.

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