Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

No basta con retuitear o compartir todos los comentarios vertidos por el presidente López Obrador para ser parte de la llamada Cuarta Transformación. No basta con citar después de cada frase el nombre del presidente López Obrador para ganarse la complacencia ciudadana. Tampoco basta con repetir como un perico las posturas del presidente López Obrador con respecto a la corrupción, la traición, el robo y la mentira para reafirmarse como un político honesto, leal o veraz. Todo lo anterior lo ha ejemplificado claramente, y de forma muy negativa,  el diputado Vladimir Parra, a quien por fin han removido de la presidencia del gobierno Interno del Congreso de Estado precisamente porque no solo había provocado una ingobernabilidad terrible al interior del palacio legislativo sino porque además había perdido, a pulso, el liderazgo entre sus compañeros congresistas. Dónde se ha visto y cómo se puede creer que el encargado de la gobernabilidad del Congreso del Estado vaya a terminar dándole de empujones y patadas a la policía solo por pretender reventar una sesión ordinaria en la que no era bienvenido. El diputado Vladimir Parra empezó a cavar su propia tumba desde que no cumplió con ninguna de las promesas que hizo en campaña, entre ellas la de bajarse el sueldo. No obstante toda la labia que gastó en querer engañar a la población con pobres entregas de su salario a diferentes asociaciones colimenses para con ello encubrir sus mentiras, la ambición de permanecer en la presidencia del Gobierno Interno del Congreso llegó a su fin de una manera lamentable y ahora ocupará su lugar el diputado Carlos César Farías, quien fue votado por la mayoría de los legisladores, quienes con esto demostraron que lo que hizo el diputado Parra Barragán durante su gestión fue un desastre. Lo malo es que, pese a que la mayoría se impuso, el diputado Vladimir Parra no ha asumido una actitud madura, la cual impone un examen de conciencia y una aceptación de todas las barrabasadas que ha hecho en detrimento de esta legislatura. Al contrario, como el diputado Parra Barragán todavía cree que tiene la razón (poco le ayudan quien así se lo dicen al oído), él sigue haciendo berrinche con el cuento de que su destitución fue ilegal. Lo malo en este caso es que no solo fue legal, sino que además fue justa. Los colimenses no queremos en la presidencia del gobierno Interno de uno de nuestros máximos poderes a un político  que solo piensa en sus intereses personales. Por eso, es plausible que se haya tomado la decisión de destituirlo antes de que causara más agravios en contra de la mayoría de los legisladores y, por extensión, de la población que ellos representan. Ojalá que los legisladores que todavía lo siguen, que cads vez son menos, hagan un alto y rectifiquen pues lo que están siguiendo nada  más es a un político al que la ambición de poder lo hace delirar, y ahora no estamos ya para delirios. Sea, pues, para bien este cambio, y ojalá que, como lo declaró el nuevo presidente de Gobierno Interno, Carlos César Farías, se recobre el orden, la gobernabilidad y la pluralidad en el recinto legislativo.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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