José Luis Santana Ochoa

TAREA POLÍTICA

La que el gobierno del priista-verde ecologista-petista y panalista Enrique Peña Nieto ha venido imponiendo en perjuicio de los bolsillos de los mexicanos por dos vías: la devaluación de su moneda que ya va en un 61% desde que inició su nefasta gestión hasta la fecha, y los inmisericordes gasolinazos como el que acaba de recetarles de saludo de año nuevo. Tanto o más que tales abusos de poder,  lo que calienta es la farsa, el cinismo, la burla, la risita, del bombón mexiquense que en junio de 2012 había asegurado a la ciudad y al mundo que “se trata de que cada familia mexicana sienta los beneficios de un buen gobierno día a día”. No pos’ sí. Sus hechos avalan sus dichos. ¿O no?

“Y honrando mi palabra con los mexicanos no propondré nuevos impuestos ni incrementos a los existentes. Anuncié que gracias a la Reforma Fiscal  se habría de evitar a partir de este momento, del momento de mi anuncio, incrementos a la gasolina. Se acabaron los gasolinazos que tanto lastimaron mes a mes la economía de las familias mexicanas”, prometió públicamente en enero de 2015 quien impuso como gobernador de Colima a José Ignacio Peralta, otro de su misma calaña que por iniciativa propia asumió el compromiso de garantizar la seguridad de los colimenses a quienes haría felices. Más que visto está que ambos dos no han honrado, sino todo lo contrario, la palabra empeñada. Y es que prometer políticamente no empobrece, incumplir es lo aniquila las posibilidades de que el PRI con sus satélites retengan en 2018 la presidencia de la República, lo que a quienes realmente mandan y gobiernan en el país les importa una pura y dos con sal porque ya impusieron su ley de Herodes.

Hace menos de un año el presidente que distrajo al respetable con la farsa mediática de los XV años de Rubí para clavarle la puñalada trapera del nuevo gasolinazo presumió que “por primera vez en 24 años bajaron los precios de la gasolina. Con acciones como estas en 2006 seguiremos quitando obstáculos”, pero todavía no terminaba el año que se fue para no regresar jamás cuando la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) anunció con bombo y platillo los precios máximos que del primero de enero al 3 de febrero de 2017 tendrán las gasolinas y el Diésel “rumbo a la liberación de sus precios”. Gracias a Enrique Peña Nieto que como candidato a la presidencia de la Republica abusó hasta el cansancio del “te lo firmo te lo cumplo”, la gasolina magna cuesta ya 15.99 pesos el litro; la Premium, 17.79 (en la ciudad de México podría llegar a los 18.20) y el Diésel 17.05, que en términos porcentuales equivalen al 14.2%, 20.1%  y 16.5%, respectivamente, altos precios  que serán un fuerte golpe inflacionario a la economía nacional y a los bolsillos de los mexicanos.

Según cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, los recientes  aumentos a los combustibles fósiles  que el todavía presidente de Peña le recetó sin misericordia al noble y estoico pueblo de México son los  más altos  desde que se tiene registro de tan perniciosa práctica que inició en enero de 1997. Mientras que el palero presidente de la Comisión de Energía de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) , Daniel Vázquez, sale con que “con la eliminación del esquema de proveedor único de gasolinas a cargo de Pemex habrá inversiones de 14 mil millones de dólares”, la SHCP informa que “el incremento responde al aumento de los precios internacionales de los combustibles  y no implica ninguna modificación o creación de impuestos”, pero pasa por alto que el precio de referencia internacional de los mismos no representa ni la mitad de lo que termina pagando el consumidor al que le carga el Impuesto Especial a la Producción y Servicios(IEPS) que es del altísimo 26% y el IVA y otros conceptos que alcanzan el 17%.

Está más claro que el agua de CIAPACOV el hecho de que el Gobierno Federal tiene en la comercialización de los combustibles fósiles a un muy lucrativo instrumento de recaudación fiscal que nunca jamás va a moderar bajándoles IEPS e IVA  a  la gallina de los huevos de oro que son los cautivos consumidores. Lo mismo hace y hará per ‘secula seculorum’ con la devaluación  que le permite  expropiarle para su beneficio poder adquisitivo al pueblo que por ello nunca tendrá ni impuestos justos y equitativos ni moneda fuerte sino todo lo contrario.

EL ACABO

  • Las políticas públicas del Gobierno Federal que privilegiaron el uso y abuso del automóvil como medio individualizado de transporte en detrimento del colectivo, el nulo desarrollo de nuevas tecnologías y energías limpias son las causantes del estado de indefensión en que se debaten los consumidores de gasolina que ya no sienten lo duro sino lo tupido.
  • Sabedor de que su partido de origen, el Revolucionario Institucional, tiene ya perdidas las elecciones presidenciales de 2018, a Enrique Peña Nieto y su pandilla les vale madres lo que sientan o piensen los electores mexicanos. Lo mismo sucede en Colima, corregido y aumentado, con el gobierno del muy paseador inversionista inmobiliario Ignacio Peralta que no atina a dar pie con bola.
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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