Abelardo Ahumada

Vislumbres por Abelardo Ahumada.

Difícil de creer.-

Hoy, cuando el uso del internet y el teléfono celular son cosa tan cotidiana, muchas personas ignoran, o no recuerdan, que no siempre fue así, y que hace apenas muy pocos años que estos impresionantes inventos existen.

Sin ir más lejos, quiero hacerles notar (sobre todo a los jóvenes), que hubo una época, no mucho mayor de cuarenta años, que cuando deseábamos comunicábamos a distancia con amigos o familiares, teníamos que hacerlo por carta o por telegrama, pues no había teléfonos en la mayoría de las casas. Y que hubo otra, ligeramente más vieja, en que cuando los sexagenarios de hoy éramos niños, no había siquiera televisión en Colima. Y otra más que cuando los actuales octogenarios cursaban la educación primaria no había un solo kilómetro de carretera en todo el estado, y una ligeramente más antigua que cuando nuestros abuelos deseaban ir más allá de la entonces muy pequeña capital de Colima, o se iban en el tren, o a pie o en bestia a donde aquél no llegaba. Así que no hace aún mucho tiempo de todo eso.

El telégrafo.-

La primera noticia que se tuvo en Colima respecto a la posibilidad de que un día pudiese haber aquí un sencillo aparatito de telégrafo, llegó desde Guadalajara un día de principios de 1868, cuando se supo que días atrás se había completado la instalación del “alambre del telégrafo” entre esa ciudad y la capital del país. Pero tuvo que pasar casi un año para que, en febrero de 1869, dicho cable llegara a su vez a la profundísima  Barranca de Beltrán, enfrentando, sin embargo, enormes dificultades técnicas para salvar ese gigantesco abismo, puesto que para la instalación del “cable” era obligado, primero, cavar hondos pozos en sus casi verticales paredones, para enterrar en ellos los postes que lo sostendrían. Y ya podemos imaginarnos también las enormes dificultades que implicaba el solo hecho de bajar al barranco los rectos postes, pues no había en esa época ni grúas, ni motores, ni nada que se les pareciera, excepto mulas, sogas y rústicos malacates operados también mediante tracción animal, como los que se usaban en los tiros de las minas.

Pero finalmente se supo que el día 12 de marzo se habrían de colocar los últimos postes en la Calle Real, y tanto el Gobernador, como las personas más encumbradas y las más humildes, esperaban con ansia que ese día llegara.

Un redactor del periódico El Estado de Colima, dejó al respecto su testimonio del júbilo que provocó ese evento. Léalo usted:

“El día 12 del corriente llegó á esta Capital [de Colima] el alambre telegráfico de la línea que tiene que establecerse de Guadalajara al puerto de Manzanillo.

A las diez de la mañana del citado día se verificó la inauguración de esta importantísima mejora, en cuya hora se despacharon varios mensajes del Gobierno del Estado, de la Comandancia Militar, del Ayuntamiento, de la prefectura y de algunos particulares. Por algunas contestaciones que se recibieron supimos que á esa hora había habido en Guadalajara una fuerte tempestad, que habían caído muchísimos rayos y que todo el día estuvo haciendo mal tiempo.

Convencido el Ayuntamiento de esta Capital de los inmensos beneficios que deben resultar al Estado con el establecimiento del telégrafo, quiso solemnizar su inauguración de la manera más lúcida que fuera posible, y al efecto solicitó donativos del Gobierno del Estado, de los empleados del mismo y de algunos particulares, quienes lo hicieron, reuniéndose una cantidad considerable.

Al romper el alba, las músicas tanto de cuerda como de viento recorrieron las principales calles de la Ciudad, se quemaron multitud de cohetes y hubo un repique á vuelo de campanas.

A las diez del día se sirvió un almuerzo á los trabajadores que se han ocupado en la colocación del alambre, y á la una de la tarde se sirvió otro en el Hotel Sociedad de Colima, á los empleados del telégrafo, y á las personas que con anterioridad habían sido invitadas, pronunciándose antes, por el C. Lic. Francisco E. Trejo, orador nombrado por el Ayuntamiento, el discurso [oficial]”…

El teléfono.-

Pero no fue sino hasta el mes de junio de 1882 cuando un extranjero de origen inglés o norteamericano, míster L. E. Allen, le presentó al ayuntamiento colimote la propuesta para establecer él, en la capital del estado, el primer tendido de los cables con que comenzaría a brindar “el servicio urbano de teléfonos”. Solicitud que se atendió, revisó y concedió, a modo de “concesión”, el 1° de julio de ese mismo año.

                Una vez enterado de la respuesta, su promotor se presentó en Colima en octubre, con el propósito de buscar de socios capitalistas y, junto con las autoridades municipales organizó una reunión para ello, notificando a los asistentes las ventajas que se derivarían de constituir una sociedad que manejara tan maravilloso invento.

                No tengo el dato de cuánto haya valido cada acción inicial, pero sí que acabó vendiendo las últimas en $2,100.00 cada una, y que la “Compañía” integrada se denominó “Telefónica Colimense”. Llevando a cabo su inauguración el 15 de mayo de 1883, con 20 aparatos de servicio local, figurando como vicepresidente don Ramón R. de la Vega”.[1]

                Once años después de este acontecimiento, el gobierno del estado construyó y amplió por su cuenta la línea telefónica hasta las cabeceras municipales de Villa de Álvarez, Comala y pueblos circunvecinos; estableciendo en cada una de las alcaldías un solo aparato que igualmente servía como teléfono público.

[1] Almada, op. cit., p. 175.

                Dicho servicio se inauguró el 1° de febrero de 1894,[2] y a pesar de haberse instalado en tan “lejana” fecha, quiero decir que a este redactor le tocó usar uno de aquellos aparatos (o sus modelos renovados) en la Presidencia Municipal de Villa de Álvarez, a mediados de la década de los 60as del siglo pasado. Y pagar tres pesos (¡de plata!) por un mensaje de sólo 10 palabras en las oficinas de telégrafos que había en ese entonces en Colima, en Manzanillo y en casi todas las estaciones del tren.

El radio.-

El primer “medio masivo de comunicación” de que se tenga noticia comenzó en Colima gracias a la dedicación e inventiva de un joven inquieto que se llamaba Roberto Levy Rendón, y según lo escribió José, uno de sus hijos, RLR hizo estudios de “Radiofonía por correspondencia” (por carta, pues) en el instituto Rosekrantz, que tenía, al parecer, su sede en Los Ángeles, California.

RLR era un muchacho con una habilidad notable para el manejo de las cuestiones electrónicas y, gracias a eso, en 1932, cuando tenía sólo 20 años, “construyó su primer radio de 3 bulbos, accionado con pilas secas”,[3]  habiendo escuchado en él “la entonces famosa radiodifusora de Villa Acuña, Coahuila”.[4]

En 1933 culminó sus estudios como radio-técnico en el Instituto Rosenkrantz  y, para perfeccionar sus conocimientos, se trasladó hasta la ciudad de México, de donde volvió en 1935, ya con el permiso oficial correspondiente para operar una estación de radioaficionado de onda corta.

Instaló, por lo pronto, un taller de reparación de radios en el Portal Morelos y, ya estando allí, en sus ratos libres construyó completa su estación XEDX. La que salió al aire por primera vez el 12 de octubre de ese mismo año.[5] Participando por primera ocasión en la feria de Colima.

La televisión.-

Y ya por último, vale la pena saber que aun cuando la televisión era cosa común en el De Efe y en Guadalajara desde a mediados del siglo, a Colima no llegaba ni una sola señal, y por lo mismo no había nadie que tuviera un televisor.

[1] Ibidem, p. 175. Nota: Almada mismo explica que el servicio de larga distancia inició sus funciones el 11 de febrero de 1932, cuando era propietaria de la concesión “la Cía. Telefónica y Telegráfica Mexicana, tributaria de la Central de Guadalajara”.

[1] José Levy Vázquez, J. Roberto Levy, El Pionero de la Radio en Colima, periódico semanal  Volcán Informativo, núm. 13, Colima, 14 de julio de 2006, p. 20.

                En ese mismo sentido hay quienes afirman (pero no dan datos) que fue el 1 de septiembre de 1956 cuando se captaron en la ciudad de Colima, las primeras señales de los programas que transmitía entonces el Canal 2, desde la capital del país el Canal “ y, por otro lado, hay quienes también afirman que fue al señor Alejandro Vázquez Schiaffino, pariente político por cierto de Roberto Levy Rendón,  a quien le tocó captar, mediante ciertas “antenas” que diseñó o ajustó, esas  “primeras señales de televisión”, justo el 12 de julio de 1959.

                No tengo ninguna información que me permita dilucidar este asunto, por lo que recurro a mis amables lectores para que me comenten lo que pudieran saber al respecto.

                En caso de haber sido en 1956, estamos hablando de que dichas señales fueron captadas hace 61 años, y en caso de haber sido el 12 de julio de 1959, estaríamos hablando de hace 58 años exactos.

                Pero independientemente de todo esto, el hecho es que tales efemérides no pueden opacarse pese a tener hoy, muchos paisanos, un “teléfono inteligente” en sus manos, o una tablet o una computadora personal en sus casas.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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