Lo decidió y se fue de nuevo… Apostándolo todo hasta un mañana incierto, a cambio de la sola posibilidad de algo y para evitar que la zozobra del “hubiera” doliera menos. Y yo, que le amo con éste amor infinito y de ésta manera incomprensible y desbordada no solo dejé que se fuera, sino facilité su partida… Por sus mismas razones, sus mismos motivos que me causan las mismas alegrías y las mismas viejas heridas.

 

 

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