TAREA POLÍTICA por José Luís Santana Ochoa

Si la trágica incursión de diez elementos pertenecientes a la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Colima, a territorio minero jalisciense colindante con Minatitlán el día 28 de mayo anterior, fue autorizada por el todavía titular de la misma, Coronel Enrique Alberto San Miguel Sánchez malo; si, como todo indica, se llevó a cabo sin su conocimiento, peor, pues evidenciaría que es verdad lo que sus detractores le señalan en el sentido de ser mera figura decorativa en la SSP donde nadie sabe nadie supo y todos hacen y deshacen a discreción.
Tras encenderse las alarmas por el levantamiento de su personal, Enrique Alberto San Miguel Sánchez emitió un comunicado en el que explica cómo fue que “inversionistas nacionales” le solicitaron mediante oficio el apoyo de los agentes estatales a quienes supuestamente dotó de “los respectivos oficios de comisión que amparaban la presencia legal en el estado de Jalisco, así como la portación de su armamento”, pero más tardó en hacerlo que sus contrapartes de Jalisco en precisar que “ Autoridades de Colima no informaron sobre el ingreso de sus elementos policiacos a territorio de Jalisco y tampoco existe la certeza de que hayan desaparecido en el Estado (de Jalisco)”.
“Fuimos notificados (a toro pasado) por parte del Gobierno de Colima sobre el supuesto ingreso al territorio de Jalisco de algunos elementos policiacos de aquel Estado (Colima), un ingreso del cual no hubo previo aviso al gobierno de Jalisco y que nos fue notificado una vez que se habían extraviado estas personas”, precisó el Coordinador General Estratégico de Seguridad, Macedonio Tamez.
Para no dejar ninguna duda en el aire, el Secretario de Seguridad de Jalisco, Juan Bosco Agustín Pacheco Medrano, puntualizó que “en ningún momento se nos envió algún oficio de colaboración en el sentido de que nos notificaran el ingreso de este personal de las fuerzas policiacas del estado de Colima al interior del Estado, ni tampoco vía extra oficial con una llamada telefónica o algún otro medio de comunicación donde se nos informara que iba a ingresar este personal, por lo que nos dimos cuenta de la situación hasta la desaparición de los elementos”.
Las anteriores declaraciones de los funcionarios de Seguridad de Jalisco le abonan a la posibilidad de que tampoco en de Colima, Coronel Enrique Alberto San Miguel Sánchez, haya sabido que personal a su cargo fue enviado por quién sabe quién directo a la emboscada. Este tipo de “jales” hablan de la existencia de un muy probable negocio lucrativo de protección a pedido utilizando recursos humanos pagados por el pueblo bueno y sabio de Colima. ¿O no?
También tema a dilucidar es el de la participación de Salvador Rueda Sánchez en tales danzas que pudiera implicar tráfico de influencias, por lo menos, pues operativos similares fueron autorizados en ocasiones anteriores, pero esta vez les salió el tiro por la culata. Como siempre, hacer mutis para que el tiempo empolve sus abusos de poder y los desmemoriados colimenses olviden, es la fórmula que José Ignacio aplica cada vez que le brinca la liebre.
EL ACABO

 Tanto despliegue carretero (diez agentes fuertemente armados y cuatro camionetas) fue en vano, pues a la hora de la hora “un directivo de Grupo Acerero del Norte —Grupo que controla Minera del Norte, Altos Hornos de México (AHMSA) y más— y otro inversionista” decidieran no aterrizar el helicóptero en que sobrevolaron la zona serrana limítrofe entre Jalisco y Colima. En lugar de protección terrestre debieron haber tramitado acompañamiento de la Fuerza Aérea Mexicana. ¿O No?
 Como tanto las cuatro camionetas tripuladas por los policías estatales de la cruenta misión a territorio jalisciense dominando por la delincuencia organizada, y los cuerpos de los siete cristianos probamente asesinados pudieran ser los localizados dentro de los límites de Colima, las autoridades del vecino estado de Jalisco no tienen ni tuvieron vela en el suceso.
 No nada más deberá pitar (regresarse con su destemplada música a donde estuvo antes de llegar a Colima) el Secretario de Seguridad Pública del Estado de Colima, sino también su gente de confianza en la Dependencia. También, el muy vendido a menos Secretario General de Gobierno Arnoldo Ochoa González, antes de que la lumbre le llegue a los aparejos al propio gobernador Peralta.

José Luís Santana Ochoa

Analista político

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