Poeta y académico

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea.

La sociedad se enoja con los políticos, pero los políticos no se enojan con los políticos, y no porque entre ellos medie la amistad, sino porque media algo aún más poderoso: los intereses. Los intereses están por encima de los colores partidistas e, incluso, de la ideología (si acaso la hay), por eso es que es muy fácil advertir, no sin sorpresa, que muchos morenistas son en realidad priistas y muchos priistas son panistas y muchos panistas morenistas y, si el caso o los intereses así lo requieren, todas estas combinaciones podrían darse a la inversa sin ningún problema, en una mezcolanza sin fin. Mientras tanto, la sociedad, absorta, mira el espectáculo –que, en muchos de los casos reconoce grotesco- pero sin poder hacer nada, absolutamente nada, salvo indignarse. ¿Qué quiero decir con esto? Que hemos llegado a un nivel tal de degradación política que para los políticos, de cualquier filiación, la sociedad lo único que significa son votos, mismos que se pueden conseguir a través de dinero, la mayoría de las veces envuelto en lo que conocemos como “programas sociales”. No hay, pues, entre los políticos (con sus excepciones, como siempre) una intención real por el bienestar social, una real voluntad por servir, una posición invariable por establecer diferencias entre una corriente política y otra, entre un partido y otro, de aquí que la sociedad –sabia siempre- sea categórica a la hora de definirlos: todos son iguales. No nos asombremos, pues, de conciliábulos como el PRIMOR colimense, o como antaño el PRIAN, etcétera, si ante este reduccionismo todos caben en lo mismo, porque, como he dicho, todos –salvo contadas excepciones- son iguales. Hace unos días, por ejemplo, y luego de la renuncia del ex secretario de Salud, Miguel Becerra, quien en unos cuantos minutos evidenció en público la parte más oscura de su mente preclara, el gobernador Nacho Peralta nombró como encargada de despacho de la Secretaría de Salud a Leticia Delgado Carrillo. Su nombramiento causó polémica por una razón obvia: es la hermana de Mario Delgado Carrillo, uno de los morenistas más encumbrados del momento. De inmediato, se activó el algoritmo político: siendo la hermana de Mario Delgado, y siendo que ha sido quien de facto ha controlado la Secretaría desde la llegada de Nacho Peralta, entonces no sólo se advierte una designación errática por tratarse de alguien sin el estricto perfil para esta Secretaría, sino, lo que es todavía peor, abona al sospechosismo del primorato que se da por la vía de las primeras figuras partidistas: el gobernador priista y el diputado federal morenista, ambos amigos de antaño, lo cual –en política- indica sumisión por parte de sus subordinados, que –a esa escala- no son pocos. Nadie ha hablado sobre si la nueva encargada de despacho es una mujer capaz o no, ¿por qué no decirlo, independientemente de que sea hermana de uno de los primeros morenistas? Quizá porque la salud en nuestra entidad está cayéndose a pedazos (dicho en sentido literal y metafórico) y los servicios son, pese al esfuerzo y entrega de muchos médicos, de espanto. Por tanto, yo creo que lo mejor es que el gobernador no tarde en nombrar a un secretario de Salud con los arreos suficientes para empezar a darle vuelta a esta crisis que padecemos los colimenses en este sector y con ello a hacer evidente, más allá de los primores de la amistad o de la política, que primero está el bienestar social que el futuro político de unos cuantos.

Rogelio Guedea

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