Por Dr Ricardo Ramírez Ramírez*

Desde antes del  nacimiento  hasta la muerte,  el ser humano  se enfrenta a la tarea interminable de aprender. Los primeros siete años de  vida, lo hicimos   observando y escuchando reiteradamente  a nuestros  padres, hermanos, abuelos, maestros  u otros familiares cercanos, e incluso al gobierno mediante los medios de comunicación, esos conocimientos  sembrados en un cerebro de frecuencia lenta, sugestionable (delta y theta  .5 a 4 ondas y 4—8  hercios u ondas  por segundo respectivamente  según  la Dra. Rima Laibow) permite grabaciones  nítidas,  que  se convierten en códigos subconscientes, casi imborrables, y que mueven nuestro quehacer el 95% del día, sin la anuencia del consciente, quien se ocupa del razonamiento y de  nuestros  anhelos y deseos. Si nos   enseñaron el deporte, a comer adecuadamente, a manejar con responsabilidad  la tecnología, a practicar los valores universales, la  diferencia entre el bien y el mal,  a confiar en nosotros,  a creer que todo esfuerzo rinde frutos, porque nuestro cerebro con aproximadamente 100,000 millones de neuronas, es ilimitado en su capacidad, entonces crecemos sanos, confiados y seguros,  tendremos  códigos  triunfalistas o exitosos. Por  el contrario, el ejemplo de una  mala alimentación, el sedentarismo, el  menosprecio, desatención, discriminación, agravios, incomprensión  a   nuestras habilidades, en  lugar de comprendernos y amarnos, tendremos   creencias  negativas o limitantes, basta con recordar como  entrenan a los elefantes en la India: los  atan de una pata mediante  una cadena, a un tronco, cada que el animal voltea y se  ve atado, sabe que no puede ir a ninguna parte, luego crece, puede romper la atadura y hasta el tronco si quisiera, o pueden dejarlo  suelto del tronco, sólo con la cadena a la pata  y  no intenta nada. Ese es el poder de una creencia, por eso digo que el fortalecimiento del sistema de  creencias, es uno de los pilares de la prevención.

Hoy sabemos  que nuestra actividad biológica no depende de los genes o de  la herencia exclusivamente, sino de mecanismos moleculares del entorno  o ambiente que dictan  su comportamiento , la ciencia que los estudia se llama epigenética  y los pensamientos   forman parte de ella, también sabemos que los  átomos están conformados por 99% de energía y sólo 1% de materia y  que somos seres atómicos pensantes, por eso la energía de la mente o los pensamientos puede generar cambios en los genes  de cualquier célula de nuestra economía.

Cuando  consultamos  al   médico de confianza  y nos asegura  el alivio con lo prescrito, luego sanamos, aun  recibiendo sólo  sustancias inertes, le llamamos efecto placebo y es  una clara  demostración de que la mente  fabricó la química de la salud, por otro lado, si nos  encontramos con el mismo facultativo y nos dice,  te veo  delgado, pálido, enfermo, necesitas  estudios urgentemente, podrías tener cáncer,  la mente trabaja en esa dirección, facilitando la  enfermedad, se produce entonces lo que llamamos efecto  nocebo.

En su obra “Biología de la Creencia” el prestigiado biólogo celular Bruce H Lipton, asegura que los pensamientos curan más que los medicamentos, porque son energía y que cada parte del cuerpo mediante vibraciones la expresa; los físicos  cuánticos lo saben y han puesto a nuestra disposición: tomografía axial computada, imagen de resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones, y otras  técnicas, que miden el espectro energético de los tejidos sanos y enfermos y sirve a los médicos para diferenciarlos. Lamentablemente ésta energía  no se puede vender, por eso la medicina no va por ese camino concluye.

En el mismo sentido  el “genio  olvidado” Nikola Tesla, nos integra al cosmos, cuando dice “si quieres conocer al universo, piensa en términos de energía y vibración” por su parte el genial Albert Einstein  escribió ”la verdadera entidad gobernante de la partícula, es el campo”. Por eso creo, que el  ser humano puede generar su salud, utilizando adecuadamente la   energía que sus mentes (consciente y subconsciente) manejan y que es  superior en muchos   miles,  a la contenida en las  bombas que destruyeron  Hiroshima y Nagasaki , según algunos científicos.

Volviendo a la mente diremos que la consciente, la que percibe, la que interpreta, no puede espontáneamente impedir a su subordinada subconsciente que reproduzca el disco duro biológico, desde donde actúan los códigos o creencias limitantes; lo que puede hacer, si queremos y creemos, es analizarlos, y mediante procesos prolongados que incluyen las repeticiones, modificarlos  o sustituirlos por triunfalistas y exitosos.

Afortunadamente son muchas las  personas que han asimilado, que origen, no es destino, que el éxito no es hereditario, ni producto de la suerte, que al cuerpo lo manda el cerebro y que ambos son subordinados de la mente. Han  aprendido además, mediante la atención plena, a conocer sus miedos o limitaciones, a comprenderlos y finalmente a domarlos.

Para cambiar una creencia imaginemos un edificio  que debe tener 4 columnas, el problema o la señal  es el techo sin ellas, imposible sostenerse; la primera columna es la opinión o explicación de alguien que ha resuelto una enfermedad, cambiado un hábito, o algo similar, el segundo  pilar estará dada por la comprobación  de que funciona la recomendación, a eso ya se le puede llamar creencia, luego continuamos avanzando hacia la zona de aprendizaje  y comprobando que lo realizado  funciona,  estaremos frente al tercer soporte llamado convicción o convencimiento, ahí todavía hay inestabilidad, necesitamos seguir practicando y aprendiendo en la misma  dirección, sin que nadie nos haga titubear, cuando eso  suceda,  estaremos  frente a una convicción inquebrantable (fe: seguridad de lo que esperamos), completando las cuatro columnas  del edificio mental que puede soportar cualquier carga  o darnos   todo, lo que  transite por ese sendero.

El Dr. Angel Escudero Juan, en su obra: Curación por el Pensamiento (Noesiología)  nos explica la forma de generar respuestas biológicas positivas,  utilizando la mente, especialmente  el componente parasimpático del sistema nervioso autónomo,  que tiene que ver con ella y que actúa apagando el fuego producido por el incendiario simpático, especialmente cuando  este genera : miedo  dolor y angustia prolongados, no así cuando intenta salvar nuestra vida. Sus miles de operaciones  quirúrgicas, con cero medicamentos, son una prueba de lo que asegura. La  técnica a la que alude, y  una  convicción al cien, es la que permite a  los faquires del mundo realizar proezas increíbles, entre ellas,  no quemarse al caminar descalzos  sobre  brasas, o hielo.

Por si lo anterior fuera insuficiente para prevenir enfermedades (entre ellas el Covid-19) o conseguir curaciones  inexplicables o remisiones espontáneas, habrá que agregar al poder de la conciencia, el de la  superconsciencia o espíritu, quien nos conecta  con la energía inagotable del universo o con  la divinidad, como aseguran, investigadores cuánticos, personas  que han tenido vida después de la muerte o experiencias extracorpóreas, o aquellos  científicos famosos  que han analizado la grandeza del universo, constando la perfección del organismo humano  o experimentado  eventos milagrosos.

Para muestra de lo anterior, basta recordar las palabras del científico evolucionista Dr. Francis Collins  autor del libro “¿Cómo habla Dios?” o el “lenguaje de Dios”, padre del proyecto más grande de los últimos años, El Genoma Humano  y ahora  Director  de los Institutos  Nacionales de Salud, de los Estados Unidos: “Mi familia no fue creyente, crecí en ese ambiente, durante la práctica  de la medicina, vi la tranquilidad contagiosa con  que los enfermos incurables  esperaban la muerte y  pude comprobar la perfección  del organismo humano, esas dos circunstancias me hicieron pensar en la posibilidad de un creador. Cansado de la rutina  decidí practicar senderismo, deje el automóvil y caminé  sin rumbo fijo, bajé por una vereda a un precipicio, era un día soleado y caluroso de verano, de lo alto de una montaña  se desprendía un hilo  de agua, que  justo cuando me acerqué  se congeló ante mi vista, era la señal que estaba esperando, en ese momento me arrodillé y me rendí a  Dios”.  Por si es de interés del lector abundar sobre el tema: también el visionario Alexis Carrel , Premio Nobel de  Fisiología y Medicina  en 1912, en su obra “Viaje a Lourdes”, nos describe  el milagro que lo hizo creyente.

Para concluir,  son ilimitados los recursos de que dispone el ser humano para cambiar lo que le perjudica, la meditación y la psicología energética se suman a ellos, la hipnosis sirve pero es cara,  las repeticiones  positivas especialmente durante el sueño, también llamada  auto-hipnosis  funcionan, porque son grabadas por nosotros en estado consciente, para descargarse, mediante audífonos (largos que permitan que el celular esté fuera de la recámara) al  subconsciente. Escuchar reiteradamente mientras descansamos  frases como soy intensamente feliz, estoy completamente sano, soy inteligente, me quiero y me acepto, consigo todo lo que me propongo, soy capaz de cambiar lo que me daña . O las repeticiones  del  Dr. Chopra  Deepak  de  su  libro el Supercerebro:  “cada día  y de cada manera estoy aumentando mi capacidad física y mental, mí  biostato  es de un hombre ( o mujer) de  x  años, me veo y me  siento  como un hombre  saludable de x años”,  nos vienen bien, toda vez que inciden en un cerebro dormido, sugestionable, que tiene las frecuencias  delta y theta que tuvimos en la infancia, cuando    grabaron sin nuestro consentimiento, esos códigos que hoy más que nunca debemos cambiar.

*El autor es Médico Pediatra (UNAM); Presidente de la Asociación Colimense de Consumidores ; activista social.

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