Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

 

Poco se habló ya del Partido Nueva Alianza (PANAL) luego de las elecciones pasadas, donde, al igual que los partidos mayores (PRI y PAN), este instituto político resultara descalabrado y perdiera su registro, al parecer próximo a recuperarlo de nuevo. Como sabemos, el avasallamiento de Morena se impuso y su triunfo eclipsó prácticamente al resto de las fuerzas políticas. Sin embargo, al PANAL no le fue tan mal como podría pensarse, al menos no tan mal como le había ido históricamente cuando iba en alianza con el PRI. En esta ocasión ganó una diputación plurinominal y cuatro regidurías, lo que antes fue imposible pese a haberse subyugado al PRI, conciliábulo que le salía bastante caro a esta fuerza política magisterial, sobre todo a sus agremiados maestros, a quienes sólo los usaban de carne de cañón. De no haber sido tan fuerte la ola lopezobradorista al PANAL le habría ido todavía mejor yendo solo, como lo hizo, no obstante que muchos de sus candidatos no tenían el perfil electoral tan adecuado ni tan de arraigo magisterial (como en el caso de Roberto Chapula, ex candidato a la alcaldía de Colima) ni fueran rentables políticamente. Como es un partido del magisterio, el PANAL no puede desligarse de su sindicato, hoy a punto de renovar su dirigencia nacional y local. El SNTE 6 está a punto de tomar rumbos que podrían volverlo a colocar en el clientelismo de siempre (si llega de nuevo Elba Esther Gordillo, aliada de Morena y fundadora del PANAL) o, por el contrario, apuntalarlo hacia esa autonomía que podría consolidarlo en las próximas elecciones de 2021, aun cuando llegara la maestra, cuya salud –qué cosa más curiosa- mejoró meteóricamente apenas poner un pie fuera de la cárcel. En lo local se tiene la certeza de que el PANAL recuperará su registro y tendrá como líder al ex diputado federal Javier Pinto, quien fuera líder también del SNTE 6. Si esto sucede, quedará por verse quién se hará de las riendas del mismo SNTE 6 en lo que parece será un duro choque de trenes entre el propio grupo de Pinto (que impulsa a Bertha Alicia Salazar Molina, José Jaime Núñez Murguía y Carlos Hugo Carrillo Preciado) y su grupo adverso, comandado por Edwin Aureliano Hernández Uribe, cuyo padre ha sido desde siempre de la línea de La Maestra. Si el grupo de Javier Pinto logra hacerse del PANAL y del SNTE 6 tendrán, por consiguiente, que repensar su estrategia política hacia el 2021, de acuerdo a la avanzada que se imponga desde el centro, incluida la posibilidad de que tengan que hacer alianza con Morena, tal como lo hicieron con el PRI, con la misma triste suerte. Yo me iría a que Nueva Alianza, si logra resurgir de sus cenizas, siguiera yendo solo, cerrara filas con su gremio y se constituyera en una fuerza política de verdad, impulsora de lo que más necesita nuestro país en estos momentos para salir de la ignominia en la que está sumido: la educación. Una educación de verdad, sin simulacros y con los pies en la tierra, una educación que empiece primero por lo primero: ponerle baños a las escuelas, pagarle bien a sus maestros, desburocratizar los sistemas de evaluación, ampliar su cobertura y tener una infraestructura digna, con su correspondiente tecnología. Lo demás son sueños guajiros. Si se reformula la razón de ser de una fuerza política como ésta, entonces nos daremos cuenta que su causa es la más justa de todas cuantas hay hasta el momento, porque toca el problema de fondo de nuestro país (el de la violencia) y lo resuelve sin tener que disparar contra nadie ni una sola bala.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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