Según se consigna, este fenómeno natural fue precedido por un fuerte temblor y arrasó la costa abierta del litoral de Jalisco, Michoacán y Colima, donde causó los principales estragos, particularmente en la población de Cuyutlán. Los terremotos del 3 y 18 del mismo mes y año, en esta región. Los que vivieron para contarla, platican que: “Ese día, de pronto el mar se empezó a retirar hasta dejar una gran playa descubierta. Y, con la misma rapidez regresó convertido en un alto muro de agua que venía devorándolo todo hasta llegar a la vía del tren y lentamente regresar hasta retomar su nivel, no sin arrastrar restos de escombros y cadáveres de gente y de animales”.

México es un país sísmico, donde el 85 por ciento de los movimientos telúricos ocurren en la costa del Océano Pacífico expuesta al arribo de tsunamis, la mayoría de origen lejano. Sin embargo, la costa occidental, desde Nayarit hasta Chiapas, queda expuesta a tsunamis cercanos. De ahí que la saliente zona del litoral colimense sea de alto riesgo a causa de los movimientos de las placas de Cocos y de Rivera.

Un tsunami “es el resultado de una serie de ondas oceánicas largas generadas por perturbaciones asociadas principalmente a un sismo, mismo que ocurre debajo o cerca del piso oceánico en aguas someras. También se pueden generar por erupciones volcánicas y derrumbes submarinos o, por el impacto de un gran meteorito”. No todos los sismos forman tsunamis, para que se genere uno tiene que haber una componente vertical o sea que el sismo que genera el tsunami tiene que tener un desplazamiento de la placa vertical, ya sea, hacia arriba o hacia abajo.

En el último tsunami de alto impacto, el del viernes 11 de marzo de 2011 en Japón, precedido por el del 26 de diciembre de 2004, ambos con registro mundial, la cadena de islas de Indonesia sirvió como barrera natural para que sus crecientes olas no penetraran directamente al Pacífico; no obstante, según trascendió, los efectos se registraron en los mareógrafos de Manzanillo, horas después de dichos grandes sismos interoceánicos que generaron la liberación de energía que movió miles de millones de toneladas de devastadoras aguas marinas en Indonesia y Japón.

Como apunto anteriormente, las costas de Colima son de alto riesgo ante posibles tsunamis o maremotos, debido a su expuesta ubicación geográfica, por ello es importante que se mantenga en óptimas condiciones el mareógrafo de la Isla Socorro, a la par de mantener informada a la población vulnerable, y que además se dé celeridad a la adquisición e instalación de una estación sísmica de banda ancha en aquel mismo emplazamiento, crear rutas de evacuación identificadas con la señalética internacional y efectuar permanentes simulacros; acciones que nos permitirían estar preparados ante ese tipo de cíclicas eventualidades naturales, tal y como se puede constatar en el referente histórico que da cita de por lo menos cuatro fenómenos de este tipo.

Aún más, se tiene confirmado el dato de que el sismo del 21 de enero de 2003 produjo un tsunami de 1.2 metros frente a las costas colimenses, el mismo que fue casi imperceptible y que no causó daño por su baja intensidad. No por nada los de Armería, en el Paraíso y Cuyutlán, nos inquietamos y varios hicimos maletas la misma noche, previendo lo que probablemente vendría, al grado de que la entonces alcaldesa tuvo que implementar medidas urgentes para tranquilizar a la gente evitando un potencial éxodo. Entre lo que se recomienda es que si sentimos un terremoto tan fuerte que agriete muros, es posible que dentro de los cinco, 10 o 20 minutos siguientes, dependiendo de la distancia del epicentro, pueda producirse un maremoto, por lo que debemos situarnos en las zonas más altas, por lo menos a 10 metros sobre el nivel del mar en terreno natural.

La mayoría se presentan primero con un aparente recogimiento del mar, por lo que hay que alejarse a partes altas, se calcula una velocidad del agua de aproximadamente cien kph o más, con desplazamientos tierra adentro que dependerán de la orografía. Para hacer frente a este tipo de manifestaciones naturales se requiere la conjunción de esfuerzos, se precisa trabajar en una red de conocimiento, de toma de decisiones, de confianza y de acciones. Sin duda que prever nos evitará lamentar la pérdida de lo más valioso: la vida.

Noé Guerra Pimentel – *Socio de número y presidente (2009-2012) de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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