Eric Ramírez

Tal y como lo señalamos hace un par de meses, lo que se juega el día de hoy en las elecciones en 13 estados de nuestro país, no solo son las miles de alcaldías y diputaciones, ni las 12 primeras magistraturas que están en disputa, sino la posibilidad real de contender por la Presidencia de la República de distintos actores que en este momento mueven las piezas del ajedrez electoral, y desean fervientemente aparecer en la boleta de la elección presidencial, como lo es Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, y Manlio Fabio Beltrones.

guerra sucia

Y es que no es para menos, son mil 365 cargos de elección popular en competencia; 388 diputaciones locales, de ellas 239 de mayoría relativa y 149 de representación proporcional. Además de las muy ansiadas 12 gubernaturas, algunas de ellas de entidades federativas que por su cantidad de población y electores, hacen una muy ansiada y atractiva “bolsa electoral” rumbo a la presidencial del 2018, como es el singular caso de Veracruz, entre otros.

Los estados en los que se renovará la gubernatura son Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

Me parecería ocioso entrar al “sobreanálisis” (válganme la expresión) de los posibles resultados de este domingo 5 de junio, ya que las columnas al respecto abundan, dándole vuelo al deporte nacional del futurismo político.

Muchas son las lecciones que dejaran esta jornada comicial, algunas serán de gran ayuda para los propios partidos políticos, en sus respectivas evaluaciones internas acerca de su desempeño en la campaña. Pero hay otras también que como sociedad nos sirven para elecciones futuras.

Para quienes hemos tenido la oportunidad de monitorear, estar presentes y cercanos a los campañas políticas de las entidades en disputa, nos ha sorprendido el alto grado de utilización de la estrategia conocida como “guerra sucia” , y en algunos casos, campañas de alto contraste, en las cuales se privilegia la descalificación sobre el argumento y/o la propuesta.

Ataques, calumnias, infamias, llamadas “filtradas”, descalificaciones y diatribas han sido las que imperan en buena parte de estas entidades. Todo esto ha enrarecido el clima político, y generado una antipatía mayor de los ciudadanos a participar en las próximas elecciones. Lo cual, inclusive, es uno de los propósitos que persiguen quienes avivan la llama de las campañas negras.

milenio

Que generalmente es quien tiene la mayor capacidad de movilización de electores y/o voto duro, y que sabedores de encontrarse en desventaja, tratan de bajar de las preferencias electorales a su adversario a través de agresivas campañas de desprestigio, que muchas veces se valen de páginas o medios ficticios (algunos copias de medios verdaderos), que con una buena cantidad de inversión en publicidad en redes sociales, pretenden a golpe de billetazos convertir mentiras en verdades.

Lo anterior, si no mina la credibilidad del oponente a vencer, por lo menos lo hará en la inquietud o entusiasmo del electorado, para que cese su ánimo de participar el día de la jornada, favoreciendo, repito: a quienes tienen mayor capacidad de movilización el día “d”. En este sentido, bien vale la pena recoger dos declaraciones, de dos actores que por su rol en la vida política del país, fortalecen la anterior convicción:

Lorenzo Córdova, Presidente del Instituto Nacional Electoral, recientemente expuso:

“Me preocupa. Creo que hay una precariedad en el debate público durante estas contiendas, en general, en relación con propuestas, diagnósticos del país; tenemos una serie de problemas y no estamos viendo campañas en las que se estén presentando diagnósticos que las distintas fuerzas políticas y candidatos tienen…

…En cambio, estamos viendo campañas que no sé si, efectivamente, convoquen a votar, no sé si le generan información realmente útil para votar”.

la jornada

En el mismo sentido, el Secretario de Gobernación, y responsable ni más ni menos que de la política interior de nuestro país, Miguel Ángel Osorio, refirió que las pasadas campañas han sido las más “despiadadas”, además de señalar que:

“no debe ser el camino de lo que hemos venido construyendo para una mayor participación. Se aleja a los electores del sistema político y de los políticos”.

En conclusión, más allá de promover la participación copiosa y entusiasta de la ciudadanía , quienes alientan las campañas de lodo o guerras sucias, le apuestan a que crezca el abstencionismo para vencer a través de sus redes de votantes leales (voto duro, o clientelas electorales), y es por lo cual, que pese a que lejos están algunos institutos políticos de hacer a un lado estas arcaicas pero renovadas prácticas, la respuesta del elector debe ser totalmente contraria a la expectativa de quienes las emprenden: participar, participar, participar. Pero no nada más así, es un deber hacerlo de manera informada e inteligente.

De refilón:

1.- Independientemente de los resultados electorales de este domingo 5 de junio, solo se vislumbran dos grandes ganadores de esta mini contienda por la Presidencia de la República: Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador.

2.- De ganar el PRI en estados en los que tiene actualmente un Gobernador cuestionado, desprestigiado y señalado por casos de corrupción, haría ya evidente la fórmula patentada con la que opera el “equipo Sonora” comandado por su Dirigente Nacional. Entre más desprestigiado esté su Gobernador correligionario, solo basta incrementarle decibeles a la guerra sucia y cientos de millones a la compra de conciencias para la movilización electoral el día de la jornada, amparándose por supuesto, en la poca memoria histórica del electorado mexicano. Tal sería caso, si ganara el PRI en estados como Chihuahua y Veracruz.

3.- Coincido con quienes ya pronostican que en la ponderación costo-beneficio que hace “Los Pinos” de la elección de Veracruz, bien les valdría sacrificar al Yunes del PRI, para cederle el paso al Yunes panista, con la firme intención de no permitir a ninguna costa el triunfo de Morena en la entidad. Y es que es evidente, que si ganara la Gubernatura Morena, Andrés Manuel López Obrador estaría poniendo el día 5 de junio de 2016, su primer pie en la Residencia Oficial de los pinos, rumbo al 2018.

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