Abelardo Ahumada

Vislumbres por Abelardo Ahumada. 

 ¿En dónde quedó la ideología? 

Acabamos de enterarnos de Joel Padilla, diputado local del PT y dueño estatal de esa franquicia política, acaba de convencer a la también diputada Martha Meza, del Partido Verde, para conformar una especie de alianza diputadil que derivará en el intento de constituir un nuevo “grupo parlamentario”.

No pienso gastar ni mi tiempo, ni el de los lectores para comentar un hecho tan chusco. Pero sí quiero servirme de tal acontecimiento para re-preguntarme en voz alta ¿en dónde han quedado la congruencia y la ideología? Porque como se han venido dando las cosas en materia política-electoral, tiene uno “la impresión” – dijera Nacho- que ni la ideología ni la congruencia existen en esa singular fauna, y que lo único que prevalece entre “los grillos” es el cuidado de sus intereses personales o, cuando mucho, el de sus partidos.

Tampoco hay que ir muy lejos para rememorar otros “cambios de chaqueta” locales y nacionales, pues nos bastaría ver a un Locho transitando del PAN al MC; a un Virgilio y a un Nabor transitando del PRI al PAN y más tarde también al Verde; o a los que últimamente, sabiendo que sus partidos no los postularían, se avientan la puntada de convertirse en presuntos candidatos “independientes”. Como sería el caso de Gabriel Salgado Aguilar, que un día fue candidato a gobernador del PAN, luego del PDM (el extinto partido de El Gallito), y que ahora se apuntó para candidato independiente a la presidencia de la república. Y casi lo mismo se podría decir de un Jesús Orozco Alfaro, quien siendo todavía senador por parte del PRI, quiso ser candidato a gobernador por ese mismo partido y, no lográndolo, se brincó, junto con Socorro Díaz Palacios y un considerable grupo de sus apoyadores, al PRD, pero no para afiliarse a él y pregonar su ideología, sino nada más para conseguir prebendas que del otro lado ya no podrían conseguir.

Hay muchísimos más ejemplos del chaqueterismo político-electoral en Colima y en México. Pero no tiene caso citar más nombres, porque solos se comenzarán a dar a conocer en el proceso que precisamente acaba de comenzar con miras al 2018.

Cien años.

A propósito de las ideologías y de la congruencia o incongruencia que sobre de ellas se tiene, quiero comentarles que en estos mismos días se están cumpliendo cien años de que en el antiguo Imperio Ruso se llevó a cabo uno de los movimientos político-ideológicos más notables y hasta perturbadores de la historia humana: me refiero a la muy precisamente llamada “Revolución de Octubre” que, formando parte del movimiento internacional socialista, impulsó Vladímir llich Uliánov, Lenin, con miras a establecer un estado más igualitario en el que prevaleciera la justicia social. Y que derivó, en primera instancia, en la desaparición de las instituciones imperiales rusas, y en última, en la ideologización de más de medio mundo, que asumió en gran medida su doctrina y la fue adaptando a los diferentes procesos locales mediante la institución de los Partidos Comunistas en China, Corea del Norte, Viet Nam, Polonia y Cuba, por mencionar también sólo unos casos.

En Chile, Nicaragua y otros países de América también hubo partidos comunistas y socialistas que combatieron con ideas a los diversos regímenes apoyados por los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos. Pero ninguno aparte de Cuba y recientemente Venezuela logró imponer la famosísima “dictadura del proletariado”. Aunque se dieron casos, como Nicaragua y El Salvador que casi lo lograron.

En México apareció el Partido Comunista allá por 1918, y ya antes hubo algunos elementos con inspiración socialista, como la Casa del Obrero Mundial y los Batallones Rojos, de los que hubo algo así como una sucursal en Colima, promovida por Basilio Vadillo. Un individuo sinceramente “rojo”, que algunos años después suscribiría la convocatoria para fundar precisamente el Partido Nacional Revolucionario, el “abuelito del PRI”.

Como derivación de la Revolución Rusa y de la conformación de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (la famosa URSS), a muchos “chavos” de mi edad nos tocó estudiar en universidades que tenían maestros socialistas y, obvio, hubo un tiempo en que no nos quedaba otra más que, si éramos congruentes, ser socialistas también, aunque cuestionáramos, por ejemplo, que en aras de establecer la dictadura del proletariado, se fusilaran a miles de cubanos, rusos, chinos, etc, que no comulgaran con esa ideología, o  se crearan también cárceles especiales para quienes disentían con “el partido” y sus dictámenes.

En México hubo un tiempo (largo tiempo) en que el Partido Oficial actuó también como Partido de Estado, apoyando supuestamente a los trabajadores para que se organizaran y pelearan por sus derechos. Cuando nacieron la CTM, la CROC, la CROM y demás sindicatos por el estilo, el lenguaje que manejaban sus líderes tenía tintes socialistas. Pero muy pronto se convirtieron en engendros del sistema, cuya única y verdadera misión era la de tener controlados a los trabajadores precisamente para que no se opusieran al régimen.

Dentro de ese panorama multinacional era cotidiano hablar de partidos de derecha y partidos de izquierda. Y ser identificado como militante de la derecha producía vergüenza; mientras que era un orgullo ser identificado como simpatizante al menos de la ideología socialista.

Todo eso, sin embargo, “comenzó a terminar” y a desdibujarse hacia finales de los 80as del siglo pasado cuando, siendo precisamente presidente de la URSS Mijail Gorvachov, implícitamente admitió el fracaso del socialismo como sistema de gobierno y promovió una política de mayor apertura que denominó el Glasnost y la Perestroika.

No obstante lo anterior, en México, en 1988, se formó el Frente Democrático Nacional para apoyar la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, porque siendo hijo del único presidente más o menos socialista que había existido en nuestro país, se suponía que iba a gobernar de un modo similar en su tiempo. Y muchos ciudadanos, por eso, nos decidimos a apoyarlo, pero tras desbalancearse la URSS en noviembre de 1989, y al retomar ésta, después, la abandonada ruta del capitalismo, muchos de los antiguos soñadores socialistas nos sentimos como si hubiéramos perdido la brújula política, y así seguimos, según parece, hasta hoy. Aunque cabe decir que, contrario a como han decidido vivir otros, unos cuantos nos hemos decidido a ser congruentes con lo que pensamos ayer incluso en el marco de hoy, y no chaqueteamos. Siendo éste, tal vez, el único consuelo que en este sentido nos queda.

La ideología hoy.-

Al referirnos a toda esta maraña de situaciones, no se nos oculta que el PRI como tal dejó de ser revolucionario desde muchísimos años antes de que Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari abandonaran el discurso de la Revolución Mexicana; y que el Partido Acción Nacional comenzó a dejar de lado su ideología desde que sus militantes más notables comenzaron a ganar cargos públicos; ni que el PRD (que se conformó en buena medida con militantes de izquierda) igualmente se desdibujó en lo ideológico desde que consiguió tener algunas grandes parcelas de poder, como el DF; ni que los demás nuevos partidos y candidatos presuntamente independientes y ciudadanos aspiran, casi nada más, a ser usufructuarios de las dietas que ven que los otros gozan, pero sin tener una ideología verdadera que los logre diferenciar de los demás.

En ese tenor, quién lo dijera, Margarita Zavala y Andrés Manuel López Obrador son los únicos precandidatos que parecen tener una ideología más o menos propia con la que tratan de ser congruentes. Pero de ahí en más, o sólo tienen intereses, o sólo son chapulines o trapecistas.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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