Sergio Jiménez Bojado

“TODOS los partidos son lo mismo”; “Todos los políticos son iguales”; “La política es el arte de comer heces sin hacer gestos”; “El que no transa, no avanza”… Y podemos seguirle con más frases que alimentan el escepticismo y el desencanto que vive el ciudadano común, después de décadas de retóricas sobre el cambio, o el mejoramiento de la calidad de vida, y que terminan siendo sólo eso, retórica electoral. Y en los hechos, los políticos que ganan por el partido que sea terminan ricos, y la mayor de las veces, con patrimonios para dos o tres generaciones más de sus descendencias. Y los pobres, más muchos y más pobres.

El cuento se inicia siempre igual: proceso electoral, partidos y candidatos; reparto de promesas y limosnas; exhibición de virtudes, hasta el heroísmo; día electoral y compraventa de votos de mil maneras; ganadores, nuevos funcionarios y administradores del poder. Y el círculo se repite. Así el escepticismo aumenta, y con ello, la deserción al sufragio.

Esta es una sopa para cada 3 ó 6 años, pero, finalmente, una sopa en la que todos somos ingredientes para su sabor, porque la política es cosa de todos, donde también se participa por omisión; sin embargo, sólo deciden los votantes, mientras se trate de una República Democrática, que es lo que es México como Nación.

Casi todos los gobiernos de las Naciones del mundo se rigen por el sufragio, pero también es verdad que casi todas las Naciones del mundo son gobernadas por políticos muy similares, pertenecientes o monigotes de las castas privilegiadas de siempre. Y eso, las grandes mayorías, no hemos comprendido que los poderes de siempre, desde las noblezas medievales, pasando por las burguesías contemporáneas, adoptan el ropaje necesario para seguir conservando sus privilegios.

La Gran Revolución, la Revolución Francesa, con su lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, que inició su recorrido hacia nuestro tiempo, cortando las cabezas de los reyes, obligó, de ahí en adelante, a las castas privilegiadas, a tener que crear partidos a modo, pues ni la sangre ni la ostentación volverían a servir para obtener el poder; ahora, tendría que ser a través del sufragio.

Y nacieron los partidos de derecha, que se dividieron entre conservadores y liberales, por razones de distancia o acercamiento con la iglesia, pero ninguno de ellos a favor del pueblo, es decir, de los de abajo. Se borró para siempre la quimera de la igualdad, y se le da acta de ley natural a la propiedad privada, pues tarde o temprano, el principio de igualdad podría llegar a lo económico.

El país vecino del norte es un ejemplo de la simulación electoral de los grupos de poder, donde ni de broma puede haber otro partido, y muchísimo menos uno que fuera voz de los trabajadores. Justamente, porque a las izquierdas les ha costado mucho trabajo, sin el principio de igualdad, enarbolar programas electorales, los ciudadanos no hemos comprendido que los partidos de derecha, PAN, PRI y partidos satélites en México, son los abanderamientos de las mismas castas o poderes fácticos de este país, y que no pueden, por su propia naturaleza, suscribir el principio de igualdad o beneficios a favor de los de abajo. La izquierda que otrora se ha acercado al proceso electoral lo ha hecho con las ropas prestadas de la derecha, por miedo al estigma de ser radical, que se traduce en un peligro, y que ciertas voces llegan a decir contra México.

Esta vez, sí hay una izquierda, que por no ponerse ropa de la derecha, está generando esperanza para México, y la respuesta de millones de mexicanos no se ha hecho esperar; a pesar de que se siembre el escepticismo, la difamación y el miedo, Morena garantiza, con base en sus principios y programa de acción, vertidos en el Proyecto Alternativo de Nación y en sus referentes de gobierno, el genuino y verdadero cambio en este país, que propicie la tan anhelada justicia social.

Sergio Jimenez Bojado

Luchador social y Presidente del Comité Ejecutivo Estatal Morena.

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