Opinión El Burladero por Fernando Herrera

Éste lunes 14 hubo una emboscada a policías en Agulilla, Michoacán, hubo 14 muertos de forma oficial, también el martes 15 en Tepochica, Guerrero hubo un enfrentamiento que resultó en 15 fallecidos de forma oficial, así mismo el jueves 17 en Morelia, Michoacán se encontraron 5 cuerpos sin vida, unos descuartizados y otros muertos por armas de fuego. Los primeros dos eventos resonaron a nivel nacional por su magnitud, el ultimo no debido a que lo eclipsó otro evento todavía más grande, este fue La Batalla de Culiacán (sorprendentemente con solo 6 fallecidos según la cuenta de Twitter de la Secretaría de Seguridad), todos estos sucesos parecieran salidos de películas de mafiosos al más puro estilo del director estadounidense Quentin Tarantino, pero no, no fueron salidos de películas, fueron duros y reales hechos sucedidos en distintas partes de México.

Dejemos algo claro, la batalla campal que sucedió en la capital sinaloense la perdió el Estado, se elaboró una operación sin suficiente inteligencia para atrapar a un capo y al haberse desatado un caos producto de esta operación, dejó a las autoridades con poca capacidad para maniobrar lo que ocasionó la sumisión del Estado ante un grupo delictivo después de haber liberado a la persona de interés y cesar momentáneamente la búsqueda de esta.

Es bastante cierto que mediante las acciones bélicas el país no logrará la pacificación, no estamos combatiendo a un ejército extranjero, el crimen organizado está enraizado en la misma sociedad lo que causa mayor dificultad al realizar un combate armado, ese tipo de estrategias mal planteadas fue lo que ocasionó la derrota estadounidense en Vietnam al querer enfrentarse a las guerrillas como si fueran otro ejército profesional, y es muy visible que éste enfoque que se viene dando desde hace ya 13 años simplemente nos ha hundido más y más en un pozo de violencia sin fin y a lo que va del nuevo sexenio no se ha logrado ver una nueva visión sustancialmente distinta fuera del regular discurso que se da el día a día.

Tal vez la mejor estrategia que pudo haber hecho el gobierno sí fue el retiro, pero debe de recapacitar, porque no puede uno defender todo el caos que explotó en el fallido intento de capturar a un criminal (y no olvidemos que se liberaron varios del penal en el proceso), si bien fue en sentido “humanitario” acabar con el enfrentamiento para evitar las muertes civiles, se debe de reconocer que ese mismo día el Estado falló en demostrar que el monopolio de la fuerza pública es exclusivamente suyo, quedó claro que la capacidad militar y de seguridad de México puede ser topada dentro de nuestras fronteras por un ente no gubernamental y no habló del pueblo bueno, hablo de un lobo hambriento que no dudará en violentar las normas de la correcta sociedad, sobre todo si se ve amenazado.

Bien habrá muchas opiniones encontradas sobre los espantosos sucesos que se dieron, algunos hablarán en contra y otros a favor de las decisiones tomadas, en cualquier caso ambos resultados hubieran sido fatales, más que la enfrascarse en éste eterno e infructífero debate, debemos ponernos a pensar que seguirá después ¿se envalentará más la delincuencia ante el gobierno?, ¿se dará un enfoque distinto a la estrategia de seguridad?, ¿pensará la gente que el Estado es incapaz de defenderlos?; sin duda alguna son muchas interrogantes que surgirán de éste suceso a las cuales deberemos de estar muy pendientes de sus desarrollos ya que impactarán seriamente en el día a día de la sociedad, de esta sociedad que cada vez más está llegando a nuevos puntos de hartazgo que pueden erupcionar en forma de una autodefensa ciudadana de a escala nacional, no importa lo optimistas que podamos ser sobre un posible pueblo sabio y bueno, no por nada dijo Thomas Hobbes “El hombre es el lobo del hombre”, por lo tanto siempre existirá esa tensión de usar los colmillos de uno contra el otro a menos que el Estado se asegure de que no exista la necesidad de esto.

Pasado éste vituperable suceso, es la hora de darnos una mirada ante nosotros como mexicanos, plantearnos qué significa ser mexicano, no me gusta pensar en la violencia que ejercemos como parte de la esencia de nuestra identidad, es imperativo no dejar que se arraigue todavía más en la nación, por lo tanto en algo tiene razón el presidente, en que debemos aprender a portarnos bien, solo que es innegable el hecho de que no todos están dispuestos a hacerlo y en ocasiones los distintos factores que asolan nuestro existir nos obligan a no llevar a cabo las buenas prácticas sociales, a final de cuentas el hombre siempre buscará la supervivencia y el Estado debe de asegurarse que en esa búsqueda por sobrevivir no se ponga en riesgo el frágil tejido social, debe de asegurarse que al finalizar su película esta no diga: México… escrita y dirigida por Quentin Tarantino.

 

Fernando Herrera

Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Guadalajara y Secretario de la Peña Libre “Tomás Abaroa”.

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