Ante la notoria juventud de múltiples ciudadanos, líderes sociales, representantes populares o empresarios que se aventuran a la participación política y que comienzan a destacar dentro de la misma, en un sinnúmero de ocasiones por parte de quienes permanecen en la cúspide del poder niegan el paso a que estos sigan avanzando, o inclusive la ciudadanía misma, con una sentenciosa pero endeble, por falaz, frase: “están chavos todavía”.  Como si la juventud fuera un impedimento, cuando en la gran mayoría de las ocasiones es el factor que los distingue de otros actores, para bien.

Su ímpetu y entusiasmo característico de la edad, la ausencia de vicios que se  adquieren con el paso de los años en el ejercicio de la política, y sus ganas de sobresalir son factores que distinguen a los jóvenes en la política. Aunado a ello, hay quienes también cuentan con capacidad, talento y simpatía.

Sin importar el cargo que tengan, legisladores, regidores, servidores públicos, o cualquiera circunscrito en el sector público, en la actualidad, se percibe uniformemente una participación entusiasta y ejercicio dinámico de la responsabilidad que tienen. Desde luego que en los que no están tan jóvenes también hay honrosas excepciones, pero desafortunadamente son muy pocas.

Me decía un conocido en justificación de esta actitud de un caso en particular: “pero es que quiere ser diputado, por eso anda tan movido desde que inició” , a lo que yo asentí, y reviré que no tiene nada de malo la razón  o motivación que tengan, por supuesto que lo ideal es que su convicción y compromiso sea, independientemente de aspirar a un cargo después, el de cumplirle cabalmente a sus representados, pero si es que lo están haciendo bien, están informando, realizando gestiones en favor de la ciudadanía y un buen trabajo en sus respectivas encomiendas, qué importa el hecho de que aspiren a subir en su carrera política, malo sería que aspiraran a seguir creciendo haciendo un papel ineficaz , indigno y/o mediocre.

Es imprescindible el erradicar en la política esa errónea  percepción de que por juventud debe entenderse incapacidad o inmadurez, ya que la edad no son factores determinantes de esas circunstancias cuando con otras se han honrado diversas virtudes. Ya que como  lo dijo con mucho tino Reyes Heroles:

“Se es joven cuando se ve la vida ´como un deber y no como un placer´, cuando nunca se admite la obra ´acabada, cumplida´, cuando nunca se cree estar ante algo perfecto. Se es joven si se está lejos de la docilidad y el servilismo, si se cree en la solidaridad y en la fraternidad. Se es joven cuando se quiere transformar y no conservar, cuando se tiene la voluntad de hacer y no de poseer, cuando se sabe vivir al día, para el mañana; cuando se ve siempre hacia adelante, cuando la rebeldía frente a lo indeseable no ha terminado, cuando se mantiene el anhelo por el futuro y se cree todo posible. Cuando todo esto se posee, se pueden tener mil años y ser joven. Hay juventud con años y hay vejez antes de tiempo.”

Pareciera que en muchos casos la serenidad que brinda la experiencia y mayoría de edad en los casos de muchos políticos, la confunden con la excesiva pasividad y falta de dinamismo en sus respectivas gestiones públicas. Por eso, tan solo usted vea y juzgue a los y las regidores de sus respectivos municipios: ¿Quiénes son los que más andan en las colonias haciendo gestiones? ¿Quiénes son los que más apariciones en medios tienen informando sobre sus respectivas labores? No se vea sorprendido cuando en la conclusión de ese simple ejercicio se dé cuenta que son los jóvenes, los que sobresalen notoriamente de los demás, y lo que hace preguntarnos: realmente ¿Están chavos?

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