Vislumbres 

Colima 490 Aniversario

El próximo viernes 20 de enero, la ciudad de Colima estará cumpliendo 490 años de haber sido fundada “con criterios españoles” y, aun cuando ya se han repetido mucho algunos datos relativos al evento, hay otros, sin embargo, de los que nada o muy poco era lo que se sabía, pero que afortunadamente han venido saliendo a la luz en los últimos 20 años, gracias al tesón (y a veces la buena suerte) de algunos investigadores como Juan Carlos Reyes Garza, recientemente fallecido; Margarita Nettel Ross, jubilada ya, y José Miguel Romero de Solís, quien aun cuando ya se jubiló también, sigue activo.

Todos ellos, pues, han podido en estas dos décadas que decía, localizar primero, y publicar después, algunos documentos añejísimos que nos posibilitan asegurar que los primeros colonos españoles que se quedaron a radicar en la entonces recién fundada Villa de Colima “no la tuvieron fácil”. Pero que les fue peor, ¡muchísimo peor!, a los nativos colimecas, cuya tranquilidad, modos de ser, de actuar y de pensar se trastocaron cabalmente, entrando, la mayoría de ellos en una espiral de  explotación, esclavitud y muerte que casi acabó con su raza en esta porción de lo que hoy es México. Todo eso porque como es perfectamente sabido, los conquistadores españoles fundaron sus villas sobre las ruinas de los pueblos autóctonos, y aquí no fue la excepción.

Un poco para que los lectores se den una idea aproximada de lo que sucedió en aquellos días, mencionaré unos cuantos datos entresacados de esas nuevas investigaciones, comenzando por un documento que dice que el 4 de marzo de 1527, a menos de dos meses de haber sido fundada la Villa de San Sebastián de Colima, el conquistador Francisco de Figueroa se puso a las órdenes de algunos empresarios aventureros de aquellos tiempos, para ir a buscar “oro en las minas de Zacatula”, llevando por su parte “una cuadrilla de esclavos” integrada por “hasta ciento ochenta personas”, entre las que muy probablemente habría varios colimecas. Sabemos también, que el 3 de agosto inmediato, un colono que se llamaba Peralmíndez Chirinos vendió algunos de sus esclavos mineros, con sus ‘enseres de trabajo, a Gonzalo López por 500 pesos”.  Y que sólo cinco días después, el 8 de agosto, Jácome Ginovés “se concertó con Andrés Alonso, vecino de Zacatula, para explotar minas” de la antigua costa colimeca, poniendo cada uno 30 esclavos, herramientas y bateas”. Nombrando como su apoderado en este negocio a “Juan Bautista, vecino de Colima”. Y que el 7 de septiembre siguiente,  Diego Juárez vendió a Francisco de Orduña y Juan de la Plaza 36 esclavos suyos, ‘machos y hembras diestros en las minas, con diez barretas, veinte almocafres y nueve azadones’ por la suma de 216 pesos de oro”.

Las referencias que seguimos teniendo en este mismo sentido son, quizá, poco numerosas pero muy abrumadoras, porque nos hablan del gran sufrimiento que padecieron los indígenas de todo el occidente de nuestro actual país, propiciando la rebelión de algunos cuantos pueblos precisamente a partir de 1527, en Motin, Ostula, Pómaro y otros pueblos que actualmente pertenecen a la costa michoacana, pero que en aquel entonces estaban bajo la jurisdicción de las autoridades de la Villa de Colima, y pertenecían a varios encomenderos españoles radicados en ella.

Por ese motivo, Alonso de Arévalo, alcalde ordinario de la Villa de Colima, en unión de varios otros colonos armados de a caballo y de a pie, participaron en el apaciguamiento de esta rebelión, militando bajo las órdenes de “Pedro Sánchez Farfán y Antón Caicedo, capitanes nombrados por el Gobierno” de la Nueva España “para tal objeto”.

En este movimiento se impuso nuevamente la tecnología guerrera de los europeos y la fortaleza de sus caballos, provocando la muerte de numerosos rebeldes y la esclavitud de los vencidos, a quienes herraban de la manera más ingrata en las mejillas o en los hombros.

Muchas noticias continúan apareciendo en este mismo orden de ideas: a fines de marzo de 1528, Pedro de Bazán, vecino entonces de Colima, compró una partida de 150 esclavos, a 3 pesos por cabeza, y diez días después otra de 65, también a tres pesos cada uno. Todo esto en un momento en que un caballo, por contraste, costaba alrededor de 200 pesos.

Finalizaré estos ejemplos mencionando el hecho ignominioso de que tan sólo a mediados de 1529, 665 naturales fueron capturados en los pueblos de Amula y Tuxpan, Tamazula y Zapotlan, y conducidos ‘herrar a la Villa de Colima”, para posteriormente ser enviados a las minas de la costa.

Y era tanta la tristeza que padecían por su parte las mujeres de la región, que según el testimonio del licenciado Lorenzo Lebrón de Quiñones, emitido por escrito a principios de 1554, muchas de ellas preferían abortar, o matar inclusive a sus hijos recién nacidos para impedir que vivieran en una esclavitud semejante a la que ellas y sus hombres estaban padeciendo. Llegándose muy pronto al extremo de que, como lo mencioné arriba, la población indígena de Colima estuvo a punto de desaparecer por completo. Siendo ésa la causa de que, a diferencia de otros estados, como Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas, en nuestra entidad casi no existan indígenas, exceptuando a los cortadores de caña y a los vendedores de baratijas de las playas, que proceden de esos otros estados.

 “A media asta”.-

Aprovechando que estamos mencionando una interesante efeméride local, quisiera detenerme un poco para comentar también algo que tiene (o tendría) que ver con nuestra supuesta “mexicanidad”: Me refiero a las fechas marcadas en el calendario cívico, y que según las autoridades que originalmente las establecieron, podrían ayudar a forjar un sentimiento nacional de orgullo y patriotismo. Fechas de las que, abrumados tal vez por las novedades que nos brindan los emails, el WhatsApp y el Facebook, ya casi nos hemos olvidado totalmente.

Pero no crea usted, lector, que le voy a recordar todo el calendario cívico que, bien o mal, aprendimos desde que estábamos en la primaria. No. Sólo me quiero referir a que hay en aquél fechas a conmemorar y fechas a celebrar. Y que para distinguir unas de otras, se iza la bandera a toda asta, o a media asta. Siendo las primeras gozosas, dignas de júbilo, y siendo las segundas, motivo de duelo, dolor, sufrimiento o luto.

Con base en lo anterior, todas las escuelas, todas las alcaldías, todos los palacios de gobierno de todo el país y todas las bases militares o marítimas de todo el país estaban dotadas con astabanderas en sus porciones más visibles. Pero como cualquier observador se habrá podido dar cuenta, dichas astas, o ya no existen o han entrado en franco desuso, y sólo se conservan las de los campos militares y las zonas navales, o las de algunas plazas y edificios y públicos de lo que de plano ha sido imposible quitarlas.

La atención, sin embargo, referida a las fechas que en lo general mencioné, tampoco es muy notable que digamos, y sólo resaltan cuando ocurre una irregularidad, como cuando, por ejemplo, el 1° de septiembre pasado, en algunas plazas (término militar) entre las que (¿coincidentemente?) se halló la de Colima, se izó la bandera al revés, generando un revuelo de carácter incluso internacional porque aun cuando “en la Ley del Escudo, la Bandera e Himno nacional no se establece ningún significado oficial para este acto, en otras ocasiones se ha considerado como un acto de protesta”. Pero ¿protesta en contra de quién?

Si recordamos el dato, la víspera (31 de agosto), fue cuando vino a México, y concretamente a Los Pinos, el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. De ahí que si consideramos el hecho de que en Aguascalientes, Tijuana  y Colima al menos, las banderas se izaron al revés, y ondearon así hasta por una hora, ello pudo significar – según lo señalaron no pocos observadores- que algunos generales estaban protestando en contra del gobierno federal, que precisamente encabeza el presidente de la república, constitucionalmente considerado como el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Interpretación que ninguna fuente oficial desmintió, acusando en cambio a los cadetes o a los soldados rasos que participaron en ello, de novatez, o de no haberse fijado bien, “porque como la ceremonia de izamiento es a la seis de la mañana todavía estaba a oscuras”. Como si dicha oscuridad no se presentara todos los días.

Otro dato interesante, aunque tal vez más curioso que significativo, fue que las tres banderas puestas al revés ondearon en tres entidades que, puestas en orden alfabético, representan las primeras tres letras del abecedario: Aguascalientes, Baja California y Colima. ¿Dato curioso o clave de algo?

Más allá, sin embargo, de que sólo hayan sido tres (o cinco, o siete) banderas las que ese memorable día ondearon un rato al revés, aquello se vio como un signo de inconformidad que “los altos mandos” militares quisieron mostrar, para que el ciudadano presidente tomara nota y sopesara muy bien lo que estaba haciendo, y lo que en esa misma línea de cosas, estaría por hacer.

De haber sido cierto eso, EPN parece que ni siquiera se dio por enterado, y justo cuatro meses después “revivió a un muerto que falleció esos días” (Videgaray) para ponerle en charola dorada la cancillería mexicana. Que por lo visto estará al servicio de Trump. ¿O no?

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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