Poeta y académico

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea.

Habría que entender en primerísimo lugar algo que la población suele olvidar sobre las función primordial de la Fiscalía, que es la de perseguir delitos y no la de prevenirlos, función ésta que le corresponde a otras instancias, como a la misma policía estatal o municipal. La ciudadanía en ocasiones ignora las etapas de este proceso y, por tanto, suele culpar a justos por pescadores a la hora de juzgar la situación de inseguridad de nuestra entidad. Digo esto sin demeritar la responsabilidad ni de una instancia (la preventiva) ni de la otra (la persecutiva), pues cada una debe esforzarse o bien para evitar la comisión de delitos o bien para que estos no queden impunes. En este último sentido caben muy bien las dos plausibles detenciones realizadas por la Fiscalía del Estado. La primera detención, que fue incluso anunciada en noticieros nacionales como un acierto de la Fiscalía, es la relacionada con el asesino del joven de quince años Germán Mauricio Ruiz Garcìa, quien fuera cajero de un Kiosko en Manzanillo y quien fue ultimado por la espalda, hincado y con los brazos extendidos, por uno de los malhechores, lo que indignó profundamente a la sociedad. La detención de su asesino material, cosa que no habíamos visto desde hace tiempo en este tipo de delitos, empieza a hablar de la nueva sinergia que está teniendo el equipo de la Fiscalía estatal, al frente de la cual se encuentra el incansable Gabriel Verduzco con una serie de colaboradores -muchos de los cuales, por cierto,  fueron mis colegas en el tiempo que trabajé en la entonces Procuraduría- que conocen bien su responsabilidad. La siguiente detención fue la de uno de los agresores del empresario inmobiliario Gabriel Macías Becerril, quien recientemente fuera atacado muy de mañana en uno de los pacíficos barrios del norte de la ciudad y quien, por fortuna, no perdió la vida. La detención de este atacante puede abrir líneas de investigación que, eventualmente, brinden pistas sobre otros delitos o sobre otras células delictivas que estén operando en la entidad bajo principios distintos a los del crimen organizado. Sería muy afortunado también que la Fiscalía diera otro golpe certero contra alguno de los asaltantes de cuentahabientes que han azotado recientemente a la población  pues también esto podría desvelar la ruta a seguir para inmovilizar a quienes están detrás de esos robos tan genuinos que uno llega a pensar como responsables hasta al personal del mismo banco. Lo mejor, claro, sería que la policia preventiva estableciera una mejor estrategia para evitarlos, y así, previniéndolos, no tendríamos que vernos en la necesidad de curarlos. En cualquiera de los casos, la Fiscalía deberá mantener esta misma estrategia de persecución delictiva en todos los órdenes, aun en los más especializados, para que poco a poco la ciudadanía recobre no solo la tranquilidad cotidiana sino también la credibilidad sobre las instancias dedicadas a preservar el orden y la paz social de nuestra bella entidad.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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