TAREA POLÍTICA

Copar la mayoría de los espacios de información y de opinión en los medios de  comunicación tradicionales y en los digitales; cooptar las débiles voluntades de reporteros y ‘opinadores’ acomodaticios, convenencieros, mercenarios del periodismo; y reprimir las voces disidentes, discordantes, resistentes al avasallamiento gubernamental, es la fórmula que desde su primera campaña electoral por la gubernatura del estado hasta la fecha ha venido aplicando José Ignacio Peralta para legitimarse ante los colimenses a quienes les ha incumplido su promesa de hacerlos felices. A pesar de la probada ineficacia de la nazi-fascista fórmula ‘copadora, cooptadora y represora’ nachista que locos de contento han hecho suya en la Coordinación de Comunicación Social del Gobierno del estado los mismos funcionarios que vienen desde el silveriato y el anguianato, incapaces de aprender maromas nuevas, continúa como política de comunicación de un mandatario que se pelea hasta con su sombra y va dejando a su paso agravios, traiciones y desamores perros.

No obstante tener sembrados a decenas de reporteros, analistas políticos, escritores, entrevistadores, comentadores, informantes, etc., en los periódicos impresos, radiofónicos, páginas digitales y en las redes sociales, Comunicación Social del Gobierno del Estado no da pie con bola. Y es que contrario a lo que los comunicadores al servicio de José Ignacio  creen, los lectores, escuchas e internautas colimenses son inteligentes, distinguen el gato de la liebre, saben quién es quién en el ambiente periodístico local.  Pésimos magos, han convertido los boletines en columnas de opinión que repiten y reproducen a discreción convencidos de que saturar es comunicar, de que apabullar es conquistar, de que mucho es bueno, cuando sucede todo lo contrario. Han acabado a tal punto con la credibilidad de sus “analistas” que cuando todavía no transitan su primer año como gobierno nadie ya les cree nada de nada, ni siquiera el bendito.

Lo que a últimas fechas desató la santa ira del Coordinador de Comunicación Social del Gobierno del Estado en contra de los columnistas ajenos a su círculo de incondicionales a quienes les echó encima a sus perros que comen perro fueron sus comentarios sobre el rompimiento de la relación personal que el gobernador Peralta mantenía con el Director del Instituto Mexicano de la Juventud, José Manuel Romero Coello, y el reconocimiento de parte de José Ignacio de que en el Gobierno Federal no tiene el peso ni la influencia que tanto presumió en campaña. También, los referentes al informe de los pasteles y las mañanitas. En lugar de aceptar que el deslinde de JIP de JMRC fue mal planeado y peor ejecutado por el Coordinador de Comunicación Social, éste se fue por la vía fácil de culpar de la encuerada al entrevistador radiofónico Miguel Ángel Vargas y a quienes con sus plumas versaron sobre los despechos de José Ignacio y los secretos de la montaña.

El gobierno peraltista no sólo sigue reprobado en materia de seguridad pública, salud y bienestar económico y social, sino también en el rubro de los derechos humanos como el de la libre expresión de las ideas y el de reunión, gravemente conculcados por su propia Coordinación de Comunicación Social que ataca con todos los recursos a su alcance a quienes los ejercen, incluidos los esbirros partidarios que tiene enquistados en la nómina estatal y de varias delegaciones federales. Mencionar sus nombres y cargos  es darles una importancia que no tienen.

En lugar de satanizar a quienes no siguen su “línea”, el Coordinador de Comunicación Social del Gobierno del Estado debe transparentar su teje y maneje de los medios de comunicación a su servicio y decir dónde y cuánto cobran sus reporteros y columnistas, para que los colimenses sepan a donde va su dinero y qué objetividad e imparcialidad puede esperar de quienes publican por la paga que reciben lo mismo en delegaciones federales que en la administración estatal, la propia Coordinación de Comunicación Social incluida.

EL ACABO

  • A estas alturas la Coordinación de Comunicación Social del Gobierno del Estado todavía no digiere la victoria electoral de José Ignacio. Sigue su guerra sucia sin ton ni son, a tontas y a locas, en contra de todo lo que no le cuadre o acomode.
  • Que el finlandés Secretario de Educación del Gobierno del Estado, Óscar Javier Hernández Rosas, no le debe el puesto a José Manuel sino a José Ignacio. ¡Servido!
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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