PARACAIDAS

Un gobernador que no fue ungido con la anuencia de la mayoría de la población y, más aún, que tuvo un dudoso triunfo electoral (arraigado en el fraude y la tiranía del Estado), es un gobernador ilegítimo. No lo fuera en una monarquía hereditaria, pero sí lo es en una democracia, una democracia imperfecta, en efecto, pero al final del día una democracia.

Esta falta de representatividad social es lo que le ha ocasionado los mayores estragos a la gestión de Nacho Peralta, de ahí que siempre esté bajo el más despiadado de los escrutinios públicos. El último de estos escándalos (ya lo fue antes el departamento de los 7 millones y más antes el nachogate, etcétera) fue la camioneta Yukon blindada que presumiblemente no compró sino renta el ejecutivo estatal. Como quiera que haya sido, todos los escándalos habidos y por haber del gobernador Nacho Peralta confluyen en un solo paradero: la sociedad no lo considera su representante, por eso la sociedad no le cree nada de lo haga, aun cuando haya hecho ya cosas loables, como pagarle a nuestra alma mater, la Universidad de Colima, gran parte de su deuda histórica. No faltó quien, por cierto, dijo, sobre este particular, que seguramente había sido una farsa eso del pago para ganar nomás créditos. Y es que a casi seis meses de gestión al gobernador Nacho Peralta le ha faltado realmente valentía para dejarle de dar vueltas a su verdadero liderazgo y empezar a gobernar de a de veras. Si bien tiene la inseguridad sobre la espalda (a mí mismo ya me han contactado del The guardian, periódico británico, para entrevistarme sobre tal problemática), lo que al gobernador Nacho Peralta lo seguirá teniendo en el hoyo es ese pasado del que no se quiere o no se puede o tiene miedo desprenderse: me refiero a muchos actores políticos, la mayoría relacionados con el grupo del ex gobernador Moreno Peña y su tío Héctor Sánchez de la Madrid, entre ellos el propio Arnoldo Ochoa, su secretario general, que le remilgan y arrebatan y subvierten el poder, y si además son ciertas las versiones de que es un gobernador ausente, entonces estamos (todo apunta a que así es) ante un Estado fallido y un gobierno acéfalo. La inseguridad no es la causa de esta acefalía sino el efecto de la misma, un lugar en el que el poder sólo empieza a utilizarse para beneficiar a unos cuantos, como es el caso del propio mandatario, que en lugar de abrirse y acercarse al pueblo que lo increpa para dialogar con él, se blinda y se distancia, se ciega y se ausenta. Si el gobernador Nacho Peralta no quiere terminar como su padrino presidencial Peña Nieto, repudiado por el pueblo y con los índices de aceptación más bajos de la historia, entonces tiene que armarse de valor y cortar con ese pasado que lo tiene maniatado y amordazado, tal como está ahora la propia sociedad colimense con tanta violencia como jamás antes se había visto.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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