Héctor Gutiérrez Magaña

Después de todo lo que prometió, el primer año de gobierno de Ignacio Peralta parece una pausa de incertidumbre. Nadie sabe por qué no avanza el peso de la justicia sobre los que desfalcaron al estado, por qué los homicidios, robos y violaciones se mantienen en tasas elevadas, o en qué momento las buenas migas del gobernador con el gobierno federal van a beneficiar a los colimenses.

Pero no se trata únicamente de analizar un nuevo gobierno, sino cómo la administración del ejecutivo opera en la reconfiguración del sistema político local. Las tramas de lo posible en Colima cambiaron por la llegada de Nacho al PRI y al gobierno, por la imposición del preciadismo como fuerza hegemónica en el PAN, el reflujo de las movilizaciones sociales y los incómodos ajustes en las fuerzas que se presentan como alternativa al status quo (Morena, PRD y quizás M.C.).

El escenario de gobernabilidad parece ser favorable para Nacho con la escisión de tres legisladores de la bancada panista. Nico, Javier y Luis se declararon diputados independientes y sumaron sus votos al bloque PRI-PANAL-PVEM-PT. En menos de un año el PAN perdió su mayoría y el gobierno estatal pudo lograr un congreso a modo. El poder judicial es presidido por un perfil afín a Peralta, y resulta ilustrativo que el Instituto de Transparencia esté dirigido por la comadre del gobernador.

¿Por qué entonces parece que el gobierno está trabado?  Puede haber falta de liderazgo y oficio político, quizás los planes de gobierno eran desproporcionados o en realidad Nacho no tenía un plan. Una de las cartas de los pregoneros de Nacho en campaña era su buena relación con el gobierno federal. Si esa era su fortaleza entonces podemos entender su condición grisácea.

Los motores del desarrollo funcionan con la fuerza de grandes alianzas políticas. El gobierno de Peralta se está sosteniendo sobre un enjambre de aliados que representan poco: los Cómo Vamos no representan al pequeño y mediano empresariado (que es el que genera más empleos y moviliza el mercado interno), las élites de la UdeC están lejos de la producción científica, el priismo que está en el palacio de gobierno no es el que sostiene las bases de su partido.

Pero tampoco parece que la presión pueda venir por fuera. El PAN ha demostrado poco oficio como oposición. Recordando a Paco Rodríguez, este partido se empeña en ser co-gobierno. El experimento de Locho ha dejado mucho que desear (Locho parece ser buen opositor como candidato pero no para construir una fuerza política en tiempos “normales”), quién sabe que está pasando en Morena, y la cruzada de Martha Zepeda está permanentemente cuestionada al enmarcarse en el PRD.

Hoy los cárteles del crimen se reagrupan y provocan caos. Al mismo tiempo los cárteles políticos hacen lo propio y parece que detienen el tiempo. Ahí en medio es que Ignacio Peralta intenta transformar Colima.

Héctor Gutiérrez Magaña

Analista político

Maestro en investigación en Ciencias Políticas.

 

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