Abelardo Ahumada

VISLUMBRES- Abelardo Ahumada

El mayor escándalo de tipo político que a nivel estatal se desató en estos días, derivó de la renuncia de la (¿ex perredista?) Indira Vizcaíno al gabinete del gobernador José Ignacio Peralta Sánchez, donde estuvo tratando de desempeñarse como titular de la Secretaría de Desarrollo Social del Estado de Colima. Una renuncia que en realidad no debería de resultar extraña a nadie, pero que levantó ampollas porque la ex diputada federal y también ex alcaldesa del municipio de Cuauhtémoc se negó a cargar con toda la culpa, y no quiso dejar un resquicio para que sus enemigos políticos y sus amanuenses tuvieran mayores motivos para criticarla.

En este sentido, pues, lo que Indira se atrevió a decir confirma una buena parte de lo que otros observadores ajenos al gobierno ya habían expuesto (o sospechado),  pero evidencia otros temas sobre los que muy poco se podrían tener noticias, tales como el de que no sólo no la dejaron ejercer a cabalidad el presupuesto asignado para su oficina el año pasado, sino que tres cuartas partes del recurso asignado a uno de sus programas de trabajo, se lo traspasaron a la Secretaría de Educación para que ella no sólo no apareciera ejerciendo dichos recursos, sino, sobre todo, para evitar que al manejarlo pudiera ser bien vista por los futuros electores. Otro asunto que la llevó a renunciar es que, al parecer por órdenes del propio JIPS o por el enorme control que ejercen sobre su persona algunos de sus allegados, a Indira no la dejaban en libertad para hablar o declarar nada a los medios, ni siquiera sobre los tópicos de su incumbencia. Aplicándole, según sus palabras, una mordaza.

Indira, pues, aunque cuando aceptó la invitación del todavía entonces gobernador electo a formar parte de su gabinete, sabía poco más o menos a qué le iba tirando, pero ahora reconoce que pecó de ingenua porque los demás miembros priístas del gabinete nachista (en su noventa y tantos por ciento supuestamente varones), siempre la estuvieron viendo como una muy posible contrincante con miras a lo electoral y, obvio, buscaron el modo de no dejarla brillar.

Según acaba de manifestarse, la ex secretaria de la Sedescol tiene pensado volver al redil perredista de donde salió, pero ya hay quienes la ubican haciendo campaña en favor de Andrés Manuel López Obrador, con quien en otros tiempos tuvo buenas migas, y porque la mayoría de los opinadores profesionales considera que el PRD, en 2018, será ampliamente superado por Morena, si no es que llega a desaparecer.

En la contraparte panista hay varios dirigentes y ex dirigentes que por lo mismo  están de plácemes y ven en la renuncia que hizo ahora Indira una especie de “castigo de los dioses” porque, habiendo podido ella, en 2015, aliarse con los panistas para que ningún priísta ocupara la gubernatura, prefirió darle la espalda a Jorge Luis Preciado y apoyar al candidato tricolor, contribuyendo de algún modo a que la muy anhelada alternancia se pospusiera al menos por un sexenio más.

Cero polémicas.-

Por su parte, cuando los reporteros le preguntaron al gobernador su opinión al respecto de las aclaraciones que Indira había hecho en los medios luego de presentar su renuncia, JIPS decidió evitar mayores líos y revires y declaró: “No quiero polemizar, ni dar repuesta puntual a este tipo de declaraciones. A Indira se le dio oportunidad para qué colaborara como secretaria de Desarrollo Social, sus resultados están a la vista de todos y [la] evaluación [es] de [los] colimenses. Puedo decir que [le] agradezco que durante un poco más de 1 año se haya incorporado al equipo como parte del gabinete y haya hecho su mejor esfuerzo para cumplir a colimenses”.

El hombre, desde luego, está en su derecho de evitar cualquier otro asunto que empañe aún más su propia actitud respecto a su antigua colaboradora, pero al callarse (o no aclarar nada de lo que aquélla expuso) le dio la razón, y los ciudadanos así lo han entendido. Bien, pues, en este caso, por la ex secretaria, que se atrevió a decir un poco de cómo están las cosas allá adentro.

El conflicto que viene.-

Hace ya casi año y medio, cuando se supo que la ex alcaldesa perredista había aceptado formar parte del gabinete nachista, Martha Zepeda del Toro, ex candidata a la gubernatura por parte del PRD, y su amiga y entusiasta colaboradora, publicó una encorajinada carta en la que le reclamaba a Indira haber traicionado sus principios y a su amistad: “Desde la campaña ordinaria –expresó Martha- fue claro para todos quienes fuimos candidatos, que tus intereses personales estaban muy por encima del compromiso con los tuyos y tu partido”; que pactaste con el PRI y que por eso “tu designación como Secretaria obedece más a un pago de favores que” a la supuesta “pluralidad política”, alegada por el gobernador.

Y dijo más: “Me abandonaste en la campaña” aun cuando “ambas nos debíamos una doble lealtad: ¡la ideología por la que luchamos y la amistad!”.

Hoy, Martha Zepeda es la delegada del Comité Ejecutivo Nacional del PRD en Colima, ¿perdonará a su amiga arrepentida de haber colaborado con el enemigo político? ¿Se vengará de ella o evitará en lo posible su reinserción? Las preguntas están como aquéllas, de la radionovela de Kalimán, en la que todos los días al final se decía, por ejemplo: “¿Logrará Kalimán derrotar al Conde Bartok? ¿Podrá Solín escapar de las garras de sus captores?. No deje usted de escuchar el siguiente capítulo de esta interesante radionovela”…

Sea cual sea el desenlace de toda esta trama, lo cierto es que si bien todos los seres humanos fallamos y cometemos errores, también tenemos derecho a rectificar. Y ese parece ser ahora el caso de Indira Vizcaíno, quien habría aprendido en este lapso que en la lucha por el poder no hay tregua ni consideración y que, si no va uno muy bien armado, no debe meterse en la cueva de los leones.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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