NUESTROS HÁBITOS PUEDEN CAMBIAR AL MUNDO.

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“NUESTROS HÁBITOS PUEDEN CAMBIAR AL MUNDO. ES MEJOR APRENDER QUE DESAPRENDER”  por Dr. Ricardo Ramírez Ramírez.

Todo ser humano, desde la etapa prenatal hasta la muerte,  se enfrenta a la tarea interminable de incorporar conocimientos, sentimientos y emociones a su cerebro, se aprende por todos los sentidos , viendo, palpando, oliendo, saboreando y escuchando, si observamos detenidamente a los menores de edad, lo constataremos. Aprendemos con mucha frecuencia , hasta por imitación  y en la medida que repitamos cientos o miles de veces lo enseñado, pasamos a la maestría y reproducción  automática, de aquello que se ha guardado paulatinamente, en ese maravilloso  bioprocesador , llamado  cerebro.

Lo obtenido de  padres, hermanos, amigos, maestros y otras personas mayores, durante los primeros siete años de vida , se graba en  el área subconciente,  sin la supervisión del cerebro analítico o  conciente  y quedará como un código,  o hábito mental, que se expresará nítidamente en forma automática, la mayor parte del día , en cualquier lugar, y en diferentes etapas de la existencia, toda vez que el componente conciente, en su afán de ahorrar energía, deja a su subordinado, la responsabilidad de responder  al  95% de los estímulos, que este órgano asiento de la inteligencia recibe.

En la pubertad, cuando nuestros hijos adquieren plena conciencia del mundo en que viven, analizan sus fortalezas y debilidades, calificando sus hábitos en buenos o malos, como consecuencia de la aceptación o rechazo  que la sociedad les brinda. Muchos de éstos púberes,  que se encuentran en transición  hacia la juventud, inciden  en la calidad de estas costumbres arraigadas: mejorándolas o  cambiándolas , dependiendo  de la ayuda, que reciban en cualquier sentido y de las aspiraciones que  puedan tener para los años siguientes.

Después de la infancia cada quien puede cambiar hábitos indeseables o, formarlos a modo. El estadunidense  Charles  Duhigg   en su obra El Poder de los Hábitos,  nos dice:  para cambiar un hábito perjudicial  o formar uno nuevo,  debemos considerar tres componentes: LA SEÑAL, LA RUTINA Y LA RECOMPENSA y nos pone un ejemplo: si te encuentras  aburrido, interpretado el aburrimiento  como la señal, y  la rutina es ver televisión o practicar videojuegos; puedes  salir a pasear, leer un  buen libro, e ir  a hacer ejercicio  y de esta forma la cambias,  dando como consecuencia una modificación  en el estado de ánimo;  y éste cambio de hábito, dice  Duhigg,  te lleva con frecuencia a establecer una dieta adecuada  y, a una segunda recompensa: verte físicamente bien.

Sin embargo cuando  el conocimiento se impregnó indeleblemente   en el subconciente, como resultado de  reiteraciones  prolongadas , se debe explorar la técnica de  repeticiones rectificadoras (“Afirmaciones”, según los investigadores), si nos dijeron en la infancia por ejemplo, que somos tontos y aprendemos con dificultad,  debemos repetirnos hasta el cansancio : yo—— soy inteligente, todo lo que estudio  lo asimilo con facilidad  y lo recuerdo cuando lo necesito.

Otra disciplina a considerar,  es la Psicología Energética,  que ofrece el  Dr. Fred P. GALLO en su libro  Toques Mágicos, nos ayuda,  a reformatear los hábitos perjudiciales.

La hipnosis, método que lleva al cerebro a nivel alfa sugestionable, manejada por expertos, resuelve con frecuencia los problemas mentales, que boicotean nuestros deseos de triunfo.
Como podemos ver, es más fácil aprender, que desaprender, si queremos ver a nuestros hijos: felices , exitosos y de bien (como reza el slogan del Colegio Campoverde) debemos conducirlos por senderos  creativos, sin limitaciones intelectuales, donde la observación no falte y la benevolencia, el amor y la magnanimidad estén presentes. Trascendamos en sus hábitos con ellos  y no dejemos que los medios de comunicación y la sociedad interfieran en ese cometido.

Dr. Ricardo Ramírez Ramírez

Médico Pediatra (UNAM); Presidente de la Asociación Colimense de Consumidores ; activista social.

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