Javier Montes Camarena

“La política es el arte de reparar la fisura de una presa con chicle, y convencer que el peligro ha pasado”

Popular.

Déjenme decirles que: Aun cuando el diccionario acepta el hambre y el apetito como sinónimos, hay un matiz de diferencia entre ellas.

Al hambre se le vincula con una necesidad; al apetito con un deseo. Hoy, en nuestro estado, hay hambre y apetito. La urgencia de algunos sectores por cubrir necesidades fundamentales y la de otros sectores por no perder privilegios conquistados.

Pobreza y riqueza conviven, pero no cohabitan ni comparten. No encuentran en la idea de un territorio como el nuestro el denominador común que podría vincularlos y depararles un destino más seguro, más justo y equilibrado, menos confrontado y, por lo mismo, más prometedor.

En un ambiente de concordia, hambre y apetito encontrarían puntos y puentes de comunicación y entendimiento, pero seamos serios, tanto se abandonó la política como ejercicio de acordar, tanto se confundieron derechos y privilegios y tanto se fomentó la polarización que, hoy, Colima, se halla en una encrucijada y, en medio de la cual, los tres niveles de Gobierno intentan, como pueden, abrir las tenazas de esa pinza que, cuando no lo inmoviliza y neutraliza, lo aprisiona.

Por eso, estos días en que rápidamente se acerca el fin del año, los días son tan apasionantes como difíciles. Plantean un enorme desafío a los Gobiernos federal, estatal y municipal porque, desde el pragmatismo que los anima y sin estar solos, pero tampoco arropados, advierten la urgencia de atender necesidades básicas de los colimenses.

Planteándole a la sociedad un crucigrama donde aparecen palabras sin uso en la noción del tiempo. Esta compleja situación explica por qué, en su aparente contradicción, los programas contra el hambre no han funcionado, no han servido ni siquiera de paliativos para alimentar a la gente.

No nos engañemos, Colima se encuentra semiparalizado, no se ve, tan siquiera un intento de transformación y, es que, en el léxico priista la palabra “romper” no gusta, se prefiere la de “cambiar”. Se venera la revolución, pero se privilegia la mentira bajo la pobre filosofía de “lo deseable”.

Se practica la política, pero sin dejar de comprar voluntades. Se elogia el federalismo, pero sin renunciar al centralismo. Se ensalzan las decisiones democráticas, pero fascina la concentración del poder.

Por eso Colima se ve estancado, requiere más velocidad, que los políticos dejen de lado el tradicional léxico priista, se requiere cambiar lo inaceptable, romper mitos y paradigmas para encontrar no sólo apoyos sino para cambiar el destino de una población con hambre y necesidad de empleo.

Debemos reconocer que en los tres niveles de gobierno hay negociaciones y chantajes, hay pulcritud y suciedad, hay conciliación y fuerza, hay firmeza y doblez. Se requiere hacer negociaciones hasta con los demonios para que los programas alimentarios funcionen en beneficio de la gente.

Todos los recursos deben ponerse al servicio de los que menos tienen para alcanzar los objetivos propuestos, si se quiere, con dosis de autoritarismo pero también con dosis de inteligencia ante un hecho ineludible: en la actual coyuntura de Colima es asunto de sobrevivencia política para nuestro estado.

Pronosticar el porvenir de nuestro estado es ocioso porque la certeza del futuro se tiene cuando es presente. No antes.

Pese a las dificultades de estos primeros 12 meses del nuevo Gobierno estatal, es menester extender el periodo de gracia, instar a la reflexión seria sobre lo que hay que apoyar o resistir y reconocer que, de seguir por donde se va, el desmadejamiento de Colima se apresurará.

No queda tiempo, es preciso abatir el hambre y frenar los apetitos políticos de cara al 2018.

Ahí se ven.

ENLACITOS

EL TACONAZO: Dice el colega columnista Juan José Farías Flores “Que no va al baile”, no, no va, ya bailó, porque a toro pasado trató un asunto político que avergüenza y del que trató sacar raja. Pero no te apures Juan José, yo lo entiendo y te entiendo. Un abrazo.

NO TIENE LUCHA: “Mugrosito” Alberto Nando Quintal negativo y corrupto director del INMUDE anda de pirata pagando con dinero público la inscripción de equipos de futbol infantil “chuecos” de la liga de Santiago. ¿Quién lo viera, tan falso y tan hipócrita dándole malos ejemplos a la niñez?

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