Abelardo Ahumada

 Por Abelardo Ahumada

EL PÁRROCO DE SAN FELIPE

Hablando a propósito del padre Hidalgo, algunos historiadores nacionales han formulado un par de hipótesis para tratar de explicar por qué se trasladó hasta la muy remota parroquia de Colima luego de haber sido brillante catedrático, y rector incluso, del muy antiguo y altamente reconocido Colegio de San Nicolás, en Valladolid. La primera y más añeja de ellas dice que el obispo de Michoacán quiso evitar que el ilustre Zorro (como le decían a Hidalgo desde que fue estudiante) siguiera contaminando con sus “ideas peligrosas” a los jóvenes que estaba ayudando a formar en el afamado colegio-seminario.1 Y que, por eso, deseando advertirle la conveniencia de moderar sus ímpetus de rebeldía intelectual, el prelado lo envió a Colima casi como a un destierro, pues no hay que olvidar que esta parroquia era la última, geográficamente hablando, que había en el extremo noroeste de la vasta diócesis. Contrariando lo que esta hipótesis maneja, hay otra más reciente, cuyo autor dice: “Ser rector de un seminario no era gran cosa; [y] ser nombrado [en cambio] señor cura de la parroquia de Colima era toda una promoción. Lo podemos medir muy concretamente: En Valladolid, ni sumando todos sus sueldos – como maestro, administrador y rector – pasó de ganar Hidalgo más de 1200 pesos anuales. Como cura de la próspera Colima, villa de españoles, ganaba 3 mil. ¿Cuál castigo? ¿Cuál destierro? El obispo manifestaba en esa forma su aprecio y su agradecimiento a uno de sus mejores alumnos”.2 Sin ser tal vez conocida por los historiadores nacionales, el profesor Felipe Sevilla del Río, historiador colimense, planteó una tercera hipótesis: la idea de que, tomando en cuenta que varios de los clérigos de la parroquia de Colima habían sido compañeros de estudios del padre Hidalgo, o incluso sus alumnos y/o subordinados cuando ejerció la rectoría del 1 José Lameiras y otros, Colima Monografía Estatal, SEP, México, 1994, p.156. 2 Jean Meyer, Hidalgo, Editorial Clío, México, 1996, p. 20 –21. colegio, el obispo de Michoacán hubiese decidido utilizar la presencia de aquél allá, con el propósito de influir de algún modo entre ellos, quienes, para esas fechas, al parecer ya habían expresado su acuerdo a la posibilidad de que las parroquias de Colima fueran desprendidas del obispado de Michoacán y pasaran a formar parte del de Guadalajara, no obstante que les repugnaba un tanto hacerlo. Idea que se deriva de los siguientes párrafos que escribió el profesor, sin dar conclusión a su razonamiento y sin precisar tampoco de dónde fue que tomó la cita que al final expuso: “El cura Hidalgo desempeñó en Colima varias comisiones por demás rutinarias dentro de su ministerio… nada, pues, extraordinario ni fuera de lo común… pero cabe preguntar nuevamente: ¿habría entonces en la iglesia colimense algún problema educativo, religioso o administrativo digno de la intervención directa del señor Rector del Ilustre Colegio de San Nicolás? “En realidad existía una seria preocupación para el obispo de Valladolid, como era la originada por la anexión de los partidos eclesiásticos de Colima, la Barca y Zapotlán con los agregados de los reales de Minas de Río del Oro y del Favor, que el obispo de Nueva Galicia, fray Antonio Alcalde y Barriga, había ganado para su diócesis, desmembrándolos de la de Michoacán … desde 1789, año mismo en que D. Alejo de la Cueva, cura del Partido de Colima, Fr. Rodrigo de Solache, Comendador de la Merced y Fr. Gregorio de San Román, prior de San Juan de Dios, otorgaron poder cumplido a D. José Toralla, Procurador de Número de la Audiencia de México, para que se presentase ante el virrey y arreglara la forma en que sin violencias ni urgencias se hiciese este cambio de obispado, “… tanto cuanto les es muy sensible apartarse dél (sic) y agregarse al de Guadalajara’”. 3 ¿Iría, pues, Hidalgo a Colima para informarse sobre ésa, supuesta aceptación de los demás clérigos de Colima para formar parte de la diócesis de Nueva Galicia? ¿Intervendría con ellos para tratar de convencerlos de que siguieran fieles al obispo de Michoacán? – La verdad no lo sabemos y mucho me temo que no lo sabremos nunca.

Existe la creencia de que este era el verdadero aspecto que tenía el cura Hidalgo cuando, a los 57 años, lanzó el “Grito de Independencia”. Por lo que se supone que cuando vino a Colima, de 39 años, debió de tener otro más juvenil y conservado. LO QUE DIJERON LAS MALAS LENGUAS. – Complementando, sin embargo, toda esta serie de datos (pero sin que tampoco haya sido valorado esto por los muy serios historiadores), alguna gente maliciosa de Colima llegó a creer que el padre Hidalgo tuvo un motivo totalmente distinto a los ya dichos para promover, él mismo, su traslado a la parroquia colimota: el de estar cerca de la muy joven esposa de don Luis de Gamba (o Gamboa), recientemente nombrado Subdelegado de Valladolid, en la Provincia de Colima, y a la que, al parecer, tenía un gran cariño. La joven señora, que por aquel entonces debía tener aproximadamente unos 18 años, era originaria de Valladolid, y su nombre de soltera fue doña Antonia Pérez de Sudayre. Y el asunto que se menciona (pero que al parecer se basó en un mero supuesto) es que, habiendo sido el cura amigo muy íntimo de don Luis, al que asiduamente visitaba en su casa de Valladolid, siguió visitando la casa del mismo cuando, por el hecho de haberse trasladado a Colima, para cumplir con su nueva encomienda como subdelegado allá, doña Antonia (de 18 años aproximadamente) se quedó un tiempo sola en la ciudad, dando pie para que, en ausencia del marido, ambos se encariñaran. En tal tenor, la gente que vio la cercanía que la dama y el cura tuvieron también en Colima, llegó a suponer que Hidalgo mismo había promovido su traslado desde la rectoría del Colegio de San Nicolás a tan lejana parroquia debido a que, habiendo sido doña Teresa requerida por su marido para que viajara a Colima, él (Hidalgo) se quedó triste y buscó el modo de seguir estando lo más cerca que pudiere de ella. Las fechas, en todo caso coinciden, pues, dice Sevilla: “En marzo de 1792, fecha del arribo del Br. Hidalgo a nuestra parroquia, Gamba y su esposa, él de 39 años de edad y ella de 18, moraban ya en la villa colimense en una espaciosa casa nombrada ‘de la Torre’, por hallarse frontera a la torre de la iglesia mayor y que era propiedad de D. José Trinidad Salcedo, [eso aparte de que…] los Gamba-Pérez llevaban muy íntima amistad con Hidalgo desde Valladolid”…4 Y era tan grande y tan conocida esta amistad que, unos pocos meses después, al notar que doña Teresa estaba por primera vez embarazada, los maledicentes empezaron a difundir la especie de que la criatura no fue engendrada por el esposo, sino por el señor cura, quien, aun cuando vivía en el otro extremo de la Plaza Real, oficiaba en el templo que quedaba justo al lado norte de la casa en donde la pareja vivía. Aquella niña, nacida en Colima el 1° de abril de 1793,5 ya cuando el cura Hidalgo tenía unos cuatro meses de haberse ido de Colima, fue bautizada en la parroquia de San Felipe de Jesús (que no debemos de confundir con la de San Felipe Torres Mochas, en donde Hidalgo fue párroco también) y se le impusieron los nombres de Mariana Francisca Teodosia Paula Gamba y Sudayre. Esta pintura es una reproducción de otra, ya muy deteriorada, que traía fecha de 1785, por lo que se infiere que este debió ser, poco más o menos, el aspecto que el templo de San Felipe de Jesús tenía cuando don Miguel Hidalgo y Costilla fungió como “párroco interino de Colima”. 4 Ibidem, p. 252; además Ricardo Guzmán Nava, La Colonia, Gobierno del Estado de Colima, 1973, p. 211. 5 Sevilla., p.254, conforme el acta de bautizo encontrada por este investigador “en los libros parroquiales de El Beaterio” de Colima. Pero la versión maliciosa que corría entre los colimotes se acentúo por el hecho de que, antes de retirarse de Colima, Hidalgo… “Hizo gentil donación a la joven esposa del Subdelegado de sus minas de Sapopa, de las cuales ella tomó posesión en principios de 1793 por medio de su apoderado D. José María Armendáriz”.6 “LA FERNANDITA”. – Versión que, si nunca llegó a confirmarse, tampoco se negó categóricamente, sino que, por el contrario, se reafirmó al agregarse nuevos motivos que acaecieron cuando, a principios de noviembre de 1810, luego de que Hidalgo y sus huestes habían tomado Valladolid y se disponían a marchar hacia Guadalajara. El hecho que ocurrió entonces (y dio más motivos para que se considerara que aquella niña sí era hija de Hidalgo) fue que, durante aquellos días, en que sus tropas tomaron Valladolid, capturaron a muchos españoles de los que allí moraban, para pedir rescate por ellos, o para matarlos. Llevándose entre ellos a don Luis de Gamba, quien nuevamente residía en la ciudad. Y lo que se sabe de fijo en ese sentido, proviene de una carta firmada el 20 de enero de 1811 por María Gamboa (que no era otra más que la niña nacida en Colima), en la que le explica al Gral. Félix María Calleja, el motivo por el que ella tuvo tratos con Hidalgo desde a mediados de noviembre en Valladolid, y en la que con toda claridad expone que su madre, doña Antonia Pérez de Sudayre, y ella misma (ya de 19 años), se presentaron ante el “Generalísimo Hidalgo”, para abogar por la libertad y la vida de don Luis. Solicitud a la que el ex cura habría dicho que atendería en el primer pueblo al que llegaran, pero que para poder hacerlo, ellas se fueran en una carroza en compañía de la tropa. Añade María (o Mariana) que a causa de ciertas enfermedades su madre no quiso atender la sugerencia de Hidalgo, pero que ella sí lo quiso hacer, pero disfrazándose según esto de hombre, para no provocar más chismes de los que de por sí había. Y que bajo ese aspecto marchó en una carroza, con las cortinillas de las ventanas bajadas, hasta Guadalajara, sin que al parecer su padre hubiera sido rescatado de la muerte.7 Por otra parte, como la joven iba disfrazada de hombre, no faltó quienes llegaran a creer que aquel “jovencito” fuera el mismísimo rey Fernando VII, resguardado por la guardia personal de Hidalgo. Aunque, cuando vieron que la carroza finalmente se detuvo en un convento de monjas de Guadalajara, a donde ingresó el enigmático personaje, llegaron a la conclusión de que no era el rey Fernando, sino una bella joven a la que, por lo mismo, se le apodó La Fernandita. 8 6 Sevilla, p. 256; Guzmán Nava, p. 213. Y la mina, según eso, estaba por los rumbos de Tecalitlán. 7 La carta completa se puede ver en mi libro “La participación de Colima en las luchas por la Independencia”, Colima, 2010, p. 134-135. 8 Guzmán Nava, p. 215 – 216. MÁS ALLÁ DE LOS CHISMES.- Muy al margen de todas estas hipotéticas cuestiones, algo que sí se puede asegurar es que el padre Hidalgo debió de haber llegado a Colima a principios de marzo de 1792, puesto que el 10 de ese mes y año es cuando aparece por primera vez su firma en el libro de bautismos de la parroquia de Colima, y que debe de haberse retirado de allí en los últimos de noviembre o en los primeros días de diciembre, puesto que la última firma que dejó estampada es del 26 de noviembre de ese mismo año. Lo cual nos da a entender que apenas estuvo aquí unos 8 meses, conviviendo, y eso también es cierto, con el sacristán mayor de la iglesia, quien no era otro más que el padre Francisco Ramírez de Oliva, intelectual, ex compañero suyo en el Colegio de San Nicolás, quien a la postre influyó grandemente entre los independentistas de Colima en 1810, según lo pudo constatar después el investigador Florentino Vázquez Lara. Barrio del templo de Nuestra Señora de la Salud, más o menos en la misma época en que el cura Hidalgo fue párroco de Colima. No hay, por otra parte, mucha certeza acerca de lo que haya hecho el padre Hidalgo mientras estuvo en Colima, salvo, quizá, su preocupación pastoral de bien casar a sus feligreses, por cuanto que – dice el profesor Sevilla -, en los libros parroquiales de El Beaterio no hay, en lo que toca por ejemplo al registro de los entierros, una sola firma en la que se compruebe una “intervención suya”, y sólo se ven dos en el libro de los bautizos, mientras que en “el texto de sus informaciones matrimoniales abarca tres grandes libros forrados en badana donde el curioso Cura-Rector estampó su bella firma por la friolera de más de 489 ocasiones”.9 Se cuentan otras cosas de las que supuestamente hizo el cura Hidalgo durante su fugaz interinato colimote, pero nada de ello ha podido probarse. Hay incluso quien haya creído que antes de irse de la Villa de Colima, El Zorro (como le decían desde sus años como estudiante) le haya cedido al Ayuntamiento una casa que supuestamente “compró… en el lugar que hoy ocupa el Teatro que lleva su nombre” para que se fundara una escuela en ella.10 Pero todo parece indicar que hubo una confusión al respecto y que la casa no era de él, sino de un párroco posterior, el padre “José Felipe de Islas, fallecido en 1814”, como consta en “el libro de Actas del Cabildo de Colima, correspondiente al año de 1830”, en donde dice que “las casas de morada” del referido padre Islas tampoco fueron donadas, sino que “se le remataron por deudas insolutas” a su albacea, Bachiller, don Ramón Castellanos.11 Otro detalle que quizás deba ser resaltado sobre la presencia de Hidalgo en Colima, es que tuvo muy buena amistad no sólo con los dos hermanos sacerdotes Ramón y Francisco Ramírez de Oliva, sino con el bachiller José Antonio Díaz, “quien de cuando en cuando bautizaba con licencia parroquial”12 en la jurisdicción eclesiástica del padre Hidalgo. Un individuo, por cierto, que daría mucho que hablar, pues encabezó en Colima a un considerable número de indios insurgentes. Y del que han dicho encontradas cosas: como la de que él fue compañero de Hidalgo “en el Colegio [de] San Nicolás en Valladolid”, donde no sólo fueron estudiantes ambos, sino catedráticos y vicerrectores también.13 O como la que nos da a entender que antes de ser ordenado sacerdote primero se casó, tuvo algunos hijos con su mujer y se ordenó años después de haber enviudado: “El clero colimense de esa época estaba formado por sacerdotes criollos y mestizos pobres; algunos de ellos tenían gran ascendiente en el sector más desamparado que formaban los indios, mestizos y pardos, como era el caso del padre José Antonio Díaz, originario de Sayula, viudo de María Alcaraz, cuyos hijos de ambos vivían en este lugar, y que en Colima estaba alojado en la casa de su sobrino Juan José Díaz”.14 Por otro lado, y como una simple información complementaria, quiero agregar que el primer Subdelegado del Partido de Colima, cuando ésta perteneció a la Intendencia de Valladolid, era: 9 Sevilla, Prosas, p. 227. 10 Galindo, Apuntes, p. 274 – 275; G. Nava, p. 213. 11 Sevilla, Prosas, en las notas, p. 257. 12 Sevilla, Prosas, 226. 13 Juan Carlos Reyes Garza, La Antigua Provincia de Colima, Siglos XVI al XVIII, Historia General de Colima, Tomo II, Gobierno del Estado y otros, Colima, 1995, p. 319. 14 Ricardo Guzmán Nava, Colima en la Historia de México, Tomo III, La Colonia, Gobierno del Estado, Colima, 1973, p. 209. “Un español de Santoña, [provincia de] Santander, radicado en América desde hacía más de dos décadas. En 1788, siendo corregidor del pueblo de Cuitzeo de la Laguna y de edad de 35 años, casó con una agraciada jovencita de sólo 13, llamada María Antonia Pérez Sudayre, originaria de Valladolid, Mich., y avecindada en Cuitzeo, donde su padre, D. Pedro Pérez Sudayre había sido también corregidor”[…] “Es probable que en los primeros años de su gobierno el Subdelegado Gamba [se haya trasladado solo a Colima…], pues en el censo levantado en agosto de 1791, las Casas Reales se hallaban habitadas por Gamba y sus criados, asentándose que doña Antonia [ya de 16 años, pero], aún sin hijos… residía en Valladolid”15 Menciono todo esto con algún detalle no porque don Luis de Gamba haya propiciado durante su estancia en el distrito de Colima un gobierno de grandes logros, sino porque su presencia allí, y la de su joven mujer, propiciaron, como ya se dijo, y seguramente sin que ellos lo desearan y, tal vez sin que fuera cierto, uno de los grandes chismes que han quedado insertos en la historia regional. No se sabe, a ciencia cierta, que parte del Camino Real de Colima refleja esta pintura de mediados del siglo XIX, pero muy bien sirve para darnos una idea de cómo era en la zona boscosa y en las barrancas. Versión corregida y aumentada por el autor el 14 de diciembre de 2020. En Villa de Álvarez, Colima.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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