Rogelio Guedea

AL VUELO

La honestidad política tiene que ver con llevar a cabo bien o mal el quehacer político, esto es tiene que ver con un asunto de moral. El político es moral cuando cumple bien su tarea o sus promesas, incluso cuando resuelve un conflicto anteponiendo el interés de la mayoría sobre la minoría, o de la justicia sobre las leyes, o de la verdad contra la demagogia. Un político es inmoral cuando, obviamente, hace lo contrario: piensa en su propio interés, resuelve a su conveniencia y promete sabiendo de antemano que no cumplirá. La honestidad política es, por eso, hoy por hoy una de las exigencias sociales mayores de este arte entre una clase política que pasa por una de las peores crisis de credibilidad y descrédito de su historia. Ninguna exigencia ciudadana tiene tanto peso y pesa en sí misma de tal modo como la de ser dirigida por políticos honestos, que cumplan con los principios morales mínimos y que sean congruentes entre lo que dicen y lo que hacen. “Hechos, no palabras…”, reza una sentencia popular. Entre más alejadas sus palabras estén de sus hechos, más aborrecidos son por la sociedad que representan y más tenderán a implementar prácticas despóticas para lograr su permanencia en el escenario político. Gramsci, el filósofo de la política, dijo que “no se puede juzgar, pues, al hombre político por el hecho de que sea más o menos honesto,  sino por el hecho de que mantenga o no sus compromisos (y en este mantenimiento de compromisos puede estar comprendido ‘el ser honesto’, es decir, que el ser honesto puede ser un factor político necesario y en general lo es, pero el juicio es político y no moral).” No hay político en la actualidad que, ante el descrédito de la política y la corrupción que la ha roído, no se presente como un político honesto, o que, de llegar al cargo buscado, prometa serlo, así que, como lo afirmó Gramsci, sí es posible juzgarlo desde esa perspectiva moral puesto que ella misma se ha constituido en la parte sustancial de este político de hacer política. En palabras simples: si promete ser honesto y no lo cumple, entonces válido es el linchamiento social.  Sólo los políticos de excepción (aquellos que se comprometen a ser honestos y lo cumplen) podrán sobrevivir a la nueva era de la sociedad civil, que parece, a este día, no exigir otra cosa más con tan denodado ahínco.

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@rogelioguedea

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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