ESTACIÓN SUFRAGIO por Adalberto Carvajal

Este domingo 21 de mayo, familiares y amigos del licenciado Jorge Humberto Silva Ochoa nos reunimos ante su tumba para rendirle homenaje en el tercer aniversario luctuoso de quien fuera rector de la Universidad de Colima durante diez años.

Silva Ochoa fue líder estudiantil y educador; impulsor, promotor y fundador de las grandes instituciones educativas de Colima; político y funcionario público destacado; periodista y empresario periodístico. Sus facetas son tan diversas hasta que uno las mira como expresiones de una misma preocupación vital: la transformación de Colima. Y eso quedó plasmado en su obra educativa.

Hijo de maestros rurales, fue un joven de profundas convicciones liberales y revolucionarias. Cuando se percató de la fuerte influencia que tenía el clero en el alumnado de los planteles, convocó a sus compañeros de la Escuela Normal, que entonces formaba parte de la Universidad Popular de Colima, a integrar en 1954 la Federación de Estudiantes Colimenses.

Fue presidente de la FEC y durante muchos años auténtico líder moral del movimiento estudiantil que, aun cuando se dividió por intrigas del gobierno y de las grupos políticos interesados en usar a los jóvenes como carne de cañón, a la postre se reunificó bajo la guía de Humberto Silva.

Muchos de los grandes amigos del licenciado Humberto participaron en facciones contrarias. Y todos esos cuadros que se formaron en la FEC, algunos de los cuales llegaron a destacar después en la política estatal, lo respetaban como el dirigente conciliador que siempre fue.

Para Silva Ochoa la lucha estudiantil tenía un noble propósito: ampliar la oferta educativa para una generación de hijos de campesinos y artesanos, de maestros y burócratas, que no tenían –como los descendientes de hacendados, comerciantes y profesionistas– la posibilidad de salir del estado para cursar una carrera universitaria.

Muchos de esos jovencísimos profesores (en ese entonces se pasaba de la Secundaria directo a la Normal), ya con la ayuda que les daba su sueldo como maestros de primaria cursaron el bachillerato y después se inscribieron en Derecho o Contabilidad.

Humberto Silva veía a las escuelas de Colima de los diferentes niveles como parte de un mismo aparato de formación ideológica, y a la educación como un mecanismo de movilidad social, no sólo como un sistema de instrucción pública para acabar con el analfabetismo y elevar el promedio de escolaridad.

Por eso es que su primera batalla institucional la ganó en el campo de la educación técnica, al conseguir traer a Colima el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) 80, de la que fue director muchos años.

La 80 fue el antecedente no sólo de las secundarias tipo técnico-industrial (ETI) y de los bachilleratos tecnológicos, industriales y de servicios (CBTIS) sino también del Instituto Tecnológico de Colima, que Silva Ochoa veía como la culminación de un proceso para atraer a la entidad una unidad académica inspirada en el modelo del Instituto Politécnico Nacional.

No se lo permitieron otra vez las intrigas de un gobierno que sentía obligación de frenar el desarrollo político de una clase estudiantil y magisterial comprometida con la superación académica, y porque finalmente ése que con el tiempo sería conocido como Grupo Universidad, encabezado por Humberto Silva, empezó a hacer sentir su fuerza en la máxima casa de estudios de la entidad.

La FEC había luchado por la autonomía universitaria, que consiguieron en 1963 (fue promulgada por el gobernador Arturo Velasco Curiel), y una década después (ya en el sexenio de Pablo Silva García) por la paridad en el Consejo Universitario, que también lograron después de una prolongada huelga.

En 1973, por primera vez la Universidad de Colima tuvo un rector electo por el máximo órgano de gobierno de la institución, Alberto Herrera Carrillo, quien a su vez nombró a Silva Ochoa secretario general de la UdeC.

Sin embargo, la incomprensión de un gobierno estatal que veía con celo a un grupo de jóvenes vinculados al presidente Echeverría –cuya política de masificación de las universidades empezaba por impulsar el surgimiento de nuevos liderazgos en las instituciones públicas–, produjo un enfrentamiento que duró buena parte del sexenio y dejó por lo menos un estudiante muerto.

El conflicto con la administración de Arturo Noriega no le impidió a Humberto Silva, como dínamo del rectorado de Herrera Carrillo, hacer crecer material y académicamente a la Universidad, consolidando los programas de carreras técnicas y licenciaturas ya existentes, y abriendo otras.

Con todo, el crecimiento explosivo de la UdeC vino cuando Silva Ochoa asumió la rectoría, primero como interino de Herrera Carrillo quien se separó del cargo por motivos de salud y falleció antes de concluir su segundo periodo, y luego durante dos cuatrienios, para los cuales fue reelecto con base en la nueva ley orgánica de la Universidad de Colima que el licenciado Humberto le presentó a la gobernadora Griselda Álvarez y ella, simplemente, firmó en reconocimiento a la pertinencia del documento.

Aunque como grupo los perseguía el desprestigio de algunos de sus integrantes, a quien las familias colimenses calificaban de porros, el rector Humberto Silva se ganó el reconocimiento de todos los sectores sociales por la manera en que la casa de estudios detonó:

Se abrieron decenas de licenciaturas; comenzó a ejercerse la función sustantiva de la investigación científica, con la consiguiente apertura de posgrados (maestría y doctorado); la Universidad asumió la rectoría cultural del estado con el surgimiento de grupos artísticos (como el Ballet Folclórico) o un intenso programa editorial; así como una estrategia de vinculación social que lo mismo estableció nexos con los empresarios que con los obreros o las comunidades rurales.

El rector Silva Ochoa consideraba que la Universidad debía alojar a las élites del pensamiento, la ciencia y la cultura colimenses. No sólo formar profesionistas que con sus conocimientos y habilidades contribuyeran al crecimiento económico, sino generar también modelos de desarrollo social aplicables en Colima.

Se percató de la necesidad que tenía el gobierno federal de apoyar el florecimiento de una gran universidad en la región occidental del país, y ambicionó que fuera la UdeC.

Durante esos años, la Universidad de Colima atrajo recursos humanos valiosos. Hoy, lamentablemente, sus propios egresados tienen que emigrar del estado debido a que los universitarios no encuentran las oportunidades de empleo y desarrollo profesional a la altura de sus expectativas y su preparación.

Años después de terminado su rectorado, como secretario de Planeación del gobierno de Silverio Cavazos el licenciado Humberto orquestó el surgimiento de una tercera institución de educación superior en el estado: la Universidad Tecnológica de Manzanillo.

Con un esquema de vinculación con los sectores productivos, la UTM es ya una realidad que ofrece varias de las carreras que demandaba la actividad operativa portuaria y logística, así como de servicios turísticos. Y que supuso para las demás instituciones educativas del estado una propuesta innovadora de profesional técnico asociado, adecuada para las necesidades de jóvenes que por motivos económicos necesitan incorporarse al mercado laboral antes de terminar la licenciatura.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna se puede leer también en: www.aacb2.com.

 

Adalberto Carvajal Berber

Analista Político

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