Vislumbres

Hace un año que yo tuve una ilusión…

A principios de 2015 todas las encuestas de carácter político electoral publicadas en Colima, indicaban que Federico Rangel Lozano era el prospecto priísta que despertaba mayor número de simpatías para la gubernatura. Un elemento contra el que, sin embargo, se esperaba una decisión centralista, por lo que no pocos de sus simpatizantes lo denominaban “El Candidato del Pueblo”.

Pero en esos mismos días se comenzó a decir que eran impostergables el “apagón analógico” y la implantación obligada de la “era digital” de la televisión. Y se le vio a Nacho iniciar, como subsecretario de Telecomunicaciones, el reparto nacional de varios cientos de miles de pantallas digitales (mediante un programa que costaba miles de millones también, y que lo ponía en la mira de la gente más pobre de todo el país, incluido Colima). Por lo que no faltó mucho para que los más agudos analistas locales interpretaran aquello como una señal de Los Pinos   sobre la persona de quien, no obstante ser un funcionario federal, se pasaba todos los fines de semana, “puentes” y días de fiesta (y uno que otro día laboral) grillando en Colima, y jugando a las carreritas.

Y, en efecto, al poquito tiempo, el feliz cónyuge de La Gaviota, le dijo a César Camacho Quiroz, su lacayo mayor en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI: “Vete a Colima, diles que será Nacho”. Y Nacho fue. Generando, en consecuencia, una gran conmoción en las filas tricolores colimotas que no tardaron, sin embargo, en apechugar por disciplina.

Un año después (en enero de 2016) ya estaban disputándose la gubernatura los candidatos del PAN y la coalición PRI-Partido Verde-Panal, en unas muy reñidas elecciones extraordinarias, en las que estuvo haciendo mosca el candidato del Movimiento Ciudadano.

Complementariamente, la bancada panista en el Congreso local integraba una “nueva mayoría” que muy pronto comenzó a dar señales de ineptitud, pero el tiempo ha puesto las cosas y a cada quien en su lugar: las ilusiones que gran parte de los electores tuvimos (y las que abrigaron la mayoría de los actores políticos de entonces), se han disipado como el vapor de las tardes: Perdió Jorge Luis la elección, pero regresó al Senado, donde sigue ganando muy bien; perdió Locho  lo poco que le quedaba de credibilidad, y celebró Nacho su triunfo en  las extraordinarias, aunque a los pocos días de haber tomado protesta perdió la brújula como gobernador y, al parecer sigue sin  encontrarla.

Los diputados panistas perdieron su mayoría y nosotros nuestra tranquilidad aunque el candidato tricolor se haya comprometido a garantizarla.

Tal vez por eso valga la pena recodar, sobre todo a quienes votaron por Nacho, algunos los versos de esa extraordinaria canción premonitoria a la que alude mi primer subtítulo de hoy, y que tristemente entonara el gran Antonio Aguilar: “Hace un año que yo tuve una ilusión / Hace un año que se cumple en éste día. / Recordando que en tus brazos me dormía. / Y yo inocente, muy confiado te entregué mi corazón. / Ese tiempo tan feliz no volverá. / Mi cariño lo pagaste con traiciones. / Me has dejado sólo crueles decepciones. / Pero anda ingrata, como pagas otro así te pagará…”

Cómplices.-

En su edición del jueves 5 pasado, el periódico La Jornada publicó una reseña de cierta reunión que tuvieron los legisladores priístas en la que según eso anunciaron que su bancada “cerrará filas en torno al presidente Enrique Peña Nieto”, y  que “la liberación del precio de la gasolina no variará, toda vez que la medida que dio pie al llamado gasolinazo, era inevitable”.

La noticia del “cierre de filas” fue expresada por uno de los más recordados y tenebrosos políticos de la vieja guardia: César Camacho Quiroz, quien en su papel de “coordinador de los diputados del PRI […] fijó la postura de su bancada a través de un pronunciamiento, en el que sostuvo que se gastan cerca de 200 mil millones de pesos al año para mantener un precio artificial de la gasolina, situación que de sostenerse un año más, habría requerido elevar impuestos, aumentar la deuda externa o la desaparición de programas sociales […] o eliminar las campañas de vacunación [y] no habría cómo sufragar la pensión para adultos mayores, el Seguro Popular, los apoyos económicos a productores agrícolas o tampoco habría recursos para construir carreteras, dar mantenimiento a caminos”.

Pero aparte de todas esas falaces exageraciones, dicen los reporteros que Camacho Quiroz “no aceptó preguntas”, y tampoco – esto lo resalto yo- dijo una sola palabra sobre idea de que todos los funcionarios públicos (electos o insertos en la gran burocracia) podrían, por solidaridad con el pueblo, bajar sus salarios a la mitad. ¡Eso nunca! ¿Verdad?

Acuerdo frente al desacuerdo.-

Muy en consonancia con lo anterior, este lunes 9 de enero, luego de una semana pletórica de mentadas por las redes sociales y de protestas públicas en contra del “gasolinazo”, el gobierno federal publicó un singular documento que de antemano sabemos va a quedar sin aterrizar en nuestra vida cotidiana. Se trata del “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar”, que me provoca una risa de nervios  difícil de parar porque trae como autor a la “Presidencia de la República”, y no obstante ello (en la página www.gob.mx/…/acuerdopara-el-fortalecimientoeconomico-y-la-proteccion-de-la-ec…) dice:

“El Gobierno de la República y las organizaciones empresariales, sindicales y de productores del campo, en el contexto de condiciones internacionales adversas e inciertas, y conscientes de la importancia de atender en un marco de diálogo y de respeto la problemática derivada del incremento internacional de los precios de los combustibles y de una compleja coyuntura internacional y nacional, coincidimos en la importancia de avanzar en todas aquellas medidas que contribuyan a la estabilidad económica y social del país, la inversión, el empleo, el ingreso y el bienestar de las familias mexicanas. [Por lo que] Después de un ejercicio de consenso hemos arribado a los siguientes acuerdos:

“Proteger la economía familiar; fomentar las inversiones y el empleo; preservar la estabilidad económica; preservar y fortalecer la cultura de la legalidad y el estado de derecho”. Mediante acciones que punto por punto el documento desglosa, anotando al final: “Los que hoy suscribimos este instrumento, refrendamos nuestra convicción de que nuestro país requiere que las y los mexicanos enfrentemos unidos los desafíos que le imponen las condiciones actuales”. Aunque, cosa rarísima, ¡NO APARECE NADIE FIRMANDO! Como lo podrá comprobar cualquier paisano que desee revisar la dirección electrónica que mencioné arriba.

Reminiscencias del Pacto de Solidaridad.-

Dicho documento, pues, me recuerda las circunstancias de finales de 1987, cuando ante la crisis derivada de la inflación galopante, se tramó la realización de un “Pacto Nacional de Solidaridad Económica” promovido por el presidente de origen colimote, y que viene a ser como el antecedente directo del “Acuerdo” de ayer. Recordando también aquellos álgidos momentos, MMH anotaría en su “Crónica de un sexenio”, lo siguiente:

“La caída de la Bolsa de Valores en octubre [de 1987] y la  devaluación del peso en noviembre [inmediato] tornaron muy difíciles las perspectivas económicas para 1988. El comportamiento psicológico [¿de la población o de los especuladores?, pregunta el articulista] caracterizado por expectativas muy volátiles se agudizó en las primeras semanas de diciembre.

El panorama económico y político había cambiado dramáticamente entre principios de octubre y principios de diciembre. De hecho, el trastocamiento ocurrió en una semana, cuando se desplomó la Bolsa de Valores. Después, sólo fue la profundización de ese ambiente, que se caracterizó porque las expectativas positivas se volvieron sumamente negativas (sic).

[…] Así, el 15 de diciembre por la tarde dimos a conocer el Pacto de Solidaridad Económica. Con él quedó conjurada la huelga general y, sobre todo, propusimos una fórmula para evitar que la inflación pusiera en peligro la armonía social y lo ya alcanzado en el proceso de renovación nacional.

El pacto fue suscrito por el gobierno, los trabajadores, los campesinos y los empresarios. Fue, en sí mismo, un gran logro. Baste pensar en las resistencias y fricciones sociales y políticas que el gobierno hubiera encontrado de actuar solo.

Para abatir la inflación en 1988, procurando reducirla con rapidez a partir del segundo semestre, el gobierno hizo varios compromisos. En primer término, se comprometió a fortalecer de manera sustancial las finanzas públicas, mediante una disminución significativa del gasto público programable […] Concretamente, en el terreno del gasto público se propuso que se enviarían modificaciones a los proyectos de Presupuestos de Egresos de la Federación […] a la Cámara de Diputados, para disminuir el gasto programable a 20.5% del PIB, en lugar del 22% inicialmente presupuestado”.

En ese día Carlos Salinas se encontraba de gira como candidato presidencial en Colima y se encabronó al darse cuenta que lo aprobado por su exjefe podría llevarlo a perder las elecciones, como de hecho aconteció… Pero en el “Acuerdo” publicado ayer, el gobierno sólo se compromete a “reducir en 10% la partida de sueldos y salarios de servidores públicos de mando superior de dependencias federales, sin que estas medidas afecten los programas sociales”. Pero no se comprometen a más. Y terminan exhortando “a los otros Poderes de la Federación, a los Organismos Autónomos, así como a los Gobiernos Locales, para que adopten medidas similares”. Reduciéndose a ello el magnificente acuerdo.

El presunto canciller.-

Está tan atarantado EPN que “no da una buena” y comete, en cambio, burrada tras burrada. De las que quizá la más grande de los últimos días fue la de atreverse a sacar del ostracismo a Luis Videgaray para reintegrarlo (ya con la barba crecida y aires de intelectual) al gabinete, pero convertido ya no en el feroz recaudador nacional, sino en el señor canciller, a sabiendas de que de diplomacia y relaciones internacionales no sabe nada de nada.

Al observar tamaño dislate uno se pregunta qué fue lo que llevó a EPN a tomar esa determinación. Y las reflexiones que realizamos al respecto nos llevan en dos direcciones: la primera, que el sentimiento de pena o tristeza que tuvo al verse forzado a pedirle a su amigo la renuncia como secretario de Hacienda (por la visita del candidato Trump a Los Pinos) dio como resultado que lo fuera a buscar a Videgaray para revivirlo. La segunda, que por haber finalmente ganado Trump la contienda presidencial de los E. U., era posible que viera con buenos ojos a Videgaray en el cuerpo diplomático.

Pero en cualquiera de los dos casos bastaba nombrar a Videgaray como embajador de México ante el gobierno de Trump. Sin embargo EPN lo nombró canciller. Y eso nos indica que como durante la famosa visita del candidato republicano la Secretaria Ruiz Masieu externó su inconformidad, se ganó la animadversión tanto de EPN como de Videragay, y fue por eso que aquél le entregó a éste la cabeza de la muchacha en una charola de plata. Todo ello sin que importara un miligramo la ignorancia supina que sobre esos temas reconoció tener el nuevo Secretario del Exterior: “Vengo a aprender” – dijo. A ver cuántas pifias comete mientras aprende.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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