TAREA POLÍTICA

¡A que José Ignacio tan sin embargo! Tiro por viaje. Ahora quiere a  los colimenses inermes a merced de quienes no necesitan permiso para portar desde rifles de asalto pa’ rriba. Y es que en la reciente ceremonia de destrucción de armas de fuego habida en las instalaciones de la XX Zona Militar en  ciudad de Colima  salió con que “el hecho de que no haya armas de fuego en los domicilios de las personas es un sinónimo de que vamos a disminuir la violencia y de que queremos construir un México en paz”, pues según él, “para que México esté en paz necesita ser un país desarmado”. Para lograr su propósito JIP se apresta ya a meterle mano al artículo 10 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Si aun sabiendo  que existe la posibilidad de que algunos colimenses tengan armas en sus hogares para “su seguridad y legítima defensa”, los delincuentes  entran a ellos como Juan a su casa, hay que imaginar lo que sucedería si la genial propuesta de José Ignacio de quitarle hasta las resorteras a la gente pacífica, de bien, prospera. Extraña que ni la prensa peraltista le haya dado vuelo al disparate declarativo de quien sólo pensó en congratularse con sus anfitriones que llevan diez años en las calles armados hasta los dientes sin poder contener hasta la fecha a la delincuencia cada día mejor organizada.

Como el buen juez por su casa empieza, de seguro que en Casa de Gobierno sus moradores ya no portan ni resorteras. Para redondear su peregrina idea, José Ignacio se quemó la mollera con la siguiente frase que les sonó a música celestial a sus atentos escuchas vestidos de verde olivo: “Las armas son para las fuerzas armadas, que son los que nos garantizan la seguridad de la soberanía nacional”, cuando es el pueblo quien lo hace, correspondiéndole tanta belleza declarativa el Comandante de la XX  Zona Militar, Francisco Ortiz Valadez, quien le atribuyó  a las armas destruidas  “una historia de violencia que lesiona y ofende a todos los mexicanos que de manera ejemplar aportan desde sus respectivas trincheras su mejor esfuerzo y voluntad para hacer un mejor país”, como si los fierros viejos destruidos hubieran sido disparados en su vida útil sólo por la temible delincuencia organizada.

Para José Ignacio “Las armas son para las fuerzas armadas, que son los que nos garantizan la seguridad de la soberanía nacional”, ¿y el pueblo, apá? , que no la seguridad interna del país, habría que precisar, pues la misma o superior capacidad de fuego la tienen los ejércitos al servicio de los grandes cárteles de la droga, por ejemplo, así como los delincuentes comunes y corrientes que traen a la inerme población con el Jesús en la boca. En lugar de erradicar las pocas armas que pueda haber en los pacíficos hogares de los colimenses, habría que capacitar a los jefes de familia en su manejo para luego entregárselas a todos  y  puedan defenderse con ellas, pues más que probado está que el gobierno no puede con el paquete. Y como Don Teolfilito.

Para que Colima recupere la paz y la seguridad perdidas, cada colimense debe tener por lo menos una chispeta cuata para espantar a los malandrines, pues el hecho de que estos sepan que no hay armas de fuego en los domicilios de las personas pacíficas, con un modo honesto de vivir, es una invitación a que entren a robar, violar y agredir  a sabiendas de sus moradores están inermes. ¿O no José Ignacio?

EL ACABO

  • Según las cifras de incidencia delictiva publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, los homicidios dolosos repuntaron en el estado el mes de julio anterior. En los siete meses que van de la gestión peraltista reporta 338 homicidios dolosos, “más del doble de los 167 ocurridos durante todo 2015”. ¡Y siguen bastos¡
  • Ya pasaron varios días desde que la Secretaria General del CEN del PRI, Carolina Monroy Del Mazo baladroneó que su pariente Enrique Peña tiene a su servicio a  un ejército de aliados leales tricolores que no permitirá ni un solo agravió en contra de su ilustrísima persona y las mentadas de madre del respetable no sólo continúan sino que se han incrementado. Si “cada ofensa tendrá respuesta”  como amenaza su dirigente nacional, ya estuvo que los priistas estarán tan ocupados defendiendo lo indefendible que no les quedará tiempo para otros menesteres.
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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