Vislumbres

Día de los Inocentes.-

Desde que se estableció la fecha en el Santoral Cristiano, el 28 de diciembre sirve para conmemorar a los niñitos que por orden de Herodes, Tetrarca de Galilea, fueron asesinados en Belén con motivo del nacimiento de un rey (“Mesías y Salvador”) cuyo alumbramiento había sido anunciado por los Profetas desde cuando menos siete siglos antes, y que coincidió, precisamente, con el nacimiento de Jesús, hijo de María y José.

Todos aquellos niños, menores de dos años, fueron salvajemente aniquilados por los esbirros del mencionado tetrarca, quien con el nacimiento de dicho niño rey veía amenazado su reino y la sucesión hereditaria que tenía prevista para sus hijos y sus nietos.

Tal muerte masiva, pues, fue retomada por los primitivos cristianos, para conmemorar a los “Santos Inocentes” y, a partir  de aquel triste evento, la palabra inocente fue generalmente aplicada a todo aquel individuo que se le hallaba “libre de culpa”, y así ha seguido considerándose hasta la fecha. Pero en nuestro país, donde hay gente muy proclive a las agudezas del doble sentido, esta palabra tuvo una pequeña variante que le terminó dando una connotación negativa: la de inocen-tón, menso, nango, tonto, despistado; que se contrapuso a “listo”, un individuo astuto, zorruno, audaz, oportunista, pero también carente de moralidad. Y, dentro de dicho contexto socio-cultural, los mexicanos empezaron a usar cada 28 de diciembre, para vacilar, trampear o embromar a cuantos pudieran, haciéndolos caer en el calificativo de mensos, con la carcajada resultante de la frase “inocente palomita te dejaste engañar”. Argucias que los “listos” festinan grandemente hasta nuestros días.

La inocentada de la gasolina.-

Hace cuatro años y pico, como muchísimos de nuestros paisanos estaban “hasta la madre” de “los gasolinazos de Calderón”, le creyeron a Enrique Peña Nieto, votaron por él y lo aplaudieron  cuando anunció y promovió su cacareada “reforma energética integral”; tras de la que, según se afirmaba, se iban a terminar los odiados “gasolinazos”, pero resulta que éstos continuaron mientras, según se aplicaba la reforma y todo entraba en una “nueva normalidad”.

Hace hoy un poco más de 23 meses, cuando EPN emitió su saludo de año nuevo con motivo del inicio de 2015, fue  muy enfático cuando prometió: “A partir de este momento ya no habrá gasolinazos… Gracias a la reforma hacendaria por primera vez en cinco años ya no habrá incrementos mensuales a los precios de la gasolina, el diesel y el gas LP…” Y sin embargo continuaron, hasta alcanzar por ejemplo la gasolina, en este diciembre que ya casi concluye, 15 pesos por litro.

Dentro del paquete que EPN nos vendió junto con la Reforma Energética, se decía que en 2017 terminaría el monopolio de PEMEX para producir, refinar, importar, distribuir y vender los imprescindibles combustibles, y que los particulares (grandes empresas) tendrían el derecho a participar en todas esas actividades, generando que como consecuencia de lo mismo, los precios de los combustibles se liberarían para quedar expuestos a “las fuerzas y cambios del mercado”. Dándonos a entender que en un futuro cercano podríamos conseguir gas, gasolina y diesel incluso más baratos que en los Estados Unidos y Europa, donde las grandes transnacionales compiten entre sí para bien del público consumidor, etc.

Hace dos días, sin embargo, los secretarios de Hacienda y Energía emitieron un anuncio oficial, diciendo que “a partir del 1 de enero la gasolina Magna, Premium y el diesel sufrirán incrementos en promedio de 14.2, 20.1 y 16.5% respectivamente, con respecto al precio máximo observado en diciembre de 2016”; pero, por otra parte, analistas ajenos al gobierno federal auguran que los precios de referencia aumentarán hasta un 22.5%.

“Pecar de inocentes”.-

Como una respuesta encorajinada a este anuncio, está circulando en las redes sociales una propuesta aparentemente sensata, para combatir la injusta decisión del gabinete peñanietista, que en esencia sugiere: “Los invito a paralizar 3 días la compra de gasolina, podemos llenar nuestros tanques durante esta semana 26-31 de diciembre y dejemos de cargar los primeros 3 días de Enero”. [Si logramos] hacer “una gran cadena con los amigos y familiares… Las estaciones de gasolina estarán saturadas y no habrá casi gasolina, unos por vender y otros por esconderla para darla esa misma más cara a partir de las 00:00 hrs del día 1ro de Enero de 2017″.

Esto, según quien propuso la idea, generará “una Revolución Pacífica sin disparar un solo tiro, frente a un gobierno mentiroso y traidor, la unión hace la fuerza somos más los ciudadanos que el gobierno!!!”. Y augura que, con dicha movilización  “les ganaremos la guerra [a EPN y sus amigos] en 72 hrs. Sin ningún ejército de por medio, sólo [con] un ejército de ciudadanos que en silencio haga eso, no consumir combustible tres días!!! Será un éxito si nos unimos!!!!” (sic).

Pero ¿será cierto y posible todo esto que ese autor anónimo propone? Realmente creo que no. Primero, porque no está dentro de la forma de ser de los mexicanos la de sumarse a propuestas como ésa; segundo, porque aun cuando fuese posible (que no lo es) llenar todos los tanques de gasolina de aquí al día 31, y ya no comprarla durante los tres días posteriores, será imposible no concurrir a las gasolineras después del día 4, cuando ya todo mundo tenga que estar de vuelta en sus casas, tanto para trabajar como para ir sus hijos a clases.

La idea de resistir al gobierno es buena, pero si ellos se pasan de listos nosotros no tenemos porqué pecar de inocentes y, por eso lo mejor que podríamos hacer es buscar otras opciones para combatir la idea, o para lograr, nosotros, un mayor ahorro. Comenzando, quizá, por intentar cambiar y normar nuestras propias vidas para disminuir gastos y consumos; incluyendo, en la medida que nos sea posible, la bicicleta como un verdadero vehículo de transporte, y terminando, tal vez también, con una franca oposición hacia las decisiones del régimen, que puede ir en muchos sentidos..

Fuerzas y empresas ajenas.-

Observando otros datos que vienen implícitos en la “flexibilización de los precios de la gasolina” y demás, resulta que según lo afirmó hace dos días Pablo González, presidente de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (Amegas): “En septiembre los empresarios nos dimos cuenta que empezaron a fallar las refinerías en el envío por poliducto a las terminales de almacenamiento”. Y cuando le preguntaron por qué sucedía todo eso, respondió que se había hecho una revisión de las instalaciones existentes en las refinerías mexicanas, llegándose a la conclusión de que, para proteger “la vida de las personas que trabajan en ellas”, era necesario reparar o desmantelar incluso “algunos equipos que estaban en malas condiciones […] lo que provocó que algunas refinerías pararan o trabajen al 20% de su funcionamiento normal”. Pero ¿por qué hasta septiembre de este año? ¿Es que acaso no se habían dado cuenta de todas esas fallas antes?

En 1989, cuando Carlos Salinas tenía decidido re-privatizar las tierras de los ejidos, lo primero que hizo fue declarar que los ejidatarios ya no eran sujetos de crédito. Ahora, cuando ya se tenía previsto liberar los precios de los combustibles de mayor consumo, el gobierno revisa las refinerías y ordena la reparación de las mismas dejando que ya no refinen el 80% de los barriles de petróleo crudo que ordinariamente refinaban. ¿Por qué? Pues para forzar artificialmente la privatización de las mismas, que tal parece es lo que va a seguir. Pudiendo prever desde ahora que las gasolineras quedaran en manos de gigantescas empresas ajenas incluso a nuestro país.

¿Legisladores Inocentes?

Si damos como bueno el dato de que la nuestra es una democracia representativa, y de que, como dijera Porfirio Muñoz Ledo en un memorable discurso de 1988, “el voto de los muchos (diputados y senadores) pesa más que la decisión del uno (el presidente de la república)”, entonces tendríamos que llegar a la conclusión de que el único modo (igualmente pacífico) de parar, impedir o dar marcha atrás a las decisiones gubernamentales que van en contra del pueblo y sus intereses, radica en que nuestros representantes populares verdaderamente funjan como si fueran tales y dejen de fingir que lo son.

En consecuencia con lo anterior, conmino, e invito a mis lectores a que hagan lo mismo, a Fernando Antero, Enrique Rojas, Eloísa Chavarría, Gretel Culin, Jorge Luis Preciado y demás legisladores federales por Colima, a que frente a los excesos que comete o pretende cometer el gobierno federal, no se hagan los inocentes y  cumplan con la principal función para la que fueron electos: la de velar por los intereses de los colimenses, en vez de responder a los intereses de sus partidos, o a los suyos propios. Y los demando a que nos den pruebas al respecto.

Párrafo final con moraleja incluida.-

Está claro que no podemos esperar que el gobierno peñanietista cambie a estas alturas de actitud y que, por lo tanto es vana la idea de que nuestra vida mejore como derivación de lo que él y su gabinete hagan o dejen de hacer.

La moraleja que con muestra esta singular situación es la de que si cada uno de nosotros quiere no nada más sobrevivir sino prosperar, deberemos esforzarnos más, trabajar un poco más, atenernos, pues, a lo que individual, familiar o grupalmente podamos hacer. No hay ninguna otra mejor opción. Y sólo así podremos aspirar a mayores logros en este 2017. Año para el que lo máximo que les deseo a nuestros lectores es que gocen de buena salud y tengan muchas ganas de trabajar, que lo demás, como dice La Biblia, nos será “dado por añadidura”.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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