TAREA POLÍTICA por José Luís Santana Ochoa

 

La madrugada del martes 27 de agosto de 2019 le tocó el turno de las agresiones a balazos que todos los días y a cualquier hora perpetra la violenta delincuencia organizada contra lo que se mueve, y lo que se queda quieto también, a las instalaciones centrales de la Fiscalía General del Estado (FGE) ubicadas en el Complejo de Seguridad y Justicia, sobre el Libramiento Ejército Mexicano. Afortunadamente los cuatro impactos de bala sólo fueron en los vidrios frontales del edificio y no sobre humanidad alguna.

Porque los autores del atentado “también son pueblo, seres humanos”, el Fiscal General del Estado y su gente deben apechugarlo , nada de usar la fuerza para garantizar sus derechos ni los de los colimenses. Lo políticamente correcto es responder con abrazos a los balazos de los malosos, apapacharlos, para estar a tono con el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador que cree ciegamente que “la violencia no se combate con más violencia” sino con amor, mucho amor.

Gabriel Verduzco Rodríguez debe darle gracias a Dios de que a él y a sus ministeriales, los delincuentes que “también son pueblo, seres humanos”, no los han desarmado ,agredido y humillado como todos los días lo hacen con marinos y soldados,  sabedores de que estos no los pueden tocar ni de palabra ni de obra porque lo tienen expresamente prohibido por sus altos mandos leales hasta la ignominia al presidente pero nada solidarios con sus tropas víctimas cotidianas de la impunidad que impera en el país.

A pesar de que a López Obrador  le acaban de matar a un coronel del Ejército y tundido en Los Reyes, Michoacán,  con palas, garrotes y piedras, a soldados cuyo jefe máximo es él, sigue honrado su palabra empeñada de que nunca jamás  utilizará las Fuerzas Armadas o a la policía para reprimir a nadie, por lo que al Fiscal General de Colima no le queda de otra que “dialogar con los agresores”. Para el columnista Carlos Ramírez, “las Fuerzas Armadas han perdido imagen en sus apoyos a la seguridad pública. Pero el asunto se complica cuando son utilizadas como parapeto de intimidación sin poder usar su capacidad de fuego de respuesta. Y se agrava cuando las coordinaciones de seguridad no han podido articular una estrategia coherente para negociar la paz. En este escenario, el país quedó en el peor de los mundos; un aparato de seguridad reformado y más profesional, pero sin órdenes de participación a la espera de la rendición de los delincuentes”.

Primero balearon el vehículo en el que se trasladaba la alcaldesa morena de Manzanillo Griselda Martínez, ahora agarraron de blanco al edificio cuya oficina principal ocupa el Fiscal General del Estado, Gabriel Verduzco Rodríguez. En ambos casos el gobernador Peralta ha estado muy lejos de la postura de su vecino Silvano Aureoles Conejo para quien  “la ruta por la que vamos es de alto riesgo. Lo que hay en México son grupos delincuenciales que gozan de impunidad y de apapacho del Gobierno. Ese es un problema grave. Casi a diario hay una agresión en contra del Ejército o de la Marina porque no se puede tocar a los delincuentes que los someten a maltrato y humillación ni con el pétalo de una rosa. En la medida que esa impunidad se siga permitiendo, estamos ante un gran riesgo”.

La Fiscalía General del Estado atribuye el violento ataque a la labor que realiza en el combate a la delincuencia, y advierte que “no se bajará la guardia y se seguirá trabajando como hasta ahora en la investigación y esclarecimiento de los delitos”, pero  ir tras la pista de  los autores de los disparos que “también son pueblo, seres humanos”, será tiempo y recursos perdidos. Ojalá lo entienda y siga centrada como hasta ahora lo ha hecho en la investigaciones y en la integración de los expedientes para llevar ante la justicia al mayor número posible de quienes han atentado contra la vida, la salud y los bienes de los colimenses, así los delincuentes sean parte del mismo pueblo bueno.

EL ACABO

  • “El Ejército Mexicano, último bastión de dignidad de los mexicanos, ha sido ultrajado. Me siento consternado”: Pedro Figueroa Fuentes.
  • Los delincuentes que “también son pueblo, seres humanos” no respetan ni al Ejército ni la Marina ni a la Guardia Nacional, cuantimenos a las corporaciones policíacas. ¿O sí? ¡Pobre México, pobre Colima¡
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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