Por Omar Alan Martínez Oseguera.

     La respuesta a este reto no reside en la creación de más leyes, castigos o sistemas de control; se encuentra en el  hecho de inspirar a las personas a que se cuestionen y comiencen a generar un cambio de paradigma personal; el cual que inicie un dinamismo comunitario; ya que la realidad se lee y vive desde el marco donde se le coloca.

    De tal manera que si consideramos el gran valor que tiene el encuadre donde hacemos lectura de la realidad, se comprende que uno de los principales problemas que tiene la convivencia pacífica; es que en Latinoamérica solemos hacerlo desde una interpretación global-europea; pero es de vital importancia emanciparnos para que desde una visión propia podamos conseguir auténticos resultados, es ahí donde nuestra verdad surgirá y será justificada desde la fuerza de nuestro propio consenso que deberá considerar las formas, el fondo y el contenido (Dussel, 2011).

    Partiendo desde nuestra propia realidad, la paz comenzará a desarrollarse en las relaciones donde el contacto del uno con el otro se busquen desde la extrañeza que el otro representa y no desde la proyección de lo que el yo necesita que otro sea. Por lo tanto la convivencia es de cierto modo a económica; puesto que supone entrega, en parte se va en contra de uno mismo; ya que no se pretende solo ganar sino nutrirse mutuamente. Pensando en Adorno, al tener el poder que nos otorga el encuentro con otro al mostrarnos su debilidad; no lo ejercemos y nos retiramos para que el otro sea, sin negarnos la necesidad por sobrevivir. Por eso requerimos plantear la diferencia entre enemigo personal y público; ya que  de ello depende la interpretación  del bien y el mal, dado que la diferencia está en que estemos convencidos que nosotros somos los buenos según Nietzsche (Dussel, 1998).

    Dentro de la complejidad de este reto, surge un concepto contundente; “El hombre es un ser para la muerte” (Heidegger); como una de las pocas seguridades que tiene el hombre, la muerte es un poderoso elemento unificador, se trata del común destino de todos a la no existencia; donde la incertidumbre es la marca de nuestra condición como humanos. Si este es el fin del camino, se merece el mejor final; disfrutado, preparado y estructurado desde el dinamismo de la posibilidad abierta de la vida. Porque vivir es buscar y el sentido de la existencia es siempre una duda llena de posibilidades abiertas. Por lo tanto, “no hay peor muerte que la muerte expropiada; que es el acto de negación más terrorífico del hombre contra el hombre” (Darío Sztajnszrajber).

     No puede haber vida plena sin muerte, pero la muerte expropiada como acto de negación radical del ser imposibilita de forma textual o figurada la existencia de la convivencia; ya que es exclusión como descarte del otro, el cual corre el riesgo de perder su categoría de persona para justificar dicha negación.

    Por dicho riesgo o realidad,  los retos de la convivencia pacífica hoy en día, solemos pensarlos desde las consecuencias de la ausencia de la paz o las aparentes causas que provocan su inexistencia; sin embargo aunque ambas cosas son importantes, considero que se debe trascender hacia la revaloración del concepto de alteridad como el impulso del hombre por  entenderse  a sí mismo, la apertura a la aceptación del otro para convertirnos en un nosotros; en la dignificación, respeto, liberación y el encuentro con los demás (privados, 2012).

    De este modo la búsqueda por alcanzar un auténtico estado de paz, trasciende la circunstancialidad y se centra en los protagonistas de la convivencia; las personas, las cuales no pueden convivir si no se relacionan desde su identidad individual y comunitaria, considerando la complejidad de la ética; como un modo de ser y estar; por lo cual  es esencial enfatizar la reflexión, la conciencia y la construcción de la opinión personal como cimientos de las interrelaciones personales.

    Al considerar todo lo anterior, se puede contemplar la necesidad de que el poder se adecue a la demanda de las nuevas condiciones dadas para generar la justicia que propicie la comunión entre los individuos y se interese por la promoción social con la colaboración de la población; es por ello que se dice que la paz exige la conversión de las personas, desde la búsqueda por la dignificación del hombre como de su entorno; puesto que el decir nosotros nos obliga aprender a decir tú; todo esto se trata al final de un encuentro cara a cara con el otro según Martin Buber. El otro,  jamás considerado como un medio sino como un fin en sí mismo según Kant (Vigil, 1996).

    Partiendo de la relación entre el yo y el tú como aquello que le da sentido a la comunidad, se logra reconocer que “La verdadera comunidad nace de que todos estén unidos, los unos a los otros por los lazos de una viviente reciprocidad. La comunidad es expresión de la totalidad del hombre de voluntad representativa, naturalmente unitaria y capaz de establecer vínculos” (Vigil, 1996).

    Finalmente tras todas estas consideraciones, he colocado al centro de esta reflexión al concepto de alteridad; entendida como el reconocimiento auténtico del otro, por el entendimiento mutuo; fruto del contacto, la interacción, el dialogo y el encuentro; el cual genera una autentica preocupación e interés por su promoción; a fin  alcanzar un estado de mutua plenificación. Porque una convivencia pacífica no es posible sin la relación entre las personas, no basta la coexistencia y la hipermodernidad que cosifica y vuelve objeto de consumo incluso a los hombres, ya no puede sostenerse desde los paliativos que ofrece; nos es imperativo volver el rostro al otro, antes de perdernos a nosotros mismos. El mayor reto al que nos enfrentamos es el hecho de recuperar nuestra humanidad (Dussel, 1999).

Referencias:

Dussel, E. (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. España: Trotta.

Dussel, E. (1999). De la fraternidad a la solidaridad (Hacia una política de la liberación). España: Pasos.

Dussel, E. (2011). Filosofía de la liberación. México: F.C.E.

Sindicato argentino de docentes privados. (2012). Enrique Dussel: “El individuo siempre ha sido comunidad”. Obtenido de Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=xxWNOSIjfUA

Vigil, C. (1996). Martín Buber. Revista de filosofía, 12-15.

Vigil, C. (1996). Martín Buber. Revista de Filosofía, 27-35.

OMAR ALAN MARTÌNEZ OSEGUERA.
  • MAESTRO EN ALTA DIRECCIÓN, FILÓSOFO Y COLABORADOR EDITORIAL.
  • APASIONADO POR LA APLICACIÓN DE LA FILOSOFÍA EN TEMAS DE ACTUALIDAD.

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