Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

Lo de más habría sido que el presidente Andrés Manuel López Obrador anunciara que a los diputados morenistas de la actual legislatura (Vladimir Parra, Guillermo Toscano, etcétera) los echaría a patadas de su Movimiento por no haber cumplido con las máximas del mismo: “no mentir, no robar y no traicionar”. A la sociedad entera le habría gustado ver a los diputados morenistas desenmascarados frente a todos y reconociendo frente al presidente de la República que son unos mentirosos y unos traicioneros con la sociedad colimense, sobre todo con aquellos que los votaron.  También habría sido muy bueno de parte del Presidente, si realmente conociera la realidad de los “morenistas” en Colima, que dijera públicamente que estos diputados morenistas mencionados y otros morenistas más son más priistas que los priistas y que, por esa razón, responden a los mandatos de la élite priista local (siendo sus arlequines), con lo cual no sólo con ello han traicionado a la sociedad colimense sino al propio partido que los sostiene, cosa que indignaría seguramente sobremanera al presidente. Buenísimo habría sido que nuestro presidente López Obrador hubiera hecho subir al estrado a los diputados morenistas referidos en retrolíneas (Vladimir Parra, Guillermo Toscano, etcétera) para que, señalándolos con el dedo, le indicara a la sociedad colimense que los mirara bien, que grabara la sociedad bien sus rostros para que de aparecer de nuevo en las boletas electorales no votaran por ellos, por mentirosos y traicioneros. Una cosa linda habría sido que nuestro presidente les hubiera dicho a todos los congregados en la Unidad Morelos que esos diez mil pesos que supuestamente da el diputado Vladimir Parra cada mes a las diferentes instituciones o asociaciones son un puro embuste, una doradera de píldora, porque lo verdaderamente justo habría sido que cumpliera su promesa de bajarse el sueldo, cosa que ninguno de los legisladores morenistas ha hecho, y vaya que hay constancia de ello. Otra cosa igualmente linda habría sido que el presidente les hubiera hecho saber a todos que está muy enojado con las triquiñuelas que ha hecho el diputado Guillermo Toscano con las partidas de salud que ha utilizado para crear clientelas, no para ayudar realmente a la población. Que a eso se le llama corrupción y que eso, por tanto, viola los principios de honestidad  que sostienen la autoridad moral de nuestro presidente. En fin, habría sido hermoso, apoteósico, que el presidente López Obrador hubiera evidenciado a los pillos morenistas que tenemos que padecer los colimenses día a día, sin que él –por lo visto- se dé cuenta de ello. Por eso les digo que lo de la Caseta de Cuyutlán es lo de menos, un placebo más para una entidad que contó nueve crímenes sólo el fin de semana pasado. Aun cuando lo de la caseta de Cuyutlán fue la nota más importante que dejó el paso del presidente López Obrador por Colima, la cual –dicho sea de paso- produjo un lamentable desgarramiento de vestiduras-, todos sabemos que eso es lo de menos. Lo de más, ya lo dije, es que muchos morenistas de Colima resultaron peor que lo que tanto criticaron (corrupción, mentira, etcétera) y en esta su última visita no hubo nada que nuestro presidente hiciera para remediarlo.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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